Sociedad • Análisis de contenido

La delincuencia juvenil y el morbo mediático

Hace un año, Brian Aguinaco (14) falleció luego de recibir un disparo de un chico de 15. La Nación, Clarín y, fundamentalmente, los canales de TV, le dedicaron especial atención al caso. ¿Con qué fin?  

Mara Nöel Resio // Martes 26 de diciembre de 2017 | 21:51

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La demanda de la audiencia vuelve "adictos" a los medios de temáticas como la delincuencia infantil. 

Una casa de color verde claro pero intenso en la esquina de Robertson y Avenida Asamblea, en la Ciudad de Buenos Aires, llama la atención. En la cochera vacía que da a la calle hay un perro que ladra y salta sobre su dueña. Mueve la cola cada vez que el agua de la manguera cae sobre él. Son las dos de la tarde del sábado 24 de diciembre de 2016. La Nochebuena se aproxima y el calor sofoca el barrio de Flores.

 

Madre e hija, de origen coreano, caminan por la cuadra de enfrente de la casa, donde las protege la sombra. Mientras las mujeres charlan, dos jóvenes pasan con una moto. El conductor frena y el acompañante desciende del vehículo con un arma en la mano. Apunta a las mujeres y les exige que le den sus carteras. La mujer de la casa verde ve el forcejeo, abraza a su perro y se esconde detrás de las macetas. Escucha un pedido desesperado:

 

 

-¡Alto policía!

 

El grito proviene de un Renault 19. El conductor, Enrique Aguinaco, acompañado por Brian, su nieto, avanza en contramano hacia los ladrones. El chico que le había robado las carteras a las mujeres no supera los 16 años. En cuestión de minutos le dispara al auto y se sube a la moto. Son dos disparos. Uno termina con la vida de Brian Aguinaco. La moto se esfuma. La villa 1-11-14 los recibe.

 

A unas cuadras del cementerio de Flores y a otras pocas de la villa 1-11-14 hay una pequeña plaza, ubicada en Santander y Juan del Castillo. Árboles de tronco grueso repletos de hojas rodean a las mesas y sillas de cemento, a los toboganes y hamacas. En una esquina del parque hay un cartel: “Plaza Brian Aguinaco”. Debajo una placa que dice: “En memoria de Brian Aguinaco, porque nos hiciste conocer el amor verdadero, hoy y siempre en nuestros corazones. Mamá y Papá. 30-10-2002 – 26-12-2016”.

 

Antes era la Plaza Don Segundo Sombra. Desde la muerte del adolescente de 14 años, todo intenta cambiar en el barrio.

 

A casi un año del asesinato de Brian, el caso continúa vigente en los medios de comunicación. La última entrevista a Eliana Passada y a Fernando Aguinaco, padres del adolescente, la hizo Clarín el 12 de noviembre de 2017.

 

LA NACIÓN 76 - CLARÍN 69

Los diarios que más notas publicaron sobre la muerte del menor fueron: La Nación (76) y Clarín (69). Sin embargo, la primera noticia no la brindaron dichos medios sino Infobae, al día siguiente de producido el hecho: “Motochorros balearon en la cara a un chico de 14 años en Flores: está grave”. La posterior muerte del adolescente, el reclamo de los vecinos por más seguridad ante la comisaría 38 del Bajo Flores y el debate por la baja de imputabilidad (ya que Brian fue asesinado por un chico de 15 años inimputable) hicieron que el caso tuviese gran repercusión mediática.

 

“Los medios nos trataron siempre de primera, con respeto. Sin ellos no se podría haber visibilizado el caso”, dice Fernando Aguinaco. Diferencia lo que le pasó a su hijo con el resto de los casos que no fueron tratados por la prensa. “A muchos padres les pasa que al asesino de sus hijos lo ven caminar por la puerta de sus casas todos los días. Ahora gracias a lo que pasó con Brian y a la gente que se sumó al pedido para que se baje la edad de imputabilidad –de 16 a 14 años-, pudieron mover sus causas y empezaron a aparecer en los canales de televisión”.

 

-Antes de lo que le sucedió a Brian, ¿te hubieses puesto a pensar en la modificación del régimen penal juvenil?

-Sinceramente no. Aunque veía los casos de delincuencia en la televisión, nunca pensé que iba a vivir una situación así y menos con un hijo. Nunca se está preparado para despedir a un hijo.

 

Fernando no consume mucha prensa. Solo cuando desayuna o cena mira los noticieros y en su lugar de trabajo lee notas en portales web. “Encontrarme con la noticia de Brian en los medios fue chocante. Ver una foto de él y mía en los diarios, salir yo en la prensa y que me hablaran del tema era muy incómodo”.

 

Las fotografías que tenía en su Facebook fueron publicadas por los medios, ya que su perfil era público. Por lo tanto, decidió ponerlo privado para resguardar las imágenes. No solo sintió el apoyo de los medios argentinos, sino también de los extranjeros. Y todavía hoy sabe que dispone de espacios para hablar de su hijo. “Cada vez que sucede un caso parecido al de Brian, los periodistas me llaman”.

 

Dos de cada tres noticias que aluden a la niñez y a la adolescencia están cruzadas por el tópico policial, según la Defensoría del Público.

 

Los chicos en la TV

Tanto las víctimas como los victimarios en las noticias policiales, son menores de edad. En el caso Brian el agredido y el agresor no superaban los 15 años. Dos de cada tres noticias que aluden a la niñez y a la adolescencia están cruzadas por el tópico policial, según la Defensoría del Público. Concluyó que, cuando se mencionan a los niños y adolescentes, es porque son los protagonistas de situaciones violentas. En dicho informe -“Guía para el tratamiento mediático responsable de la niñez y la adolescencia”- se analizan datos de los Monitoreos de Noticieros de la Televisión Abierta de la Ciudad de Buenos Aires desde el 2013. A su vez, un estudio realizado por la Asociación Periodismo Social y la Universidad Austral determinó que este tipo de casos atrae la atención de una mayor cantidad de público.

 

En el informe se analizó el tratamiento de la niñez y de la adolescencia en los principales noticieros televisivos argentinos. “La comunicación de las noticias sobre delitos que cometen los menores siempre es sesgada y responde a intereses unilaterales. Le ponen mucha atención a este tipo de conflictos porque la temática vende. Pero la reproducción de esos sucesos tiene un doble mensaje, plantear que vivimos en una sociedad violenta y que los chicos son cada vez más agresivos”, explica Lucas Grenni, abogado especializado en Derecho Penal y autor del libro "Justicia Penal y Medios de Comunicación".

 

Hay dos tipos de notas que involucran a la violencia en niños y en adolescentes cuando cometen delitos: el 90% son víctimas y el 10% restante se refiere a chicos acusados de delinquir. Según el trabajo de la Universidad Austral y de la Asociación Periodismo Social, se repiten las noticias tres veces más al aire cuando se trata de menores que son agentes de violencia que cuando involucran a chicos víctimas de la delincuencia. Estas últimas se desarrollan en cinco minutos mientras que las primeras pueden tardar más de 15 en la pantalla.

 

Se repiten las noticias tres veces más al aire cuando se trata de menores que son agentes de violencia que cuando involucran a chicos víctimas de la delincuencia.

 

Del otro lado, una audiencia consume la información que le brindan y esto permite, según Grenni, que se cree un imaginario colectivo de generalizaciones en donde “todos los menores son delincuentes” y “todos nosotros podemos ser víctimas”.

 

Robos versus homicidios

Los delitos contra la propiedad son los más comunes entre los jóvenes, según el Centro de Admisión y Derivación de Adolescentes en Conflicto con la Ley Penal de la Ciudad de Buenos Aires (CAD). Sus registros arrojan que la mayoría de los ingresos en el centro (53,5%) es por robos sin el uso de armas. De ese total, casi la mitad (44,6%) comete robo en grado de tentativa, es decir, no se consuma el delito.

 

En 2016 entraron seis adolescentes por homicidio doloso: dos de 16 años, tres de 17 y uno de 15. Este último, inimputable por su edad, es el acusado por el crimen de Brian. Una de las testigos de este caso, Celeste Rixner, dueña de la casa color verde, dice que “los adolescentes drogados roban todos los días” en el Bajo Flores. “No estaciono más el auto en mi cochera porque varias veces intentaron asaltarme. Una vez me puse a correr alrededor del auto mientras el ladrón me perseguía. Por eso tenemos un grupo de Whatsapp entre los vecinos para avisarnos si estamos llegando a nuestras casas o coordinar para lavar los autos en el mismo momento. Ese día tomamos las calles. Implícitamente les decimos a los que nos intentan robar que las calles son nuestras en ese rato”.

 

 

Los residentes del Bajo Flores fueron los que llamaron a los medios para que cubrieran el caso de Brian. “La prensa hizo una buena cobertura porque apenas les avisamos vinieron”. En diciembre de 2016, a través de las cámaras de televisión, el resto de la sociedad se enteraba de que la comisaría 38 estaba siendo tomada por los vecinos en pedido de justicia por el adolescente fallecido. Su padre, Fernando Aguinaco, confirma que siempre hubo arreglo entre los policías y los ladrones: “Me llegaron audios de policías, con nombres y rangos, que liberaban la zona”. La cúpula policial fue destituida.

 

Desde la “pueblada” –así lo llama Fernando– que hicieron los vecinos en la comisaría, se juntan una vez por mes allí para plantear las necesidades que tienen. Siempre piden por más efectivos que patrullen. “Pusieron más policías en las calles después de lo que le pasó a mi nene, pero igual siguen robando”, afirma Fernando.

 

Realidades paralelas

“El problema de las televisiones y, en general, de todos los medios de comunicación, es que son tan grandes, influyentes e importantes que han empezado a construir un mundo propio. Un mundo que tiene poco que ver con la realidad”, decía el historiador y periodista Ryszard Kapuscinski en el libro "Los cínicos no sirven para este oficio". Hace casi 30 años que el autor de "Ébano" y "El Emperador", entre tantos otros títulos, explicaba la situación de entonces y la que se ha prolongado y hasta profundizado en la actualidad.

 

Sucede que las personas perciben de los relatos de los medios una realidad distinta a la real. Los individuos se nutren de una prensa que le da un papel primordial a la delincuencia juvenil. De esta manera, se construye una opinión pública que señala a los chicos como el mal de la sociedad, mediante constantes repeticiones de esas noticias. Y, aunque la tasa de criminalidad de Argentina comparada con el ámbito internacional y regional está muy lejos de los países más peligrosos “parece que todo el tiempo hubiera muertos a nuestro alrededor”, explica Hugo Macchiavelli, periodista y cronista de judiciales del programa televisivo La Cornisa, algo que responde a lo que él considera “una mirada aumentada sobre los delitos que cometen los menores de edad”.

 

Macchiavelli cree que la repetición de noticias es como un “cartel luminoso” que se debe a la demanda social y al morbo. Cree que los medios supeditan lo que publican a lo que vende y, de esa manera, se equivocan. “Los medios deberían tener un rol más allá de las audiencias pero están pendientes del rating. Y a su vez la demanda popular afecta la producción de las noticias porque implica exagerarlas para atraer”. En estos tiempos en los que los productores televisivos prestan especial atención a lo que aparece en los demás canales, la reproducción de las mismas noticias es imposible de evitar.

 

Por esto es que todavía lo que sostenía Kapuscinski es aplicable: “Una cadena televisiva, o un periódico, no puede permitirse carecer de la noticia que posee su rival directo. Así, todos ellos acaban observando no la vida real, sino a la competencia”.

 

Ellos y nosotros

La atención que los medios masivos les dan a los menores de 18 años es llamativa. Los varones jóvenes que provienen de barrios marginales son señalados como sujetos peligrosos. La violencia es presentada como aliada de estos niños y adolescentes, en consecuencia, el riesgo aparente que representan genera miedo y lleva a que las personas tomen mayores precauciones.

 

Desde el lenguaje mismo los medios discriminan a los jóvenes de sectores vulnerables de la sociedad. Los catalogan como “pibes chorros”, “precoces delincuentes”, “precoces marginales” o “ladroncitos”. Y diferencian entre los menores que se encuentran en peligro y los que son peligrosos, mientras que los niños son los que no tendrían problemas, según el informe anual de Periodismo Social y Red Andi América Latina, que analizó a la prensa argentina.

 

Se instala “un discurso de construcción del delincuente como un sujeto diferente, distinto al ciudadano normal, en el que se potencia cualquier elemento que lo distinga del ciudadano medio”, según el libro "Malas Noticias", que estudia los medios de comunicación, la política criminal y las garantías penales en España. Sin embargo, no se cuestiona qué le pasó a ese individuo para llegar a delinquir. Aunque al momento de tomar esa decisión, la persona sabe que tiene tres finales posibles: morir, ser detenido o volver a su casa.

 

En esto concuerdan Fernando Aguinaco, papá de Brian, y Martín Bustamante, preso con interrupciones desde los 19 años –en ese entonces era menor de edad, ya que la mayoría era desde los 21-. “El Estado no tiene los medios para reinsertar a un adulto que delinque, menos capacidad tiene para reinsertar a un menor de edad”, dice Aguinaco. A quince cuadras de donde balearon a su hijo se encuentra el Instituto de Menores San Martín, de donde “se viven escapando” y “salen peor que cuando ingresaron”. La impotencia y el dolor indescriptible por la pérdida de su hijo lo consumen. “Tengo ganas de meterme en la villa y matar a todo el mundo. Le dije al abogado del chico que asesinó a mi hijo y al juez: ‘Si vuelve a aparecer el asesino por el barrio, lo cuelgo’”.

 

Al igual que Aguinaco, Bustamante considera que no existe el supuesto fin resociabiliazador que tiene la cárcel. “Me parece que aquel ‘re’ que se le pone a la palabra sociabilizar es un agregado del statuo quo. De qué sociedad me hablan si yo nunca estuve en otra sociedad que no fuera el mundo carcelario. En la sociedad en donde nací no me dieron herramientas para vivir de otra manera”. Se crió en José León Suárez, Provincia de Buenos Aires. En esa misma localidad bonaerense, se encuentra la Unidad Penitenciaria N°48. Allí cumple su condena de 16 años por robos reiterados.

 

Una tarde de verano, Martín escuchó a su mamá pedirle a su padre que le comprara botines al Negro -así es como lo llamaban-. Sin embargo, el papá de Martín le explicó a su mujer que si le compraba ese par de zapatillas, sus otros hijos no iban a tener qué comer. “Cursaba primer año del secundario y jugaba al fútbol para unos ´malandras amigos´. Un día me subí a un auto con ellos para ir a robar”. Aunque le dijeron que se bajara, él no se bajó.

 

Dentro de la cárcel Bustamante encontró su vocación: escribir. Gracias al taller de literatura que da Cristina Domenech, escritora y licenciada en Filosofía, en el Centro Universitario San Martín (CUSAM), creado por la Universidad Nacional de San Martín, Bustamante descubrió que la palabra libera. "El personaje del barrio y otros cuentos" (2014) y "Agua quemada" (2016) son los libros que publicó y presentó durante sus salidas transitorias. También dedica esas salidas para trabajar en barrios; su objetivo es ayudar a los chicos y así evitar que delincan. “Creo que en el CUSAM se despertó el espíritu colectivo de numerosas personas que quieren ayudar al otro. Todos los que estamos ahí damos una mano en nuestros barrios”.

 

La educación cambió su mirada del mundo y de él mismo. “Alguna vez creí que el delito era el único modo que había para vivir. No tenía opción”. Hoy se da cuenta que estuvo equivocado o se mentía a sí mismo porque “es muy difícil dejar de ser quien uno es para incursionar en algo en lo que no sabés cómo te va a ir”. El poeta considera que si los jóvenes tuviesen oportunidades no saldrían a robar: “Para que la gente nos vea y podamos tener una identidad, tuvimos que agarrar un fierro para decir ´existimos´, porque, sino, no nos prestaban atención. Recién nos vieron cuando les hicimos daño”.

 

No resolver la causa de la delincuencia

El derecho penal del enemigo plantea que siempre hubo un enemigo señalado como una persona distinta y seleccionado por el poder punitivo para recibir los castigos. El ex juez de la Corte Suprema de la Nación Argentina, Raúl Eugenio Zaffaroni, escribe en la Cuestión Criminal, que la noticia policial se magnifica. “El derecho penal del enemigo se enfoca en determinado momento en los pibes (…) que no es que comentan delitos graves, los homicidios de chicos menores de 16 años en el país no pasan del uno por ciento del total (…). Con respecto a los pibes, en general predominan hurtos y lo que pasa con los medios es que levantan el discurso policial”.

 

A su vez, la situación de los jóvenes indicados como violentos desmejora ya que no tienen voz en los medios, en consecuencia, hablan sobre la experiencia juvenil otros, que no son los protagonistas. “La voz del agresor en la prensa no aparece, sólo se publica el relato de la víctima y el de sus familiares porque es cómodo para el periodista. De esta manera no hay un compromiso con la historia real, ya que todo lo que dice la persona es incuestionable porque habla desde el dolor. Esto llevó a que se hagan modificaciones en las leyes penales por cuestiones mediáticas como el caso Blumberg”, dice el periodista y autor de historias policiales, Juan Carrá.

 

Juan Carlos Blumberg impulsó reformas en los tipos penales del Código Penal después del secuestro y asesinato de su hijo Axel. Lo que sucedió y sucede aún en Argentina es que funciona el derecho penal del enemigo. Se combaten los fenómenos mediante leyes más duras e inflexibles sin tener en cuenta otra alternativa para solucionar los conflictos. De esta manera, el derecho penal deja de ser la ultima ratio para convertirse en la primera medida que los gobernantes toman. Además, la presunción de inocencia pierde importancia ante la prensa, ya que los “juicios paralelos” que hace, señalan como culpables a los protagonistas de las noticias. Cuanto mayor es la exposición del caso, aumenta la creencia sobre la culpabilidad del imputado.

 

De esta manera, se invierte el principio de culpabilidad gracias a la sentencia mediática y a la falta de sentencia judicial. A esto se le suma que los medios y la sociedad hacen un juicio de valor sobre la manera en la que los jóvenes excluidos viven. Pese a la falta de sentencias firmes, se los presume culpables. Este derecho penal de autor (se castiga por cómo es la persona y no por lo que hizo) no parece tener fin. Todavía en el siglo XXI ser pobre es un estigma y la pobreza queda asociada, muchas veces, a la violencia y a la delincuencia.

 

En Argentina hay 12 millones de personas pobres que no pueden satisfacer todas sus necesidades básicas, según el indicador de Incidencia de la Pobreza y de la Indigencia correspondiente al primer semestre de 2017 realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). De ese total, que representa el 28,6% de la población, 6,2% además son indigentes y estos últimos no acceden a ningún bien o servicio esencial. El informe concluyó que el 42,5% de los chicos menores de 14 años es pobre, mientras que el 10,6% indigente. Es decir que casi la mitad de los niños desde que nace hasta los 14 carece de lo necesario para vivir. La cifra estremece, me estremece. ¿Dónde está el Estado para asegurar la igualdad de oportunidades a todos sus habitantes? Porque, al final de cuentas, lo que decía Marco Aurelio, emperador del Imperio Romano (161-180), cobra lógica: “La pobreza es la madre de la delincuencia”.

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