Sociedad • CREACIÓN DE LA CHA

El inicio de un movimiento organizado

La Comunidad Homosexual Argentina vio la luz tras el retorno de la democracia y como respuesta a la necesidad de poner freno a las razias en las discotecas gay.

Ignacio Dunand @andydunand // Domingo 12 de noviembre de 2017 | 21:03

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Carlos Jáuregui y César Cigliutti en una actividad organizada por la CHA.

En septiembre de 1987 la CHA lanzó la campaña "Stop Sida". Volantes, conferencias de médicos infectólogos, sexólogos y psicólogos fueron algunas de las actividades que se impulsaron.

“Me planteé qué tipo de gay quería ser. Si me iba a conformar con la realidad o si iba a salir a pelear”, reflexionó Gustavo Pecoraro, miembro fundador de la CHA. Y tras una larga pausa, añadió: “Necesitábamos organización, pero estábamos decididos a hacernos oír”.
En 1984, en una asamblea de más de 200 personas en la discoteca Contramano, se fundó la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), la primera organización LGTBI posdictadura. Por votación se nombró a Carlos Jáuregui como su presidente, cargo que ocupó durante los primeros cuatro años de vida de la institución. Carlos fue elegido estratégicamente ya que contaba con vocación de líder: era profesor, tenía una voz grave, podía dar la cara públicamente frente a los medios de comunicación, con su nombre y apellido verdaderos. 
En ese contexto la CHA comenzó a hacerse pública. Cada acción discutida  exigía un enorme e imaginativo trabajo. Fueron los años donde todos los esfuerzos se volcaron hacia adentro de la propia comunidad. Todo en forma de voluntariado.
La participación de Carlos en los medios de comunicación fue una de las grandes diferencias de intervención pública, en relación con lo que se había realizado en la etapa anterior a la dictadura. En aquella solo había tenido trascendencia un artículo publicado en una revista sensacionalista, que incluía una entrevista a activistas del Frente de Liberación Homosexual (FLH), la mayoría de los cuales aparecían en imágenes difusas y ninguno con nombre y apellido. Había por fin, a través de la CHA, una persona homosexual que daba la cara, exponía su identidad y lideraba la lucha de toda la organización contra una realidad discriminatoria.
Un hecho emblemático de la visibilidad fue la portada de la revista “Siete Días” de abril de 1984, con la nota “Los riesgos de ser homosexual en la Argentina. La imagen de Carlos Jáuregui y un amigo, unidos por un abrazo amoroso, aparecía en primer plano en todos los quioscos de Argentina. Con este precedente, el 28 de mayo de 1984 en el diario Clarín y con el título «Con discriminación y represión no hay democracia», la CHA publica la primera solicitada y se presenta públicamente ante la sociedad. Era el fin de lo clandestino.
El 4 de julio de 1985, en un allanamiento policial a la discoteca Contramano, Carlos terminó en un patrullero y trasladado al Departamento Central de Policía por resistencia a la autoridad. La CHA se reunió de urgencia, contestando con abogados las denuncias. Mediante esa acción de arrojo, quedó aún más consolidada la conducción de Carlos. Sin embargo, quedaba aún un largo camino por recorrer. 
Frente a la amenaza del VIH-Sida y mientras el Estado especulaba con la identificación y posterior marginación de las personas con el virus, en septiembre de 1987 la CHA lanzó la campaña Stop-Sida. Volantes, conferencias de médicos infectólogos, sexólogos y psicólogos fueron algunas de las actividades que se impulsaron. En este marco y luego de un testeo masivo, Carlos Jáuregui es diagnosticado con SIDA. En numerosas notas periodísticas expresó que lo primero que hizo luego de haberse enterado fue llorar. 
La Inspección General de la Justicia (ICJ) otorgó la personería jurídica el 20 de marzo de 1992. Este fue el primer escalón en una cadena de avances a lo largo de los años siguientes.
Debido a internas en la organización, en 1991 varios activistas fundan, junto a Jáuregui, Gays por los Derechos Civiles (Gays DC). La realización de actos públicos de denuncia y el permanente trabajo y visibilidad a través de los medios de comunicación fueron una de las principales estrategias. Más tarde, y luego de acalorados debates, surgirían los deseos de llevar a cabo la Primera Marcha del Orgullo Lésbico Gay en Argentina.

“Me planteé qué tipo de gay quería ser. Si me iba a conformar con la realidad o iba a salir a pelear”, reflexiona Gustavo Pecoraro, miembro fundador de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). Y tras una larga pausa, añade: Necesitábamos organización, pero estábamos decididos a hacernos oír”.

 

En 1984, en una asamblea con más de 200 personas en la discoteca Contramano, se fundaba la primera organización LGTBIQ posdictadura. Por votación, se eligió a Carlos Jáuregui como presidente, cargo que ocupó durante los primeros cuatro años de vida de la institución. Fue elegido estratégicamente ya que contaba con vocación de líder: era profesor, tenía una voz grave, podía dar la cara públicamente frente a los medios de comunicación, con su nombre y apellido verdaderos.

 

En ese contexto la CHA comenzó a hacerse pública. La planificación de cada acción exigía un trabajo enorme y mucha creatividad. Fueron años durante los cuales los esfuerzos se volcaron hacia el interior de la propia comunidad. Todo en formato de voluntariado.

 

La participación de Jáuregui en los medios de comunicación fue una de las grandes diferencias de intervención pública, en relación con lo que se había realizado en la etapa anterior a la dictadura, cuando solo había tenido trascendencia un artículo publicado en una revista sensacionalista que incluía una entrevista con activistas del Frente de Liberación Homosexual (FLH), la mayoría de los cuales aparecían en imágenes difusas y ninguno con nombre y apellido. Había por fin, a través de la CHA, una persona homosexual que daba la cara, exponía su identidad y lideraba la lucha de toda la organización contra una realidad discriminatoria.

 

Portada de la revista Siete Días de abril de 1984. (Biblioteca LGTTB Oscar Hermes Villordo)

 

Un hecho emblemático para la visibilidad de la organización fue la tapa de la revista Siete Días de abril de 1984, con la imagen de Jáuregui y un amigo unidos en un abrazo amoroso, que aparecía en primer plano en todos los kioscos de Argentina. Con este precedente, el 28 de mayo de 1984 la CHA publicó la primera solicitada, en el diario Clarín y bajo el título "Con discriminación y represión no hay democracia", y se presentó públicamente en sociedad. Era el fin de lo clandestino.

 

El 4 de julio de 1985, en un allanamiento policial a la discoteca Contramano, Jáuregui terminó en un patrullero y fue trasladado al Departamento Central de Policía por resistencia a la autoridad. La CHA se reunió de urgencia, contestando con abogados las denuncias. Mediante esa acción de arrojo, quedó aun más consolidada su conducción.

 

Sin embargo, era todavía largo el camino por recorrer. Frente a la amenaza del VIH-Sida y mientras el Estado especulaba con la identificación y posterior marginación de las personas con el virus, en septiembre de 1987 la CHA lanzó la campaña "Stop Sida". Volantes, conferencias de médicos infectólogos, sexólogos y psicólogos fueron algunas de las actividades que se impulsaron. En este marco, Carlos Jáuregui fue diagnosticado con Sida. En numerosas notas periodísticas expresó que lo primero que hizo, después de haberse enterado, fue llorar.

 

Con Norma Aleandro en una actividad en respuesta al VIH (Fuente: Acá estamos)

 

La Inspección General de la Justicia (ICJ) otorgó la personería jurídica a la CHA el 20 de marzo de 1992. Este fue el primer escalón en una cadena de avances a lo largo de los años siguientes.

 

Debido a internas en la organización, en 1991 varios activistas fundaron, junto a Jáuregui, Gays por los Derechos Civiles (Gays DC). La realización de actos públicos de denuncia y los permanentes trabajos en pos de la visibilidad a través de los medios de comunicación fueron una de las principales estrategias. Años más tarde, y tras acalorados debates, surgirían las propuestas de llevar a cabo la primera Marcha del Orgullo Lésbico Gay en Argentina.

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