Sociedad • Una brecha que no se achica

La brutal diferencia de salario entre hombres y mujeres

La distancia entre el sueldo promedio de un varón y una mujer oscila entre el 27 y el 40 por ciento. Sin ninguna variable biológica que justifique la diferencia, las razones hay que buscarlas en los usos y costumbres de la sociedad y lo que los especialistas llaman el "techo de cristal" y el "piso pegajoso". Opinan la periodista Julia Strada y la economista Candelaria Botto.

Nazarena Lomagno // Viernes 23 de marzo de 2018 | 18:31

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Trabajadoras de ATE reclaman por los despidos.

El 8 de marzo, más de 200 mil mujeres marcharon desde Plaza de Mayo hasta el Congreso de la Nación bajo el lema “Si nosotras paramos, se para el mundo”. Aunque las consignas más difundidas se vincularon con la erradicación de la violencia machista y la legalización del aborto, la premisa contempló otra problemática igual de injusta: la brecha salarial de género.

 

Actualmente, la diferencia entre el sueldo promedio de un varón y el de una mujer es del 27 por ciento en el mercado formal y del 40 por ciento en el informal, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) del último trimestre de 2017.

 

Los pasos que llevaron a la precarización

Esta brecha se entiende mediante dos ejes de análisis: la parte no explicable y la explicable. Sin embargo, ninguna variable logra dar cuenta de por qué la biología incide directamente en el nivel de ingresos monetarios. Sí hay determinantes culturales concretos que contribuyen a la diferencia.

 

Para entender la parte explicable, hay que distinguir un par de factores: la segregación vertical, que dificulta a la mujer el alcance de puestos laborales jerárquicos, y la segregación horizontal, que da cuenta de agrupaciones en áreas de trabajo según el género.

 

De acuerdo con la organización Economía Feminista, el 83,3 por ciento de las mujeres están vinculadas a esferas de trabajo femeninas como la reproducción y el cuidado. En cambio, según la periodista Julia Strada, el 94 por ciento de los hombres no realizan tareas de estas índoles. “El encasillamiento de las mujeres tiene que ver con roles históricos construidos y con una cultura machista que piensa que las mujeres no estamos capacitadas para determinadas tareas”, agrega Candelaria Botto, economista e integrante de esa organización.

 

La también economista y además escritora Mercedes D’Alessandro se encargó de desmentir la falsa idea de una incapacidad intelectual en su libro “Economía feminista: Cómo construir una sociedad igualitaria (sin perder el glamour)”. Allí explica que muchos altos ejecutivos o funcionarios políticos tienen menor nivel de estudios que las asesoras que contratan.

 

Dentro de la segregación vertical, hay otros dos fenómenos. Uno es el "techo de cristal", una barrera invisible que dificulta a las trabajadoras alcanzar cargos máximos de autoridad. Así, en la Cámara Baja del Congreso se registra un 37 por ciento de diputadas, mientras que en la Cámara Alta el número llega al 42 por ciento de senadoras. Las mujeres presiden sólo dos de los 20 ministerios nacionales y apenas 10 de los 31 hospitales públicos de la Capital Federal. 

 

El panorama es similar en el ámbito académico. En el Consejo de Rectores de Universidades Públicas, el cupo femenino es del 11 por ciento, y en el de las privadas del 4 por ciento, mismo porcentaje de CEOs mujeres. Por otro lado, las cúpulas decisivas del CONICET y la Conferencia Episcopal están integradas sólo por hombres.Aunque haya ejemplos de mujeres que llegan lejos, el techo de cristal existe y es muy fuerte”, recalca Strada.

 

 

Piso pegajoso

El segundo fenómeno dentro de la segregación vertical es el "piso pegajoso", que hace que las mujeres queden sujetas a trabajos menos calificados, principalmente el trabajo doméstico no remunerado. La última encuesta del uso del tiempo del INDEC, realizada en 2013, consigna que una mujer dedica 6,4 horas por día al trabajo doméstico no remunerado. Según el diario La Nación, la participación femenina en el cuidado del hogar en la Argentina es del 91 por ciento, mientras que a nivel internacional la cifra cae hasta el 75 por ciento, según la consultora Mckinsey Global Institute (MGI).

 

Al tener una jornada de trabajo dentro del hogar, la mujer deberá conseguir un trabajo 'adicional' de menos horas, probablemente menos calificado y con más posibilidades de caer en la informalidad”, explica la integrante de Economía Feminista. “A pesar de que las mujeres acceden cada vez más rápido al mercado de trabajo, su tasa de actividad es de un 47,9 por ciento, mientras que la de los hombres es de 69,8 por ciento”, completa Strada.

 

La brecha salarial se amplía para las trabajadoras que viven en condiciones vulnerables. Ellas representan el 97 por ciento del empleo doméstico tercerizado, y el 75 por ciento lo practica en la precariedad. “Las ocupaciones vinculadas al cuidado, como la limpieza, la enfermería, la educación inicial y el cuidado de niños pequeños, son tareas que tienen una penalización económica, es decir, que valen menos. Es como si estuviera establecido que, en un sentido común hegemónico, son trabajos que merecen peor remuneración”, concluye la periodista.

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