Sociedad • Dos posturas antagónicas

Trabajo sexual: ¿regular o abolir?

En Argentina existe otra grieta y gira en torno a si la prostitución debe ser considerada o no un trabajo, y qué rol debe jugar el Estado respecto de la actividad. INFORME ESPECIAL.

Laura Dalto // Jueves 06 de diciembre de 2018 | 13:27

Resaltar resumen
      
Enviar a un compañero/a
   
Imprimir
nota
   
Agrandar
Texto
   
Reducir
Texto
En las movilizaciones feministas y dentro del movimiento conviven, no sin tensiones, las posiciones abolicionistas y regulacionistas. (Foto: L Dalto)

"Nuestra postura como regulacionistas es que la prostitución es un trabajo sexual. Muchos consideran nuestro trabajo como trata de personas pero nunca fuimos tratadas. Nosotros luchamos para visibilizar y hacer entender que el trabajo sexual no es trata", dice Laura Meza de 51 años, prostituta y delegada del barrio de Flores de la Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina (AMMAR).

  

La discusión en torno a despenalización, regulación y el rol que debe cumplir el Estado en cuanto a la prostitución cada día se intensifica más entre quienes se consideran "regulacionistas" o "abolicionistas""El abolicionismo es un sistema legal con perspectiva de derechos humanos y feminista que, entre otras cosas, sostiene que la prostitución individual no es un delito y que la mayoría de las personas en prostitución, ya sean tanto víctimas del sistema de explotación sexual o estén de forma independientes, sin proxeneta, pero en situación de vulnerabilidad social, no están cometiendo ningún delito", explica Andrea Benitez, abolicionista de Grupo Maleza, un grupo de diversidad sexual abolicionista.

 

"Nosotras luchamos contra la violencia institucional y social. No tenemos jubilación, no tenemos obra social para nuestros hijos. Nuestra lucha es para que el día de mañana nuestras compañeras tengan su jubilación, que sus hijos puedan tener obra social y sobre todo para que nos consideren trabajadoras, como nosotras nos consideramos trabajadoras, con todo derecho", expresa Meza.

 

Sin embargo, una de las críticas más fuertes que se le hace al regulacionismo -que propone que el Estado "regule" la prostitución despenalizando todos los eslabones que conforman el sistema prostituyente- es que el trabajo sexual no puede considerarse un trabajo, debido a que muchas personas, en su mayoría mujeres, ingresan a la prostitución mediante la trata o porque la vulnerabilidad social en la que se encontraban no les dejó otra alternativa. "La propia naturaleza de la prostitución no lo admite como un trabajo, lo puede admitir como una libertad individual de última pero no como un trabajo ya que los trabajos se regulan porque cumplen una función social", dice Benitez.

 

Desde el regulacionismo se milita por el derecho a poder decidir sobre el cuerpo propio: "'Mi cuerpo es mío y yo decido' era el lema de AMMAR antes", cuenta Maza y agrega que el abolicionismo "está haciendo una cacería con las trabajadoras sexuales".

 

Ante esta acusación, Benítez afirma que "una de las patas fundamentales del abolicionismo jurídico y feminista es la lucha antirepresiva, la derogación de toda norma, de todo código de faltas, de todo edicto policial, de cualquier norma que persiga a las personas en prostitución", por lo que en realidad el abolicionismo no busca criminalizar el ejercicio individual de la prostitución, sino que considera que lo que es delito es cuando hay un tercero que saca rédito de la prostitución de otra persona".

 

Tanto las trabajadoras sexuales como las militantes abolicionistas continuamente expresan su repudio hacia la forma en que la policía las persigue. "Hoy todavía seguimos con las persecuciones policiales. Todavía ni salió el Código Contraconvencional de Larreta (jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires) y ya están deteniendo a compañeros. Y si a mí me sacan mi puesto de trabajo no puedo pagar mi alquiler, no puedo mandarle plata a mi nieta, pagar la tarjeta y el celular", detalla Meza.

 

Por su parte, Benitez señala que "las sobrevivientes de la prostitución han logrado recientemente derogar el artículo 68 del Código Contravencional de la provincia de Buenos Aires en el que la prostitución figura como falta y por el que podían llevarte al calabozo por pararte en una esquina, por prostituirte, y cobrarte multas".

 

La corriente abolicionista, además, propone la implementación de políticas públicas efectivas para que las personas que quieran salir de la prostitución puedan hacerlo. "Sabemos que la mayoría de las compañeras en prostitución están en extrema situación de vulnerabilidad social, atravesadas por la pobreza, por la falta de acceso a la salud, a la educación, a la vivienda. El abolicionismo propone políticas públicas de restitución de derechos", detalla Benitez y agrega que "no necesariamente la regulación como trabajo por parte del Estado es la que trae las soluciones, porque además deja en la ilegalidad a todas aquellas que no se quieren inscribir como trabajadores sexuales".

 

En cuanto a las medidas propuestas por el regulacionismo que, según Meza, busca "que algún día el trabajo sexual sea considerado un trabajo", se han presentado proyectos de ley que buscan garantizar el libre ejercicio de la actividad en el territorio nacional y separar una actividad lícita de un delito como la trata de personas. Sin embargo, muchos de ellos exigían controles sobre los cuerpos de las mujeres, libretas sanitarias obligatorias, violación de la confidencialidad del test del VIH e incluso inscribirse en la AFIP como cooperativas o monotributistas.

 

"Los proyectos del sindicato de AMMAR exigían controles muy graves para las mujeres y además una serie de cosas por las que la que quiere no estar registrada en la AFIP puede rápidamente pasar a ser perseguida por la policía, cuando hoy el sistema vigente no persigue la prostitución individual desde el Código Penal", puntualiza Benitez.

 

 

 

Enviando...
Comentarios
No se encontraron comentarios.

Facebook

Twitter