Sociedad • CONCURSO TEA 2017

Santa exclusión: el difícil camino de las mujeres a la canonización

Históricamente, la iglesia católica se ha resistido a la canonización de mujeres pero el amor popular por las santas inclinó la balanza en más de una ocasión. Santas oficiales y santas populares, la devoción no hace diferencias.

Andrea Molinas @andi_molinas , Rocío Wischñevsky @Rochiwy // Jueves 07 de diciembre de 2017 | 15:23

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Santa Gilda, la cantante de cumbia fue canonizada por la cultura popular.

“De la mujer, Dios siempre sospecha, porque se la asocia con la brujería y los pactos con el demonio”, declaró la Hermana Mabel Castán, presidenta de la Orden Franciscana Seglar en Argentina. Además, agregó que la Iglesia ha sido “más prudente” con las santas, por su “mirada patriarcal heredada del judaísmo”, la más antigua de las tres religiones monoteístas y de la cual derivan el Cristianismo y el Islam. Pero el pueblo no acompañó de manera constante la ortodoxia religiosa, ya que al popularizar a las santas, reivindicó la figura femenina.

 

En 2015 en Argentina surgió el movimiento femenino Ni Una Menos "para luchar contra la violencia machista" que sufren las mujeres y para decir "basta de femicidios". Hace tres años todos los 3 de junio miles de personas salen a las calles para pedir justicia, el reclamo se extendió a otros países de la región como Uruguay y Perú. La religión es una más de las instituciones donde la desigualdad y el prejuicio existió siempre. El historiador y profesor de la Facultad de la Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, Sergio Wischñevsky, aseguró que en la historia hubo muchos más santos que santas. Santa Wiborada fue la primera mujer canonizada en 1047 por el Papa Clemente II, 54 años después que el primer santo.

 

Fortunato Mallimaci, sociólogo investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) y profesor del seminario Sociedad y Religión en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, mencionó que las figuras que el pueblo apropia como santos son, por lo general, críticos a lo ya establecido y aportan una nueva perspectiva. A lo largo de los años hubo diferentes mujeres que fueron tan significativas para los pueblos que se las consagró en santidad, pero no siempre con el aval de la religión. Santa Clara de Asís, nacida en Italia en 1194, fiel seguidora de San Francisco de Asís, conocido por su oposición a la riqueza de la Iglesia, fue canonizada un año después de su muerte en 1254. Se la recuerda por haber sido la primera en escribir una regla de vida religiosa para mujeres, la cual se distanciaba de las reglas monásticas.

 

Santa Wiborada fue la primera mujer canonizada en 1047 por el Papa Clemente II, 54 años después que el primer santo.

 

No ocurrió lo mismo con Santa Juana de Arco, quien lideró el ejército que liberó a Francia de los Ingleses entre 1429 y 1430. En 1431 fue condenada a morir en la hoguera por ser considerada una hereje, medio siglo después la Institución católica legitimó su santidad gracias a la lucha de los franceses para que sea reconocida. La Hermana Castán detalló que el proceso de canonización es un “juicio realizado por teólogos”, el cual determina qué santos serán incluidos en el canon, pero no sin el previo registro de dos milagros efectuados por la persona en cuestión.

 

Otro requisito de la Iglesia católica para formar parte de la lista son las muertes mártires o trágicas, explicó Mallimaci. Lo que sucedió con diferentes figuras a lo largo de la historia es que primero fueron reconocidas como símbolos de santidad por el pueblo, la mayoría presentaban características similares como “la alegría, la sencillez y la proximidad con las clases humildes”.

 

En la provincia de San Juan, en 1840, durante las guerras civiles entre Unitarios y Federales, vivió Deolinda Correa. La leyenda sostiene que ella, junto a su bebé, intentó seguir a su marido que estaba enfermo y había sido reclutado por el ejército. A causa del hambre y la sed murió, pero su hijo pudo seguir amamantándose hasta ser encontrado por los lugareños. Al conocer su historia los paisanos comenzaron a peregrinar a su tumba y finalmente le construyeron un santuario. Cada año hay una cabalgata de miles de gauchos que le van a hacer una ofrenda a la Difunta Correa, nombre con la que es conocida por la creencia popular, contó el historiador.

 

Camino al norte de la provincia de Entre Ríos, el micro en el cual viajaba Myriam Alejandra Bianchi, conocida popularmente como Gilda, sufrió una embestida en la Ruta Nacional 12. La cantante murió el 7 de septiembre de 1996 junto con su madre, su hija, tres de los músicos y el chófer. Desde esa fecha sus seguidores construyeron un santuario en el lugar del accidente, donde se acercan a rendirle tributo. “Ella les hablaba de amor, de que no pierdan las esperanzas”, observó Lorena Muñoz, directora de la película Gilda, no me arrepiento de este amor, que se estrenó en 2016 y que retrata la vida de Bianchi.

 

Dejó su trabajo como maestra jardinera para abocarse a su pasión por la música, a pesar de no contar con el apoyo de su familia decidió seguir con su carrera como cantante. “Se hizo valer por su carisma y por su talento, no por su cuerpo”, contó Muñoz, con respecto a la estigmatización de la mujer en el mundo tropical, en donde predominaban los varones y Gilda supo tener un “estilo diferente”.

 

La cantante de cumbia fue considerada como santa y con poderes milagrosos mucho antes de su muerte, seguidores de diferentes partes del país llegaban a ella para pedirle que toque a sus hijos con el fin de curarlos o bendecirlos. El film refleja algunas escenas en las que se percibe la devoción de sus fans. “Hay mucha gente que cree que tiene poderes milagrosos, yo un poco también lo creo así”, declaró la directora.

 

Mallimaci comentó que cuando se trata de religión, es necesario analizar la temporalidad y que es común que la Iglesia católica “negocie” a su favor ya que siempre “necesita tener creyentes”. Con el paso del tiempo, la rigurosidad de la institución sufrió distintos cambios, entre ellos la inclusión y participación de las mujeres. “Pensar en la figura de la Virgen María en el catolicismo ya tiene, por sí mismo, un peso muy fuerte”, afirmó el sociólogo, en relación al mensaje que implica el rol de una mujer virgen concibiendo un hijo. Además, agregó, que en el futuro personajes como Gilda, podrían ingresar a la lista del canon, debido a que la Iglesia también tiene que adaptarse a las nuevas creencias para mantener a sus fieles.

 

 

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