Sociedad • Ciudad

Los mercados municipales, testimonio de otra Buenos Aires

Entre la supervivencia y el florecimiento, estos espacios luchan por atraer nueva clientela mediante la diversificación de servicios y la tradicional oferta de alimentos frescos y de calidad.

Dolores Cuestas @lolicuestas // Lunes 04 de septiembre de 2017 | 17:30

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El Mercado de San Telmo, construido en 1897, es el más grande de los que aún subsisten. (Fotos: D. Cuestas)

La época dorada de los mercados barriales ocurrió durante las décadas del 40 y el 50. No sólo eran espacios que conglomeraban una gran diversidad de rubros (verdulerías, carnicerías, peluquerías, sastrerías) en tiempos en los que no existían los centros comerciales, sino que configuraban los barrios y las relaciones sociales entre vecinos, y el trato entre vendedores y clientes era familiar y amigable.

 

Con el regreso de la democracia y el posterior menemismo, estos históricos espacios comenzaron a atravesar una progresiva decadencia frente al auge de las cadenas de supermercados. Hoy son pocos los que se mantienen en pie, entre la resistencia y el renacimiento.

 

La situación general de los mercados comunitarios o de barrio es muy compleja. "Si no fueron ya convertidos en garages, canchas de fútbol 5 o demolidos, quedaron en el olvido para las nuevas generaciones y la cantidad de locales en funcionamiento disminuyó notablemente", explica con tristeza Julio Kader, peluquero y presidente del Consejo de Administración del Mercado Uriarte de Palermo, que con el correr de los años se fue convirtiendo en un gran depósito.

 

El Mercado de San Nicolás podría hasta pasar inadvertido frente a la inmensidad de los edificios de Córdoba y Callao, en el barrio de Balvanera. Hace unos años el Gobierno de la Ciudad redujo su predio y ahora tiene varios locales abandonados. Sin embargo, los vecinos concurren en busca de productos de calidad. “Siempre vengo. Acá nos conocemos todos, hay un trato familiar. Además, la calidad de los productos es muy buena y los precios accesibles, especialmente cuando se trata de carnes y verduras”, cuenta Hilda, vecina de la zona y fiel clienta del lugar desde hace 30 años.

 

No obstante, hay otra cara de la subsistencia: la modernización y el florecimiento. Unos pocos mercados van a contramano de la tendencia general. Es el caso del Mercado del Progreso en la esquina de Rivadavia y Del Barco Centenera, pleno corazón del barrio porteño de Caballito; también el del imponente mercado de San Telmo, en Estados Unidos y Defensa.

 

Son atracciones turísticas por su formidable arquitectura y por albergar en su interior antigüedades y todo tipo de objetos curiosos. “Hay algo especial en el hecho de trabajar en estos espacios. Sentís que formás parte de la historia del barrio y de una Buenos Aires más tradicional, y es importante que estos lugares mantengan ese espíritu”, plantea Glodier Biedma, artista y uno de los impulsores de la reapertura del histórico bar La Coruña en el Mercado de San Telmo, rebautizado como La Nueva Coruña.

 

La fidelidad de los "clientes de siempre", el trato humano, los precios más accesibles, la calidad de los productos y su fin último como espacios de reservorio de memoria y de cultura: todos estos motivos deberían llevar a que los mercados barriales sean revalorizados. “Mantengo la esperanza de que estos establecimientos refloten pero sin apoyo oficial es casi imposible, más en un nuevo contexto de crisis”, concluye Kader. Mientras tanto, los comerciantes deben buscar nuevas e ingeniosas estrategias para atraer a la clientela.

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