Sociedad • Crónica de un encuentro

Educación sexual donde el Estado no llega

En villas y barrios populares, las organizaciones sociales trabajan día a día en cubrir el espacio vacante. Amancay, la nueva escuela multiplicadora de educación sexual del movimiento Barrios de Pie, ofrece una alternativa a esos jóvenes.

M. Hernández, I. Landini, L. Olub, A. Franchini y A. Yankelevich // Miércoles 19 de diciembre de 2018 | 11:06

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Ni el frío ni la lluvia paró a los chicos y chicas que se acercaron a la Villa 31 para aprender sobre sexualidad. 

Transcurría el sábado, la lluvia no daba tregua y el frío molestaba. Alrededor de las dos de la tarde, la terminal de Retiro se convirtió en el punto de encuentro pactado. Los convocados por Barrios de Pie comenzaron a llegar para participar del segundo taller que dictaría la aún reciente escuela Amancay. De un momento a otro, Rafael, el coordinador de la agrupación dio la orden de adentrarse en el barrio.

 

Los famosos carritos de comida colmaban el camino. La niebla se mezclaba con el humo que emanaban. Una larga caminata con destino el merendero del barrio. Allí aguardaban tortas fritas y mate cocido para todos para mitigar el castigo del clima.

 

“Vine acá para aprender”

Apenas se adentraron en el merendero, todos fueron bien recibidos. Se dispusieron a agarrar sus tazas y a esperar con ansias la merienda prometida. Se creó un clima muy ameno, de jóvenes y adolescentes compartiendo un mate cocido caliente. Fue cuando Claudia, la psicopedagoga a cargo del taller sobre educación sexual, convocó a todos con su voz a prestar atención cuidadosamente. De esa forma se daba comienzo al segundo encuentro de la escuela, ya con nombre propio: Amancay. Todos se acomodaron como podían. Algunos en sillas y bancos, muchos otros parados. Pero ninguno dejaba de prestar atención.

 

 

Ante los ojos expectantes de todos se levantaron dos compañeras, ambas vecinas de la Villa 20 de Lugano. En sus manos tenían dos afiches de colores, arrugados y mojados por la lluvia. Los habían intervenido con un fibrón negro de forma improvisada antes de tomar la conducción de la charla. Claudia les cedió la palabra, y ellas, con un poco de vergüenza, comenzaron a desplegar el primer afiche. El dibujo era del sistema reproductor masculino. De a poco comenzaron a nombrar cada una de las partes, mientras con un marcador las rodeaban con un círculo. El resto permanecía callado. Las chicas invitaban a participar, casi como una súplica. Solo se escuchaban risotadas de algunos a los que el tema les parecía gracioso. Claudia intervino, y los susurros cesaron. Las chicas siguieron con su charla casi de memoria. El silencio era ya abismal.

 

Christian, vecino de Lugano, levantó la mano para resolver una duda que parecía incomodarlo. Sus compañeros no lo perdonaron y comenzaron a reírse a viva voz. “¿Y qué? Yo vine acá para aprender”, exclamó, dejando atónitos a los risueños. Desplegaron el segundo afiche, que contenía el sistema reproductor femenino. En ese preciso momento, cambió el rumbo de la charla. Todos estaban más atentos. Tal vez debido a que la mayoría de las participantes eran mujeres. Y a los pocos varones presentes parecía interesarles más. 

 

La explicación propiamente biológica se hizo de manera rápida. Luego comenzó el debate. No tardaron en surgir temas que despertaban más y más dudas. El más repetido: métodos anticonceptivos. De a poco todos se animaban a participar. Las mujeres tomaban la delantera y los varones solo asentían con la cabeza. Cada cual hablaba desde su experiencia personal y muy pocos manejaban algún concepto certero.

 

El grupo estaba compuesto por jóvenes de 18 a 26 años, y más de la mitad de las mujeres eran madres. En casi todos los casos, embarazos no deseados. Muchas seguían con dudas luego de su primer o segundo hijo. Al hablar, la preocupación asomaba en sus caras. El clima tomó un aura de seriedad y las risas ya habían quedado atrás. Todos comenzaron a participar, aunque fuera para afirmar los dichos de otro. Fue tanta la participación que el barullo se volvió ensordecedor.

  

¿Por qué la ESI?

En medio de la jornada surgió el debate que tanto se replica en todos lados. Educación sexual integral en las escuelas ¿Sí o no? Los que más sabían del tema, trataron de explicar de forma sintética cuál es el objetivo de la Ley de Educación Sexual Integral y varios parecían ya saberlo. Se comenzó hablando del rol en los jardines de infantes. Varias de las chicas parecían preocupadas por esto, ya que sus hijos se encontraban entre los 1 y 5 años. En ese momento, una de las jóvenes pidió contar una anécdota, que había escuchado por medio de una amiga.

 

“A la hija de mi amiga, un compañerito la tocaba en el jardín. No había dicho nada pero gracias a las clases de ESI ella pudo contarlo y se solucionó el problema a tiempo”, reveló. Todos quedaron muy sorprendidos con su relato. Y al mismo tiempo todos coincidieron en un mismo pensamiento: la educación sexual integral es necesaria, y no se puede esperar más.

 

Claudia tomó la delantera nuevamente, casi a modo de cierre. Agradeció a todos por estar ahí y se dispuso a decir unas palabras. La idea es que este taller sea un espacio de contención entre todos. Si hay un problema, acá siempre va a haber un oído para el que lo necesite”dijo. Todos escuchaban, con la cabeza gacha, pero agradeciendo en silencio la propuesta. El encuentro había llegado a su fin, y todos se iban a sus casas con un nuevo aprendizaje.

 

 

 

Un espacio de contención

Claudia es colombiana y licenciada en psicopedagogía. “No soy experta en educación sexual, pero siento que puedo ayudar desde mi lugar”, contó. Barrios de Pie la contactó para llevar la conducción de Amancay. Hoy la escuela tiene identidad propia y planea seguir con sus talleres por mucho tiempo más, con las villas y los barrios vulnerables como principal escenario, ya que ahí es donde la educación sexual nunca llega, y se hace notar.

 

Rafael, de Barrios de Pie comentó que la propuesta de los talleres de ESI surgió de las mismas chicas del barrio:ellas sintieron la necesidad y nos la comunicaron a nosotros. Ahí fue cuando contactamos a Claudia”. Ella por su parte aseguró que aceptó la propuesta sin dudarlo, ya que hace tiempo viene trabajando en el tema.

 

Ni la lluvia, ni el frío, ni el día gris detuvieron a todos aquellos que iban con una iniciativa certera. Terminado el taller, los chicos persiguieron a Claudia con más y más preguntas hasta salir de la villa. El objetivo estaba cumplido. Frente a la desinformación que acecha a toda una generación de jóvenes que buscan vencerla por sí mismos, todavía hay esperanzas en quienes les proveen de un lugar de contención.

 

 

 

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