Sociedad • Historia de vida

Construyó 100 casas con TECHO para ayudar como lo ayudaron a él

Pedro Rodríguez tiene 25 años y hace nueve juró hacer por otras cien familias lo que un grupo de voluntarios de TECHO hizo por él, su mamá y sus hermanos. Con la misión casi cumplida, ahora sueña con terminar la escuela. Esta nota, ganadora del premio para primer año de la carrera de Periodismo General en el Concurso Anual de TEA, recorre el largo camino de esa promesa.

Clementina Arias // Jueves 06 de septiembre de 2018 | 15:17

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Juniors con su gorra en medio de un operativo de construcción de viviendas. (Foto: TECHO)

Noventa y nueve -y contando- son las casas que ya tiene construidas Pedro Rodríguez junto a la organización TECHO. Hace nueve años, Rodríguez prometió ayudar a 100 familias a tener una casa. Juró cambiar la realidad de otros, como otros antes habían ayudado a cambiar la de él. Hoy, con 25 años, Juniors, como le dicen sus amigos, cuenta cómo fue el proceso que lo llevó a cumplir su objetivo.

 

-¿Cómo fue tu primer contacto con TECHO?

-Conocí la ONG porque a mi madre le ofrecieron construirle una de esas casas de madera, por muy bajo costo. Le dijeron que,  pagando una pequeña parte de la casilla, voluntarios de esta organización irían a construirla. Mi hermano mayor, el encargado en ese entonces de la plata en mi casa, no creía en nada de lo que decían. Él pensaba que nos iban a estafar y que la casa era toda una mentira. Pero mi mama confió y pagó el dinero que en ese momento le pedían. Lo hizo a escondidas de nosotros. Yo tampoco les creía mucho, mi papá se fue de casa cuando yo tenía 14 años, así que dejé la escuela para salir a laburar. No me entraba en la cabeza por qué alguien vendría a regalarme algo o siquiera a ayudarme cuando desde pibe había tenido que ganarme el pan de todos los días sin una mano de nadie.

 

-¿Qué sentiste al despertarte y enterarte de que realmente la casa se iba a construir?

-Me acuerdo de que el primer día de la construcción entraron a despertarme a mi cuarto dos chicos de un metro ochenta, rubios de ojos claros. Era evidente que no eran del barrio. Me dio vergüenza porque imaginate lo que era mi cuarto…el colchón estaba sobre el piso, faltaban 20 centímetros de techo, las paredes eran de madera para nada buena, y mi ventana era el faltante de un par de tablas de la pared que yo tapaba con una tela para poder dormir mejor. De pronto, estaban ahí: la casa, la gente, estaba todo ahí, todo de lo que yo había desconfiado de que fuera a suceder, estaba pasando. Me acuerdo de que los trataba como si fueran mis patrones y hasta el domingo a la noche, cuando terminamos la casa, yo no caí de lo que estaba pasando. Al fin iba a tener una casa donde poder dormir sin miedo a que llueva.

 

-¿Cómo fue la primera vez que fuiste voluntario en TECHO?

-No tenía edad para empezar a ser voluntario, hay que ser mayor de 18 años y en ese entonces yo tenía 16. Me faltaban un par de años para poder colaborar de manera "oficial", así que lo que hacía era esperar a que aparecieran los chicos con la remera de TECHO y los seguía. Les pedía ayudar a descargar los materiales de otras casas. Participé de esta manera "ilegal" hasta que cumplí la mayoría de edad. Iba de barrio en barrio, siguiéndolos y ayudando en lo que podía. Llegó un punto en que hasta dormía con ellos en las escuelas en las que se quedaban.

 

-¿Cuándo fue la primera vez que sentiste que realmente eras parte de la organización?

-Después de aproximadamente siete construcciones a las que fui a ayudar, un voluntario me regaló una remera de TECHO. Mi primera remera de TECHO. En ese entonces yo medía un metro sesenta y pesaba 45 kilos, y la remera era talle XXL, imaginate... Me quedaba de vestido. Recuerdo que pedí ir al baño antes de salir a construir y me encerré a llorar unos 20 minutos. Llevar ese logo en el pecho era lo mejor que me había pasado hasta el momento, fue la primera vez que pude sentirme igual a ellos.

 

-¿Recordás tu primera construcción "legal", con 18 años ya cumplidos?

-Fue durante unos "Trabajos de Verano" en Mar del Plata. Participé como jefe de cuadrilla. Digamos que indicaba cómo hacer la casa al resto, en simples palabras. Fue la primera vez que tuve algo a cargo: ellos debían seguirme para poder hacer la casa, se sentía raro. En TECHO me di cuenta de que hay familias que la pasan mucho peor que yo. Volví hecho otra persona. Las 8 horas de viaje de vuelta a casa las hice llorando. Me quería quedar, quería volver ahí para ayudar, quería hacer algo. Durante ese viaje me enteré de que las familias que construyen con TECHO, como la que construyó una casa para mí, pagan la totalidad de la vivienda, mientras que la familia que la recibe solo abona un 10 por ciento para poder obtenerla. Fue entonces que caí en la cuenta de que la familia que había venido a construir mi casa no solo había trabajado en ella sino que además la había pagado. Fue muy fuerte, quería juntar la plata de cualquier manera y devolvérsela, quería hacer algo por ellos.

 

-¿Fue entonces que hiciste la promesa de construir las 100 casas?

-Si, decidí hacer cien casas más. Pensé que me iba a tomar dos años, pero no. Voy nueve años de trabajo, casi. En todo este tiempo fui contando a los voluntarios la cantidad de casas que llevaba hechas, pero no de agrandado: era por si acaso ellos conocieran a los integrantes de la familia que había construido la mía, para que les pudieran contar que ese chico que con 14 años los miraba con la cabeza gacha y no hablaba estaba ahora haciendo un cambio enorme. Que estaba ayudando como ellos lo habían ayudado a él. Quería que supieran que ya casi lograba cumplir mi promesa. En diciembre de este año se cumple mi construcción número 100 y TECHO me dio la oportunidad de construir la casa con mi familia y también en conjunto con esa otra familia que hace 9 años vino a mi casa y construyó lo que hoy en día es mi hogar.

 

-¿Cuál será tu siguiente paso, luego de terminar las 100 casas?

-Definitivamente arrancar a estudiar. Dejé la escuela en 8º grado, que en su momento todavía era primaria. Luego cambió todo, ya no existía el Polimodal. Había quedado yo en medio de la nada. No podía cursar primaria ni secundaria porque para las escuelas yo no había terminado nada. Me costó mucho solucionar el problema de mi educación. Iba a pedir los papeles y me daban direcciones truchas de lugares que no existían. Hasta que fui directamente a la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) y me dieron la opción de prepararme para dar un examen de ingreso. Si lo paso, podré en el futuro cambiar mi ropa de trabajo por una camisa y un traje.

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