Sociedad • CONTEXTO: LA POSDICTADURA

Alfonsín y la promesa de una sociedad justa

La llegada de Raúl Alfonsín al poder trajo esperanza y planteó  nuevos desafíos a la militancia LGTB que, en la "primavera democrática", vio nacer y crecer su movimiento organizado y a algunos de sus referentes históricos.

Ignacio Dunand @andydunand // Domingo 12 de noviembre de 2017 | 19:17

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Durante el gobierno de Alfonsín, se fundó la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). (Foto: Télam)

En ese momento, la homosexualidad se encontraba en el listado de enfermedades mentales elaborada por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Con el triunfo de la Unión Cívica Radical (UCR) liderada por Raúl Alfonsín, el año 1983 marcó el inicio de una etapa democrática y de recuperación de la normalidad, tras los horrores ocurridos durante la última dictadura militar.

 

La creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y el auge de diversos organismos de derechos humanos revalorizaron la apertura de un nuevo ciclo político. Con este panorama, entre el período 1983-1986 surge en Argentina la llamada “primavera democrática”, que significó el destape para que se instalara la homosexualidad como tema de debate y discusiones.

 

La prensa argentina "levantó" artículos publicados en revistas internacionales como Times y Newsweek hasta el año 1986, cuando “la peste rosa” (como se llamó al Sida en sus inicios) ocupó titulares y páginas enteras. En otras palabras, el Sida introdujo la condena al concepto de homosexual.

 

 

Homosexuales contra Quarracino. (Fuente: Acá estamos)

 

Cabe destacar que, en ese momento, la homosexualidad se encontraba en el listado de enfermedades mentales elaborada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y, si bien desde 1973 la comunidad científica internacional no la consideraba una patología, recién el 17 de mayo de 1990 la retiró del listado. Esto, sumado a las declaraciones homofóbicas del entonces cardenal primado de la Iglesia Católica de Argentina, Antonio Quarraccino, quien sostenía que los homosexuales eran “una sucia mancha en la Nación”, fue clave para consolidar un estado de miedo en todo aquel que no fuese heterosexual.

 

“Todos pensábamos que, con la democracia, automáticamente íbamos a obtener derechos para nuestra comunidad. Estábamos muy equivocados”, afirmó César Cigliutti, activista y actual presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). 

 

En la década del 80, la avenida Santa Fe era el lugar donde se cruzaban miradas y seducciones; todas las salidas terminaban en Contramano, el boliche más popular del momento para el público gay.

 

La instalación del Sida como tema de preocupación y las continuas razias -a cargo de la División de Moralidad- contra integrantes del colectivo pusieron en estado de alerta a todos aquellos que frecuentaran estos espacios de encuentro.

 

“La policía nos llevaba detenidos a las comisarías simplemente por caminar una calle cualquiera. En ningún sitio había paz para nosotros; era común que se realizaran 'razias' en las discotecas y pubs. La Policía tenía el poder de imponernos los entonces vigentes edictos, en especial los incisos h) y f), que penaban el escándalo en la vía pública y el estar vestido con ropas del sexo opuesto. Otra maniobra persecutoria era detenernos por la ley de averiguación de antecedentes. Si sumábamos tres edictos en un año, íbamos directamente a la cárcel”, relató Cigliutti, que recuerda Contramano como el lugar donde conoció a quien después sería su mejor amigo y compañero de militancia, Carlos Jáuregui

 

Titular de Crónica en un contexto de miedo ante la aparición del SIDA. (Fuente: Acá estamos)

 

El nombre de Jáuregui resonaba en las fuerzas policiales a la hora de irrumpir en las discotecas. Sabían que se trataba de un hombre inteligente y que muchos lo consideraban un líder a seguir debido a sus ideas de conformar un movimiento organizado. Es por esto que, en palabras de amigos de Carlos, “él mismo se metía en las redadas para que lo apresara la policía; quería causar revuelo y ganarse la atención de los medios”. Después de algunos intentos, logró captar la mira de Clarín. Ese sería el puntapié inicial para que el colectivo empezara a cobrar visibilidad en el diálogo cotidiano.

El nombre de Jáuregui resonaba en las fuerzas policiales a la hora de irrumpir en las discotecas. Sabían que se trataba de un hombre inteligente y que muchos lo consideraban un líder a seguir, debido a sus ideas de conformar un movimiento organizado. Es por esto que, en palabras de amigos de Carlos, “él mismo se metía en las redadas para que lo aprese la policía, quería causar revuelo y la atención de los medios”. Después de algunos intentos captó la atención de Clarín. Ese sería el puntapié inicial para que el colectivo empezase a cobrar mucha más notoriedad en los medios y en el diálogo cotidiano.Con el triunfo de la Unión Cívica Radical (UCR) liderada por Raúl Alfonsín, el año 1983 marcó el inicio de una etapa democrática y de recuperación de la normalidad, tras los horrores ocurridos durante la última dictadura militar. La creación de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP) y el auge de diversos organismos de derechos humanos revalorizaron la apertura de un nuevo ciclo político. Con este panorama, entre el período 1983-1986, surge en Argentina la llamada “Primavera democrática”, que significó el destape para que se instalara a la homosexualidad como tema de debates y discusiones. La prensa argentina se dedicó a levantar artículos publicados en revistas internacionales como Times y Newsweek,  hasta el año 1986 cuando “la peste rosa” (así se llamó al SIDA en sus inicios) ocupó titulares y páginas enteras. En otras palabras, el SIDA introdujo la condena al concepto de homosexual.
Cabe destacar que, en ese momento, la homosexualidad se encontraba en el listado de enfermedades mentales de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y, si bien desde 1973 la comunidad científica internacional no la consideraba una patología, recién el 17 de mayo de 1990 la retiró del listado. Esto, sumado a las declaraciones homofóbicas del entonces Cardenal de la Iglesia Católica de Argentina, Antonio Quarraccino, quien sostenía que los homosexuales eran “una sucia mancha en la Nación”, fueron hechos claves para consolidar un estado de miedo para todo aquel que no fuese heterosexual.
“Todos pensábamos que, con la democracia, automáticamente íbamos a obtener derechos para nuestra comunidad. Estábamos muy equivocados”, afirmó Cesar Cigliutti, activista y actual presidente de la CHA. En la década de los ´80 la Avenida Santa Fe era el lugar emblemático de “yire”, donde se cruzaban miradas y seducciones, y todas las salidas terminaban en Contramano, el boliche más popular del momento para el público gay. La instalación del SIDA como tema de preocupación y las continuas razias a cargo de la División de Moralidad, a integrantes del colectivo, ponían en estado de alerta a todos aquellos que frecuentaran estos espacios de encuentro. “La policía nos llevaba detenidos a las comisarías simplemente por caminar en una calle cualquiera. En ningún sitio había paz para nosotros; era común que se realizaran “razias” en las discotecas y pubs. La Policía tenía el poder de imponernos los entonces vigentes edictos, en especial los incisos h) y f), que penaban el escándalo en la vía pública y el estar vestido con ropas del sexo opuesto. Otra maniobra persecutoria era detenernos por la ley de averiguación de antecedentes. Si sumábamos tres edictos en un año, íbamos directamente a la cárcel”, relató Cigliutti, que recuerda a Contramano como el lugar donde conoció a quién después sería su mejor amigo y compañero de militancia, Carlos Jáuregui. 
El nombre de Jáuregui resonaba en las fuerzas policiales a la hora de irrumpir en las discotecas. Sabían que se trataba de un hombre inteligente y que muchos lo consideraban un líder a seguir, debido a sus ideas de conformar un movimiento organizado. Es por esto que, en palabras de amigos de Carlos, “él mismo se metía en las redadas para que lo aprese la policía, quería causar revuelo y la atención de los medios”. Después de algunos intentos captó la atención de Clarín. Ese sería el puntapié inicial para que el colectivo empezase a cobrar mucha más notoriedad en los medios y en el diálogo cotidiano.

La comisión del Nunca Más

Cinco días después de asumir la presidencia, Raúl Alfonsín creaba la CONADEP, un equipo de personalidades distinguidas por su compromiso con los derechos humanos que investigó los asesinatos, desapariciones, torturas y otros crímenes ocurridos entre 1976 y 1983. Su trabajo sirvió como punto de partida para juzgar y condenar a los ex comandantes de ...

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