Sociedad • Marea verde

Los festejos tras la vigilia

Después de esperar durante casi un día en los alrededores del Congreso, miles de mujeres celebraron la media sanción del proyecto de ley de despenalización del aborto en la Cámara de Diputados.  

F. López Da Silva y P. Gonzalez Iturralde // Viernes 15 de junio de 2018 | 11:56

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La Plaza de los Dos Congresos minutos antes de que se conociera la media sanción (Foto: Julieta Bugacoff)

"Me duelen las piernas, nos morimos de frío y estuvimos mil horas, pero valió la pena, amiga. No puedo creer que lo logramos, y nosotras estuvimos ahí”, comentaban dos amigas mientras regresaban por la avenida Callao. Minutos antes, en ese lugar todo era fiesta.

 

(Video: Florencia Da Silva)

 

La "Marea verde" vivió codo a codo el debate en Diputados por la media sanción de la ley. Tal vez lo hicieron mejor que ellos, porque muchas no fallaron ni un segundo mientras duró el debate: estuvieron ahí las 22 horas, algunas ni siquiera durmieron.

 

Después de haber mirando durante horas la pantalla que mostraba el debate, la esperanza había dejado el Congreso por un rato. Las perspectivas se pintaban de celeste clandestino, pero aún así no bajaban los brazos. "Aborto legal, en el hospital", cantaban, pogueaban, aplaudían y esperaban.

 

(Foto: Pilar González Iturralde)

 

Entonces, a las 9.53 de la mañana del día más frío y brillante del año, todo se dio vuelta, todo se puso verde: 129 a favor, 125 en contra y una abstención fue el resultado. Y frente a eso, un grito de libertad, de desahogo, de festejo. Todas y todos sabían que estaban escribiendo historia con sus lágrimas de felicidad, de alivio, de sorpresa, de aborto legal. Los aullidos de algarabía invadían la Plaza y los abrazos parecían la única forma de comunicación en Callao y Rivadavia.

 

(Foto: Pilar González Iturralde)

 

Fue entonces cuando, en nombre de las que ya no tienen voz, las que murieron desangradas, las que abortaron a escondidas, con miedo, con medio país en contra, con médicos que no les importaba en lo más mínimo como se sentían, por todas ellas, las presentes, las vivas, las de ahora y mañana, levantaron sus pañuelos verdes.

 

Ayer el sol se izó detrás de las guerreras. Las oyeron, las vieron. Hay ya no se puede esconder más la realidad. Tampoco a nosotras, a ninguna: ya no podrán hacerlo nunca más.

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