Sociedad • #RenovaciónEvangélica

“Somos homosexuales por gracia de Dios”

Entrevista con el pastor Gregorio Tobar Guzmán y el teólogo Alfredo Carballo, autoridades a cargo de la sede porteña de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana, donde se tratan temas como la legalización del aborto y la problemática de género.

E. Avila, F. Gómez Forti y R. Ramírez Vallone // Miércoles 21 de noviembre de 2018 | 12:33

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Tobar Guzmán y Carballo en la puerta de la Iglesia de la Comunidad Metropolitana. (Fotos y videos: E. A., F. G. F. y R. R. V.)

Alfredo Carballo: “Somos homosexuales por gracia de Dios”
La Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM) que también es conocida como Fraternidad Universal de las Iglesias de la Comunidad Metropolitana (FUICM) es una iglesia formada por la unión de diferentes comunidades cristianas. Se define como una iglesia inclusiva, ecuménica e interconfesional y su orientación teológica es liberal.
La primera congregación fue fundada en 1968 en Los Ángeles, California, por el Reverendo Troy Perry, activista de derechos humanos reconocido internacionalmente, en un momento en que las actitudes cristianas eran abrumadoramente contrarias a la homosexualidad. Perry actuó como Moderador hasta 2005, cuando la Rev. Obispa Nancy Wilson fue elegida por el Sínodo General para que ejerciera como Moderadora.
En Buenos Aires el Pastor y Moderador principal es Gregorio Tobar Guzmán y está acompañado por el Teólogo Alfredo Carballo. Entre los dos y en conjunto con una comunidad de creyentes LGBTQ+ forman la ICM local.
Video 1
¿Hace cuánto que están en el país?
Gregorio: Este año cumplimos 10 años en la tercera fundación. Empezamos en una casa y antes del año ya no entrábamos así que buscamos otro lugar donde reunirnos. Nos abrieron la capillita del Cedec, fue maravilloso, ese fue nuestro hogar hasta que lo vendieron. Como la Iglesia Metodista no tiene comunidad propia, hemos venido a trabajar acá -una pequeña capilla en el barrio de Constitución-. Es muy lindo pero lo complicado es la zona, hay muchas personas que dejaron de venir por la zona.
Video 2
¿La ICM siempre tuvo una apertura a la inclusión de la diversidad de las personas? ¿O fue un proceso?
G: El que la creó fue un pastor pentecostal al ser echado de su comunidad por sospechas de su homosexualidad. Después de una crisis personal percibió desde el salmo de “El Señor es mi Pastor”, la verdad: ‘El señor sabe que soy gay’ y ‘me sigue pastoreando, se sigue haciendo cargo de mí’ y a partir de ahí él se empoderó sobre sí mismo y empezó a generar un espacio de encuentro con otros del colectivo LGBT. 
Alfredo: Hay mucha gente gay que se ha sentido rechazada por las iglesias, por eso siempre digo que nosotros somos homosexuales por gracia de Dios, porque la verdad es que nos reconoce claramente: Jesucristo lo dice específicamente. Todas las iglesias han tapado esa cuestión porque siempre es necesario tener uno inferior para sentirse superior. Los seres humanos somos así, necesitamos que otro esté abajo para estar arriba.
G: Han silenciado a las mujeres también, la historia de la Iglesia acalló toda esta diversidad y la centró en la historia de redistribución de poder y riqueza, ‘yo manejo la fe’, ‘yo dirijo ahora’, son procesos de Dios también. Hoy podemos estar presentes porque nos hemos empoderado, hemos estudiado y estamos reestudiando la Biblia, buscando nuevos conceptos, estamos haciendo una evolución que difícilmente la pueden negar. La única respuesta que te dan hoy es ‘no es parte de la tradición’, ni siquiera lo pueden refutar desde lo teológico. Como eso en todo, hay escritos claros donde había un proceso por el cual se unían las parejas gay. Uno se pregunta ¿Por qué no se supo esto? No lo podían publicitar. Todo esto hay que traerlo a la luz, no por un tema de poder o riqueza; acá ninguno de los dos cobramos, de hecho aportamos. A mí lo q me interesa es que la gente no siga cargando culpas ajenas, culpas que no son propias, están excluyendo vidas, hay gente que no es feliz consigo misma cuando podría estar orgullosísimo de quien es y la construcción que hizo de sí mismo y no lo es gracias a la mirada acusatoria injusta de una sociedad regida por la iglesia. Eso es lo que nosotros tenemos que tratar de cambiar, no quiero el poder, pero no sigas cargando a la gente con un peso que no les compete, no es justo.
A: Hace poco visitamos a una chica trans que estaba muy enferma y a punto de fallecer en el hospital. Estaba muy caída, muy mal. Le llevé un rosario y se sintió tan bien. Rezamos el padrenuestro. Falleció pero se sintió amada.
G: Yo quiero que la gente se sienta así, que sepa que está todo bien. La tradición sostenía que todo lo corpóreo era negativo, yo no soy un espíritu que anda volando por ahí, yo tengo un cuerpo, Dios me hizo con un cuerpo que come y disfruta lo que come. Tengo sexo y disfruto el sexo.¿Por qué Dios me va a decir que esto que él me dio está mal? Dormir, comer, tener sexo; todo está mal, son pecados. ¿Entonces de dónde salió el problema? Rompieron el límite entre lo espiritual y corporal, y decidieron que lo espiritual era más importante. Jesús bailaba, comía, se reía y eso no te lo cuentan. Hay como una idea que la religión y la fe implica tortura, sufrimiento.
Video 3
Gregorio sobre Margarita Sánchez, la obispa de la ICM en Latinoamérica: 
Es una madraza; cuando te habla te toca. Es impresionante la maternidad que ejerce en el rol de obispa, que no significa que todas lo hagan. Los obispos que nosotros conocemos te hablan de una manera patriarcal. Margarita no, es justamente lo que le falta a la iglesia: la maternidad, la calidez, la humanidad y la cercanía... es impresionante lo que genera. 
Foto de Margarita y flia.
La historia de Gregorio en sus propias palabras:
Soy sacerdote católico nacido en Salta. Cuando salgo [del closet] era imposible seguir mi proceso porque todos me conocían y seguían buscando a un cura. Pesaba 30 kilos menos, estaba deteriorado, porque los cristianos son muy malos empleadores, hay exceso de trabajo si no estás en una parroquia acomodada. Yo estaba en villas de emergencia en Córdoba: teníamos para las comidas de lunes a viernes, nada más. Aparte teníamos que trabajar para tener ingresos para comida, remedios y ropa; entonces todo eso me generó un deterioro físico muy grande. Ahí fue que hice un quiebre y dije ‘yo creo en la vida, no en el suicidio. Esto no es un testimonio de fe, esto es dejar ir tu vida en función de un proyecto y eso no está bien’. Entonces ahí di un paso al costado y justo unos amigos me invitaron a venir a Buenos Aires. Pasé seis meses viviendo con ellos, uno era católico y el otro era luterano. El católico trabajaba de lunes a domingos y feriados, y el luterano de lunes a viernes. Yo iba con el católico a la catedral y los fines de semana me quedaba con el luterano, me llevaba a las celebraciones de la iglesia luterana en San Telmo. Iba a la Iglesia del Centro donde iban chicas trans y yo no podía creer lo que estaba viviendo, entonces a partir de ahí tuve un proceso personal y empecé a estudiar fundamentación teológica, compartí información con un grupo que se llama Cesla, de formación evangélica y después rotaron un poco. Dios quiso que mi amigo luterano me invitara a trabajar con él, y ahí descubrí mi necesidad de ser comunidad de fe: es parte de mi identidad y es crecer con ellos, abrirme a la diversidad. Yo tengo 53 años, educado en Salta, vengo de un mundo absolutamente binario, vengo del patriarcalismo absoluto. Todavía estoy aprendiendo, de hecho acabo de terminar la Diplomatura de Derechos Humanos, estoy estudiando desde la ciencia y desde lo teológico para formarme, pero aun así la realidad desborda lo teológico y a las ciencias. De repente cuando me sitúo delante de una persona mi binarismo hace que utilice “él o ella”. Cuando entiendo que la persona puede ser mujer lesbiana o mujer trans. Creo que ahí me siento avanzado, y de repente esta mujer trans me presenta a la novia, o sea que la mujer trans era intersexual. No se termina nunca y ahí es cuando te das cuenta de que aunque des un paso adelante, la realidad te desborda siempre. Me siguen educando, mi comunidad me corrige, me construye. Es tan fluido todo lo que es la sexualidad hoy. Yo respeto su identidad y les digo que me digan cómo y yo aprendo.
-¿La ICM tiene corporativamente una posición respecto de la legalización del aborto?
G: Se respeta mucho en estos temas la autodeterminación de las comunidades. En general todos los obispos y las personas que están a cargo están a favor de la despenalización del aborto, de hecho la obispa Margarita publicó un mensaje en Facebook apoyando la legalización, cuando se estaba debatiendo este tema. Él [Alfredo] y yo estamos a favor de la despenalización del aborto pero sigue siendo un tema muy difícil en nuestra comunidad donde la mayoría es gay masculina. Santo Tomás, uno de los teólogos más brillantes, llegó a decir que hay vida después del tercer mes, y después lo callaron, en los temas complicados lo callaron y este era uno de los temas. A mí lo que más me cuesta , mas allá de lo teológico, es: ¿por qué cuando se propone castigar el aborto solo se piensa en la mujer como la portadora de un feto y no también de la decisión? Abandonada por un hombre y abandonada por el Estado. Y es la última en la que se corta el hilo, nunca culpa a un tipo por abortivo, si él la embarazó, si él la abandonó, fue el primero que provoca esta situación de muerte. 
Sobre la ICM
La Iglesia de la Comunidad Metropolitana participa en el Consejo Mundial de Iglesias, en el Consejo Nacional de Iglesias de EE.UU.,? y en la Federación Mundial de Estudiantes Cristianos. Cuenta con más de 400 congregaciones en 40 países.
Tiene presencia en: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, Portugal, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, España, Haiti, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Puerto Rico, Uruguay y Venezuela. El Obispo de estos territorios y Director Asociado de la Oficina de Ministerios Emergentes es el Rev. Héctor Gutiérrez de México. Al tratarse de un territorio tan extenso y en constante crecimiento el Obispo es asistido por la Obispa Margarita Sánchez De León de Puerto Rico, Coordinadora de la Oficina para la Formación y Desarrollo del Liderazgo en Iberoa

La Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM), también conocida como Fraternidad Universal de las Iglesias de la Comunidad Metropolitana (FUICM), es una institución formada por la unión de diferentes comunidades cristianas. Se define como una "iglesia inclusiva, ecuménica e interconfesional de orientación teológica liberal".

 

La primera congregación fue fundada en 1968, en Los Ángeles, por el Reverendo Troy Perry, un reconocido activista de los derechos humanos, en un momento en que las actitudes cristianas eran contrarias a la homosexualidad. Perry actuó como moderador de la institución hasta 2005, cuando la Reverenda Obispa Nancy Wilson fue elegida por el Sínodo General para reemplazarlo en el cargo.

 

En Buenos Aires, el pastor y moderador principal es Gregorio Tobar Guzmán y está acompañado por el teólogo Alfredo Carballo. Entre los dos y en conjunto con una comunidad de creyentes LGBTQ+, conforman la ICM local.

 

 

-¿Hace cuánto que la iglesia funciona en la Argentina?

-Gregorio Tobar Guzmán: Este año cumplimos 10 años. Empezamos en una casa y antes de cumplirse un año, ya no entrábamos, así que buscamos otro lugar. Nos abrieron una pequeña capillita. Fue maravilloso y fue nuestro hogar hasta que lo vendieron. Como la Iglesia Metodista no tiene comunidad propia, hemos venido a trabajar acá, a una capilla en el barrio de Constitución. Es muy lindo, pero lo complicado es la zona, hay muchas personas que dejaron de venir por eso.

 

 

-¿La Iglesia de la Comunidad Metropolitana siempre tuvo una apertura a la inclusión de la diversidad de las personas, o fue un proceso?
-G.T.G: El que la creó fue un pastor pentecostal después de ser echado de su comunidad por sospechas de homosexualidad. Tras una crisis personal, percibió la verdad desde el salmo de “El Señor es mi Pastor”: "El señor sabe que soy gay’"y "me sigue pastoreando, se sigue haciendo cargo de mí". A partir de entonces, se empoderó a sí mismo y empezó a generar un espacio de encuentro con otros miembros del colectivo LGBT.

-Alfredo Carballo: Hay mucha gente gay que se ha sentido rechazada por la iglesia tradicional, por eso siempre digo que nosotros somos homosexuales por gracia de Dios, porque la verdad es que nos reconoce claramente. Jesucristo lo dice específicamente, pero todas las iglesias han tapado esa cuestión porque siempre es necesario tener alguien inferior para sentirse superior. Los seres humanos somos así, necesitamos que otro esté abajo para estar arriba.

-G.T.G: Han silenciado a las mujeres también. La historia de la Iglesia acalló toda esta diversidad y la centró en la historia de redistribución de poder y riqueza: "yo manejo la fe", "yo dirijo ahora". Hoy podemos estar presentes porque nos hemos empoderado, hemos estudiado y estamos reestudiando la Biblia en busca de nuevos conceptos. Estamos haciendo una evolución que difícilmente la puedan negar. La única respuesta que te dan hoy es: ‘No es parte de la tradición’, ni siquiera lo pueden refutar desde lo teológico. Hay escritos claros donde había un proceso por el cual se unían las parejas gay. Uno se pregunta porqué no se supo esto, y la respuesta es que no lo podían publicitar.

 

-¿Qué se puede hacer al respecto?
-G.T.G: Hay que traerlo a la luz no por un tema de poder o riqueza; acá ninguno de los dos cobramos, de hecho aportamos. Me interesa que la gente no siga cargando culpas ajenas. Hay gente que no es feliz consigo misma cuando podría estar orgullosísima de quien es y la construcción que hizo de sí misma. Pero no lo está gracias a la mirada acusatoria e injusta de una sociedad regida por la Iglesia.

-A.C: Hace poco visitamos en un hospital a una chica trans a punto de morir. Estaba muy caída, muy mal. Le llevé un rosario y se sintió tan bien. Rezamos el Padre Nuestro. Falleció pero se sintió amada.
-G.T.G: Yo quiero que la gente se sienta así, que sepa que está todo bien. La tradición sostenía que todo lo corpóreo era negativo, pero Dios me hizo con un cuerpo que come y disfruta lo que come. "Tengo sexo y disfruto el sexo. ¿Por qué Dios me va a decir que esto que él me dio está mal?" Dormir, comer, tener sexo: todo está mal, son pecados. El problema es que rompieron el límite entre lo espiritual y lo corporal y decidieron que lo espiritual era más importante. Jesús bailaba, comía, se reía, y eso no te lo cuentan. Hay una idea que la religión y la fe implican tortura y sufrimiento.

 

 

-¿Cómo te convertiste en pastor de la ICM?
-G.T.G: Soy sacerdote católico nacido en Salta. Cuando salí [del closet] era imposible seguir porque todos me conocían. Pesaba 30 kilos menos, estaba deteriorado porque los cristianos son muy malos empleadores, hay exceso de trabajo si no estás en una parroquia acomodada. Tenía un deterioro físico muy grande. Ahí hice un quiebre y unos amigos me invitaron a venir a Buenos Aires. Pasé seis meses viviendo con ellos, uno era católico y el otro era luterano. El luterano me llevaba a las celebraciones de la iglesia luterana en San Telmo. Iba a la Iglesia del Centro donde iban chicas trans. Yo no podía creer lo que estaba viviendo. Ahí descubrí mi necesidad de ser comunidad de fe: es parte de mi identidad y es crecer con ellos, abrirme a la diversidad. Aunque dé un paso adelante, la realidad me desborda siempre. Me siguen educando, mi comunidad me corrige, me construye. Es tan fluido todo lo que es la sexualidad hoy. 

 

 

-¿La ICM tiene una posición respecto a la legalización del aborto?
-G.T.G: 
Se respeta mucho la autodeterminación de las comunidades. En general todos los obispos y las personas a cargo están a favor de la despenalización del aborto. Pero sigue siendo un tema muy difícil en nuestra comunidad, donde la mayoría es gay masculina. A mí lo que más me cuesta, mas allá de lo teológico, es entender por qué, a la hora de castigar al aborto, se piensa en la mujer como la portadora de un feto y no también de la decisión. Se corta el hilo por ella. Nunca se culpa a un tipo por abortivo, pero si él la embarazó y la abandonó, es el primero que provoca esta situación de muerte. 

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