Sociedad • Aborto Legal

“Recién con el tercer aborto tomé conciencia de la posibilidad de morir"

Araceli Ferreyra es diputada por el Frente para la Victoria y apoya la legalización del aborto. A sus 52 años, la correntina relata cómo fue la experiencia de haber abortado de forma clandestina.

F. Boetto y A. Riccobene // Martes 29 de mayo de 2018 | 16:11

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Alguna vez Ferreyra estuvo en contra del aborto legal. Hoy insiste en la necesidad de cuestionar los prejuicios.

-¿Qué siente cuando escucha a otros diputados y diputadas aclarar que están a favor de la vida, dando a entender que quienes están a favor de la despenalización del aborto no lo están?

-Es la única bandera que les queda para seguir sosteniendo sus prejuicios. Fuera de eso, todos los argumentos científicos y jurídicos están de nuestro lado. Somos nosotros los que estamos a favor de la vida. Son nuestras legislaciones las que han permitido salvar y ampliar los derechos, que las mujeres estén mejor. Más que enojarme con ellos, disfruto cada vez que les recuerdo que solo tienen la hipocresía de preocuparse por la vida dentro del útero materno.

 

-Fue el gobierno de Cambiemos el que dio el espacio para que se discuta el tema, ¿por qué cree que lo hizo?

-Solo hace falta mirar las encuestas para darse cuenta por qué el gobierno de Macri pone este tema en su agenda. Es la primera vez que la imagen negativa de Cambiemos supera ampliamente la positiva, en medio de un contexto de mucho descontento, principalmente por los tarifazos y la represión desmedida. Me parece que, con esto, la gestión cambia la jugada y saca del centro de la cancha algunas de estas cuestiones. El año pasado el gobierno había mandado un proyecto con Objeción de Conciencia Institucional y ahora de repente se nos pone progresista...

 

-El del Frente para la Victoria era un gobierno ampliamente considerado como progresista y sin embargo no dio lugar al debate. ¿Es cierto que Cristina Fernández impidió que se tocara el tema en el Congreso?

-Eso es mentira. Lo que pasó fue que dentro de nuestro espacio había quienes tenían mucho compromiso con la Iglesia, pero también otros, a los que yo llamaba “los lugartenientes”. Estos últimos, más cristinistas que Cristina, sostenían que ella no podía pelearse con Bergoglio. Me hago cargo y me arrepiento por no haber organizado una reunión con ella. Debería haberla encarado para pedirle que tomara la iniciativa.

 

Si hay algo que nadie puede negar respecto de esta diputada es la coherencia con la que se ha manejado en relación al aborto a lo largo de toda su carrera política. Sin embargo, Ferreyra no siempre estuvo parada en la misma vereda. El quiebre se dio cuando empezó a militar en la facultad. Romper con los prejuicios no le resultó fácil: “Antes de terminar el secundario no solo me pronunciaba en contra del aborto, sino que llegué a hacer una barbaridad de la que me arrepiento profundamente”, cuenta.

 

-¿Qué fue lo que hizo?

-Una amiga, que había quedado embarazada del jefe, me preguntó qué debía hacer. “Si disfrutaste, hacete cargo”, le dije. Ella siguió adelante con su embarazo. La echaron del trabajo y sus padres dejaron de darle dinero. Tuvo que abandonar la carrera y terminó trabajando como empleada doméstica. Por haber hablado desde el prejuicio, terminé arruinando una vida.

 

-¿Siente culpa?

-Me siento en deuda con ella, porque en su momento era la única que le podría haber dicho algo distinto y no lo hice. Cuando se lo conté a mis padres, me dieron el reto más grande que recibí en mi vida. Fue entonces que aprendí la necesidad de pelear muy fuerte contra los prejuicios.

 

Lo que la correntina no imaginó es que sería ella quien unos años después iba a pasar por la misma situación. Tenía 20 cuando quedó embarazada por primera vez. Estaba en Moscú, a donde había viajado para estudiar marxismo. “Conocí a un chileno y nos enamoramos tan rápido que no nos dimos cuenta”, recuerda Ferreya sobre aquella relación que empezó para pasar el frío y terminó convirtiéndose en una historia de vida.

 

-¿Por qué decidió abortar esa primera vez?

-En ese momento todo indicaba que no íbamos a seguir juntos y yo quería tener hijos provenientes del amor y de una pareja estable. En Rusia el aborto es seguro, legal y gratuito. El chileno respaldó mi decisión de abortar. Años después interrumpiría un embarazo en Argentina, por el mismo motivo, en otras dos oportunidades.

 

-¿Embarazada con la misma persona esas otras dos veces?

-Sí. Tuvimos muchas idas y venidas, pero las vueltas de la vida hicieron que hoy sea el padre de mis dos hijas.

 

-¿Cómo fue la experiencia de abortar en Argentina, donde el aborto no es legal?

-La segunda vez que aborté no quise hablarlo con mi familia. No porque ellos estuvieran en contra sino por esa necesidad que a veces tiene una de no compartir absolutamente todo con los padres. Junté unos mangos y fui con el pensamiento de que iba a ser como en Moscú pero terminé en un sucucho mugriento. La tercera vez tomé conciencia de la posibilidad de morir. Fui con mi mamá porque mi pareja no me podía acompañar en aquel momento. Si bien ella era una abogada prestigiosa de Corrientes y una persona muy formada, terminé en el mismo lugar. Yo encima tenía los medios para poder resolver mejor la situación pero no lo hice. Mis viejos eran de clase media. Podrían haberme pagado un aborto en las mismas clínicas donde se los hacen las ricas, pero el contexto de la clandestinidad hace que uno no tome las mejores decisiones y que se resuelva todo en silencio. En ese momento el tabú y la cuestión de que pase lo más rápido y desapercibidamente posible nos alcanza a todas.

 

-¿Qué diferencias encuentra entre la experiencia de abortar de forma legal y la de hacerlo clandestinamente?

-Cuando aborté de forma legal en Rusia, las condiciones fueron iguales a las del parto de mis hijas. Había quirófanos, médicos y anestesia. Los otros dos abortos ni si quiera ocurrieron en clínicas. En esos contextos pasan cosas deplorables. La anestesia se me terminó antes, por ejemplo, algo que no pasa si vas a una clínica privada. El caso de una amiga fue peor: el tabú hizo que nos ocultara la decisión y se dejara poner una aguja de tejer. No la pudieron salvar. Para cuando su compañero llegó de viaje, estaba muerta. La clandestinidad hace tomar las peores decisiones porque no se cuenta con la información debida. El sentido de contar mi historia es dejar en claro que esto puede pasarle a cualquiera.

 

-¿Qué consejo daría a una mujer que esté pasando ahora por lo que en su momento le tocó vivir a usted?

-Que se informe y que no haga uso del Misoprostol sin antes consultar. Que acuda a las redes de socorristas, con ellas va a encontrar contención y la mejor calidad posible de droga, para no cometer errores.

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