Sociedad • Patrimonio arquitectónico

Mirar el pasado para conocer el presente

¿Cuáles fueron las bases sobre las cuales se alzó la Ciudad de Buenos Aires? ¿Qué tanto conocemos del lugar donde vivimos?

A. BRONZINI @AGOSBRONZINI // Miércoles 07 de febrero de 2018 | 17:45

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La Parroquia San Ignacio de Loyola se alzó en el Siglo XVII y es la más antigua de Buenos Aires. (Fotos: A. Bronzini)

Hoy en día hay más de 20 religiones representadas en la Ciudad de Buenos Aires.

Entre las Avenidas Santa Fe, Pueyrredón, San Juan y Leandro N. Alem se alza la mayor cantidad de monumentos que componen el casco histórico de la Ciudad de Buenos Aires. El relato político, social y económico de la vida de la Ciudad y su rol en la región está plasmado entre paredes resquebrajadas y ladrillos corroídos por el tiempo, que conviven con los ventanales pulcros de un sinfín de torres que cada día se alzan con más ímpetu. Pero lo que parte de la sociedad desconoce es que la construcción del centro urbano, desde el siglo XVI, estuvo delimitada por puntos que hoy pasan desapercibidos: las iglesias católicas.
   Con el colonialismo español llegó la evangelización católica al país, más precisamente a aquellas ciudades que, desde el Siglo XVI en adelante, cobraron importancia en las rutas de comercio. La principal fue la Ciudad de Buenos Aires. “Las iglesias, sus patios y atrios formaron parte de las primeras concesiones territoriales, que después fueron parroquias y hoy son barrios públicos y laicos. Con el aumento demográfico de la Ciudad, el casco histórico se amplió de forma exponencial y se debió construir más iglesias para albergar a la creciente cantidad de habitantes”, explicó la arquitecta Mónica Sanjurjo, quien trabaja en la Dirección General de Patrimonio del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires e integra la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.
   Si bien las construcciones arquitectónicas emblemáticas son, en su mayoría, católicas, el aumento de población en los siglos siguientes llevó a emplazar en la misma zona otros puntos de encuentro de religiones alternativas. “Con las numerosas corrientes migratorias, durante el período comprendido entre 1880 y 1930, distintas colectividades se fueron afincando en el centro de Ciudad de Buenos Aires y la convirtieron en el nodo fundacional más poblado del país”, detalló Sanjurjo. Hubo otras ciudades que se conformaron de manera similar, como Salta, Tucumán y Córdoba. Pero, aún así, el puerto de Buenos Aires hizo la diferencia. Actualmente, al menos 20 religiones están representadas en el corazón porteño: algunas de ellas son el Metodismo, el Ortodoxismo Griego, la Asociación de los Testigos de Jehová, el Judaísmo Ortodoxo, la Eparquía Maronita, el Evangelismo del Río de la Plata, el Metodismo Japonés, el Budismo y el Hinduismo.
   ¿Cómo conviven edificios tan antiguos con sus contrincantes modernos? “La Ciudad experimentó, en los últimos 30 años, un cambio notorio en su perfil urbano dada la aparición de edificios de altura. Esto ocultó a las iglesias y puso en riesgo a los bienes arquitectónicos. Por eso la mayoría de los templos están dentro del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (PCCABA)”, resaltó la arquitecta. Muchos de los históricos templos fueron restaurados y, además, existen leyes de protección al PCCABA tanto en el Código de Planeamiento Urbano -instrumento normativo que regula las intervenciones urbanas en la Ciudad- como en la Constitución Nacional. “La diversidad y abundancia de cultos es una característica de nuestra Ciudad que no sólo se volvió un atractivo turístico, sino que posee una fuerte importancia espiritual y cultural”, concluyó Sanjurjo.

Entre las avenidas Santa Fe, Pueyrredón, San Juan y Leandro N. Alem se alza la mayor cantidad de monumentos que componen el casco histórico de la Ciudad de Buenos Aires. El relato político, social y económico de la vida de la Ciudad y su rol en la región están plasmados entre paredes resquebrajadas y ladrillos corroídos por el tiempo, que conviven con los ventanales pulcros de un sinfín de torres que cada día se imponen con más ímpetu. Pero lo que parte de la sociedad desconoce es que la construcción del centro urbano, desde el siglo XVI, estuvo delimitada por puntos que hoy pasan desapercibidos: las iglesias católicas.

 

Con el colonialismo español llegó la evangelización católica al país, más precisamente a aquellas ciudades que, desde el siglo XVI en adelante, cobraron importancia en las rutas de comercio. La principal fue la Ciudad de Buenos Aires. “Las iglesias, sus patios y atrios formaron parte de las primeras concesiones territoriales, que después fueron parroquias y hoy son barrios públicos y laicos. Debido al aumento demográfico de la Ciudad, el casco histórico se amplió de forma exponencial y fue necesario construir más iglesias para albergar la creciente cantidad de habitantes”, explicó la arquitecta Mónica Sanjurjo, quien trabaja en la Dirección General de Patrimonio del Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires e integra la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad.

 

 

Si bien las construcciones arquitectónicas emblemáticas son en su mayoría católicas, el aumento de población en los siglos siguientes llevó a emplazar en la misma zona nuevos puntos de encuentro de religiones alternativas. “Con las numerosas corrientes migratorias, durante el período comprendido entre 1880 y 1930, distintas colectividades se fueron afincando en el centro de la Ciudad de Buenos Aires y la convirtieron en el nodo fundacional más poblado del país”, detalló Sanjurjo.

 

Hubo otras ciudades que se conformaron de manera similar, como Salta, Tucumán y Córdoba. Pero aun así, el puerto que posee Buenos Aires marcó la diferencia. Actualmente, al menos 20 religiones están representadas en el corazón porteño: algunas de ellas son el Metodismo, el Ortodoxismo Griego, la Asociación de los Testigos de Jehová, el Judaísmo Ortodoxo, la Eparquía Maronita, el Evangelismo del Río de la Plata, el Metodismo Japonés, el Budismo y el Hinduismo.

 

 

¿Cómo conviven edificios tan antiguos con sus contrincantes modernos? “La Ciudad experimentó, en los últimos 30 años, un cambio notorio en su perfil urbano dada la aparición de edificios de altura. Esto ocultó las iglesias y puso en riesgo los bienes arquitectónicos. Por eso la mayoría de los templos están dentro del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (PCCABA)”, resaltó la arquitecta.

 

Muchos de los históricos templos fueron restaurados y, además, existen leyes de protección al PCCABA tanto en el Código de Planeamiento Urbano -instrumento normativo que regula las intervenciones urbanas en la Ciudad- como en la Constitución Nacional. “La diversidad y abundancia de cultos es una característica de nuestra Ciudad que no sólo se volvió un atractivo turístico, sino que posee una fuerte importancia espiritual y cultural”, concluyó Sanjurjo.

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