Sociedad • Economía de género

Tareas feminizadas y sin derechos

El trabajo doméstico no remunerado afecta a las trabajadoras dentro y fuera de sus hogares, y profundiza las brechas de género. Comprende actividades como la limpieza, la cocina y el cuidado de los niños y adultos mayores dentro del propio hogar, y condiciona a las mujeres a la hora de buscar trabajo y disfrutar del ocio. 

Sol Aldana Gola @aldigola // Jueves 13 de diciembre de 2018 | 09:58

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En 2017 el 31% de las mujeres inactivas en términos económicos estaban a cargo de tareas del hogar y cuidado de personas. (Foto: Mural de la artista Ailén Possamay en San Telmo)

Según la Encuesta sobre Trabajo No Remunerado y Uso del Tiempo realizada en 2013 por el Instituto de Estadísticas y Censo (INDEC), la tasa de participación nacional urbano de los varones en el trabajo doméstico no remunerado es de 57,9% contra el 88.9% de las mujeres con un tiempo promedio de horas dedicado a estas actividades de entre 3,4 y 6,4 horas respectivamente. Es decir, que las mujeres tienen mayor participación, con un 88% más de tiempo dedicado. En cuanto a la dedicación generacional, en los grupos de 18 a 29 años, las mujeres participan en un 64% más que los varones, con +52% en el segmento de 30 a 59 años y un +46% en el de 60 años y más. Por ende, la mayor brecha ocupacional entre los dos géneros se da en el rango joven.

 

Si bien, de acuerdo a un informe del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social, el porcentaje de mujeres en el mercado laboral creció del 36,8% en 1990 al 48,1% en el primer trimestre de 2017, no sucedió lo mismo con los hombres en el hogar. “Yo creo que tiene que ver con políticas públicas que quedaron basadas en un formato viejo, en el cual la mujer cuida y el varón trabaja, y también con el supuesto de que todas las familias son heterosexuales y en pareja. A la vez, no hay servicios de primera infancia que cubran las necesidades, entonces se queda en la casa el que menos gana, que en Argentina y el mundo son ellas”, opina la economista feminista y docente Lucía Cirmi Obón.

 

El trabajo doméstico es fundamental para la economía porque es un trabajo humano básico y permite que las personas puedan vivir y acceder a un empleo. Hasta hoy solamente es remunerado cuando se realiza fuera de la casa y en ambos casos, es realizado en gran parte por mujeres (agrupa el 17,3% de las ocupadas, la mayoría son madres y el 28,6% son pobres según datos del 2018 del Ministerio de Trabajo). “Hay una naturalización de que el trabajo que se hace en los hogares es una responsabilidad natural femenina, que ellas tiene una intuición para cuidar y limpiar y en base a eso se armó un sistema económico que no lo contabiliza y cuando lo hace, lo remunera por debajo de lo que vale”, afirma Cirmi Obón

 

 

El hecho de que estas tareas no sean remuneradas afecta a las trabajadoras que se desempeñan dentro y fuera de sus hogares. En el caso de las primeras, no son reconocidas por el Estado y a las segundas se les suma una doble jornada laboral. Esto último condiciona su compromiso, determina su elección hacia una ocupación de tiempo parcial, genera descuentos en su salario o afecta el hecho de ser consideradas para un posible ascenso. “Impacta en el desarrollo profesional y eso se ve en las estadísticas de Argentina. A pesar de que siempre hay una brecha en la participación laboral entre ambos géneros, después de la etapa fértil se acentúa y las mujeres vuelven con un ingreso más bajo”, sostiene la economista.

 

La división desigual del trabajo no sólo ocurre dentro de las familias estereotipadas, sino también en las “familias diversas” como en el caso de las LGBTI. Según la investigación de Cirmi Obón, las licencias y políticas públicas son las que producen desbalance porque dentro de ese grupo hay menos patrones en cuánto a quién debería cuidar. A medida que pasa el tiempo, son más flexibles que las familias heterosexuales donde se ve por ejemplo que cuantos más hijos tienen, peor es la distribución del cuidado y hay una especialización de la mujer en cuidar y del varón en trabajar afuera”.

 

En la actualidad, hay un proyecto del Gobierno de la Ciudad  para extender la licencia de paternidad de 10 a 15 días de corridos, más la contemplación de una nueva concesión de 30 días y aunque es un avance, para Cirmi Obón: “es un modelo donde la mujer es la principal responsable y el varón un colaborador y no termina de romper con la discriminación”.

 

Por otro lado, en cuanto a las posibles soluciones para que las trabajadoras sean reconocidas por el Estado, la economista propone un sistema de cuidadores y cuidadoras a domicilio remunerado o subsidiado, una mensualidad para los que eligen quedarse a cuidar y la existencia de servicios públicos y gratuitos, todos acompañados por “una promoción de deconstrucción de estereotipos”.

 

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Trabajo domestico de Aldi Gola

 

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