Sociedad • Costumbres argentinas

La comunidad de la Plaza Houssay

Inaugurado en 2015, sobre la calle Uriburu, entre Córdoba y Paraguay, se ubica uno de los centros de skate más importantes del país. Allí, todos los días cientos de jóvenes amantes de las tablas encuentran un punto de reunión. Crónica de una tarde sobre ruedas.

Manuel Isasti Micale @MonitoIsasti // Viernes 27 de abril de 2018 | 14:58

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Los jóvenes se deslizan sobre sus patinetas con movimientos coreográficos.

Como todas las tardes, Bryan González agarra su tabla y patea hasta el streetpark. “Somos una gran comunidad. Si vos te querés exigir y ser un profesional, de acá podés salir bueno”, cuenta el joven mientras se lanza al bowl principal de la pista, y a su retorno agrega: “Tratamos de pasarla bien. Es como con los futbolistas, está el que llega, el que no, y aquel al que no le interesa pegarla”.

 

La pista de skate Houssay es, para muchos de los patinadores de la Ciudad, uno de los centros más importantes. No sólo por su ubicación, sino también por su barandas, sus rampas y su fuerte carácter street. Entre los parques más celebrados se encuentra también el de Costanera -"Pachá" para los habitués-, reconocido por su “snakebowl” ideal para los más experimentados, tres grandes rampas y las slacklines (cintas que se tensan entre dos puntos fijos) para los equilibristas.

 

La pista Haití, en el cruce entre la avenida Dorrego y la avenida Figueroa Alcorta, es otra opción tentadora, así como el circuito "Avellaneda", ubicado detrás del Shopping Alto Avellaneda, aunque este último no es muy recomendado por los skaters por motivos de seguridad.

 

En Houssay hay pocas reglas, la principal es el respeto. Mal que pese a los chicos, cada vez se registran más episodios que rompen con la tranquilidad del lugar. “El problema es cuando viene gente de otro palo y atenta contra nuestro espacio. Una vez hicieron fuego y rompieron parte del parque. Y si nosotros no nos metemos para arreglar las cosas, quedan así”, plantea con rabia Marcos Ignacio, de 19 años.

 

Hace dos años que Marianela Torres (18) se animó a volver al skate, luego de un tiempo alejada de las tablas. ”Estamos los que venimos a entregar cuerpo y alma, y quienes vienen a ranchear, a pasar el rato tirados haciendo cosas que acá no van”, apunta mientras cambia los rulemanes de su skate.

 

En Houssay se reúnen cientos de jóvenes amantes de las tablas

 

La joven de ojos celestes como sus zapatillas afirma que su fastidio viene a raíz de la falta de presencia policial en el espacio. “Esto es un skatepark, no es para venir y estar tirado o jugando a la pelota. Es nuestro núcleo de encuentro más importante. Genera impotencia que venga tanta gente a romper con la tranquilidad del lugar, a molestar, a ensuciar o hasta deteriorar la pista, todo ante la indiferencia de la Policía, que no nos cuida”.

 

En la comunidad abundan el pedido de nuevos espacios y el descontento respecto de las autoridades de la Ciudad. “Desde el Gobierno no hacen nada. No limpian, no pintan, no hay seguridad. Todo lo hacemos nosotros. Y si queremos arreglar las cosas que se rompen, la policía las destruye por no haber pedido un permiso especial”, agrega Mariela mientras Ignacio asiente con la cabeza.

 

El Gobierno nos dio este lugar pero nos deja desprotegidos. Vienen personas que están en cualquiera y que nos han intentado lastimar. Tuvimos que aprender a defendernos entre nosotros. El que es del palo tiene que aprender a bancársela”, recalca Elías Montes.

 

Los jóvenes se deslizan uno detrás de otro, patinetas mediante, con movimientos coreográficos y un control máximo de sus cuerpos. Comienza a oscurecer en el “Skate de Houssay”. Patinadores y curiosos se ven obligados a retirarse. “No tenemos luz, se va el sol y comienza la retirada. ¿Qué cuesta cambiarlas?”, concluye Torres entre los aplausos de sus compañeros por otro día sobre ruedas.

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