Sociedad • 13 años de la tragedia de República Cromañon

Caso cerrado, heridas abiertas

La noche del 31 de diciembre de 2004 murieron 194 personas en el incendio de un boliche de Once, durante el recital de la banda Callejeros. República Cromañón es desde entonces un símbolo de lo que puede suceder cuando se combinan la corrupción y la negligencia.

Pablo Zarnicki @PabloZarnicki // Sábado 30 de diciembre de 2017 | 08:01

Resaltar resumen
      
Enviar a un compañero/a
   
Imprimir
nota
   
Agrandar
Texto
   
Reducir
Texto
Las zapatillas blancas son el símbolo de las víctimas. La calle Bartolomé Mitre, a la altura del boliche, estuvo muchos años cerrada al tránsito después de la tragedia. Pese a la resistencia de los familiares, fue reabierta en marzo de 2012. (Foto: Tél

Hay hechos que por sus características, cuándo, cómo y dónde se producen, son totalmente inesperados. Son sucesos que quedan marcados en la historia de los pueblos. Son aquellos que algunos denominan cisnes negros, que nadie espera y llegan y se quedan para siempre. En la ciudad de Buenos Aires, el 30 de diciembre de 2004, se produjo una catástrofe impensada. Un incendio en un boliche bailable del barrio de Once causó la muerte de 194 jóvenes. 

 

Se creyó, o se quiso hacer creer, que se trató de un accidente. El paso del tiempo, paciente y sabio, las pruebas presentadas, los dichos de los sobrevivientes y tantos otros elementos demostrarían que se trató de una trampa mortal. Todo estaba dispuesto para que la muerte atrapara a cientos de jóvenes que fueron a disfrutar de un recital y se encontraron con lo que terminaría siendo “Cromañón”, una palabra que se convierte en sinónimo de muerte.

 

Luciano Mendive tiene 57 años, 13 más que el día de la tragedia. Cada vida es una historia, una familia, una particularidad. Estudios sociales calculan que por cada víctima de este tipo de tragedias se ven afectadas directa o indirectamente alrededor de 300 personas. 

 

Luciano no soñó ni en las peores de sus pesadillas lo que podría pasarle. El día del incendio, a las diez de la noche, disfrutaba de su pasión, el ajedrez, en el Círculo de Ajedrez Torre Blanca, en el barrio del Abasto. Luciano, padre de tres hijos, volvió a su casa alrededor de las diez y media. Minutos más tarde,la amiga de su hija Stefanía, Stefi Mendive, con quien había ido al concierto, llamó a su casa y avisó que el boliche estaba prendiéndose fuego.

 

Luciano salió sin pensar. No sabía ni dónde quedaba el lugar. Se subió a un taxi y le dijo al chofer que lo llevara urgente a un boliche llamado Cromañón, cerca de Once. Le cuesta recordar fielmente los hechos pero recuerda que, al llegar, el panorama era de una desolación absoluta: gritos, chicos corriendo de un lado para otro, jóvenes vomitando. Indescriptible, según sus palabras. Prefiere no volver a ese momento.

 

Stefi, de 16 años, estaba adentro del local. Su hermano mayor, en un acto de valentía, entró varias veces y rescató a cinco adolescentes. Más tarde se sabría que, de las 194 víctimas, varias habían muerto luego de haberse “salvado”. Habían logrado escapar de la trampa mortal pero, en el intento de rescatar a sus pares, quedaron atrapadas. Luciano no sabe mucho de la muerte de Stefi, solo que fue apenas a siete metros de la salida.

 

Una trampa mortal

“Ni queriendo se hubiera podido provocar semejante tragedia. Te digo más, fue un milagro que no murieran 2000 chicos”. Luciano cuenta con sus palabras lo que después se leería en los diarios: “El combo mortal estaba preparado. Realmente pudieron haber muerto miles. El recital empezó a la par de la venta de bengalas, parte del rito en esa época. Los jóvenes prendieron bengalas como de costumbre pero, en este caso, había 4500 personas en un local con capacidad para 1200. La puerta lateral de escape, indicada por el cartel de salida, estaba cerrada con candado. Las puertas principales también (los organizadores dijeron que era para que no se colara gente). La causa describe bien todo, pero imaginate que cuando se prende fuego, se corta la luz, la media sombra no era ignífuga y empezó un caos imposible de frenar. Tampoco había ningún plan de contingencia y tanto las ambulancias como la ayuda médica llegaron tarde”.

 

Luciano revive los momentos casi de memoria. Está de acuerdo con la mayoría de los fallos de la Justicia pero no puede entender cómo el Jefe de Gobierno de aquel entonces, Aníbal Ibarra, jamás estuvo imputado. Tampoco entiende el silencio del expresidente Néstor Kirchner frente a tanto dolor. 

 

El humo tóxico que causó la media sombra encendida por la bengala fue insoportable. Se cree que no hubo muertes por avalancha, la mayoría murió dentro del lugar o llegó muerta a los hospitales, intoxicada.

 

Tras la muerte de su hija, su vida se desmoronó. Ni él ni su mujer pudieron superar la situación y se separaron. Luciano estuvo bastante tiempo tirado en la cama, sin ganas de nada, hasta que vio en la televisión a un grupo de padres marchando para pedir justicia. “Qué hago yo acá, no puedo ser así de egoísta -se dijo-. Me levanté de la cama y no volví a tirarme. Empecé a luchar junto a otros papás”.

 

A Luciano le encantaría soñar con Stefi pero no lo consigue. Sin embargo, las veces que estuvo a punto de tirar la toalla y darse por vencido, apareció su hija en su mente y en su alma para recordarle que ella está, que siga para adelante.

 

A Luciano le encantaría soñar con Stefi pero no lo consigue.

 

Hoy sufre de dolores físicos de los que intenta curarse. De la espalda hacia abajo le molesta todo. Su nieto de quince años, hijo de una de las hermanas de Stefi, logró devolverle la sonrisa, al menos en parte.

 

La tragedia perdurará en el tiempo. No es una frase hecha, es la realidad: en los últimos 14 años, desde aquel día fatal, murieron muchos sobrevivientes y familiares. Muchos se suicidaron. De otros se dice que murieron por causas naturales, pero es casi imposible no relacionar estas muertes con el deterioro físico y mental provocado por tantos años de estrés y sufrimiento.

 

La causa

El incendio de República Cromañón tuvo su primer juicio oral en 2009, en el Tribunal Oral en lo Criminal 24. El fallo condenó, con distintas penas y carátulas a Omar Chabán, gerenciador del boliche; Raúl Villarreal, su mano derecha; Diego Argañaraz, manager de la banda Callejeros; Fabiana Fiszbin, ex subsecretaria de Control Comunal de la Ciudad, Ana María Fernández, ex directora de Fiscalización y Control; y Carlos Díaz, subcomisario, quien se desempeñaba en la seccional 7 al momento del incendio.

 

Resultaron absueltos los siete músicos del grupo Callejeros, el ex jefe de la comisaría séptima, comisario Miguel Ángel Belay,y Gustavo Torres, ex director adjunto de control comunal de la ciudad. Después de este primer juicio, ninguno de los imputados fue preso.

 

Tres años después del debate oral, la Sala III de Casación cambió la carátula “estrago doloso” a “estrago culposo”, un delito con menos pena. Revocó la absolución de los integrantes de Callejeros y los condenó. Los tres exfuncionarios fueron condenados por estrago doloso y se mantuvo el delito de cohecho.

 

En diciembre de 2012, la Cámara Federal de Casación Penal ordenó el inmediato cumplimiento de las penas para el exgerenciador de Cromañón, los integrantes del grupo Callejeros, el exmanager de la banda, los policías y los exfuncionarios porteños involucrados en las irregularidades.

 

Según Nilda Gómez, quien tras perder a su hijo Mariano Benítez en Cromañón se recibió de abogada, las condenas fueron adecuadas. Sin embargo no está de acuerdo con la carátula del crimen por no haberse aplicado el dolo eventual (el delito tenía todos los elementos para serlo), caso en el cual las penas hubieran sido mayores. Aun así, destaca que no hubo manera de que se probara la inocencia de ninguno de los victimarios.

 

Es interesante su descripción acerca de la responsabilidad sobre la masacre: “Para mí es como un triángulo equilátero: en cada vértice se pueden distribuir de manera idéntica a Chabán, Fontanet e Ibarra. Desde cada vértice vienen en cascada las responsabilidades del entorno de cada uno de los tres”.

 

A Gómez la indigna la situación del ex Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra y la protección política que, según ella, recibió: “Ibarra es el gran zafador, ya que si bien fue condenado públicamente y destituido de su cargo, la responsabilidad penal nunca lo alcanzó. ¿El motivo? La Justicia de ese momento estaba extremadamente ligada al partido gobernante e Ibarra era un bastión importante de ese partido en la Capital. De hecho, un tiempo después, apareció en todas las listas de ese partido”.

 

Enviando...
Comentarios
No se encontraron comentarios.

Facebook

Twitter