Sociedad • ADICCIÓN A LAS DROGAS: ¿Y EL ESTADO?

"Sabía lo que me producía, me gustaba y creí que lo iba a poder manejar"

Adultos y chicos abusan del consumo de sustancias que deterioran el cuerpo y entran en un círculo vicioso que lleva, casi siempre, a la degradación del ser humano. La recuperación es uno de los procesos más difíciles: arduo y sin fecha de llegada. Hablan un médico y un paciente.  

P. Martínez Rossi y D. Artaza // Miércoles 12 de abril de 2017 | 17:41

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La lucha para rehabilitar a un adicto puede llevar toda la vida.

El mundo de las drogas es un lugar del cual es muy difícil salir. Día a día, especialistas en salud y en contención buscan ayudar a aquellos que necesitan un empujón para empezar a ver la salida. Pero, ¿cómo funciona realmente la recuperación de los adictos? ¿Por dónde se empieza? ¿Hay un tiempo determinado de curación? ¿En qué consiste? Además de ser un trabajo que requiere suma dedicación, es recíproco: depende tanto de los médicos y psicólogos como de la propia voluntad del paciente, y la contención y el soporte que una familia -o quienes ocupen ese lugar- es fundamental para lograr buenos resultados.

 

Julio Garay, médico toxicólogo del Hospital Fernández y profesor adjunto de la cátedra de Toxicología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (M.N. 83.400), explica que generalmente los pacientes adictos son de policonsumo. Esto quiere decir que hacen asociaciones de alcohol con otras sustancias. “Las asociaciones más frecuentes son el alcohol con: anfetaminas, alucinógenos como el éxtasis y otras sintéticas como el GHV. La idea siempre es alcohol más asociaciones, explica Garay. A este dato es pertinente sumarle que las edades en las que comienza el consumo son muy bajas, lo cual hace aún más grave el grado de adicción. “10 u 11 años es la edad promedio en la que se comienza a consumir alcohol o la famosa bolsa de Poxirrán”, cuenta Garay.

 

Sobre esto, el Sacerdote José María Pepe di Paola, miembro de la Comisión Nacional de la Pastoral de Adicciones y Drogadependencia y además una de las caras de los Hogares de Cristo -centros de día de rehabilitación-, admite haber visto a niños consumir paco desde los 8 o 9 años, aunque aclara que “el ingreso más fuerte se da en la adolescencia porque es el momento más difícil y comprometido de la vida, cuando el chico necesita contención y acompañamiento”.

 

En cuanto a la edad en la que los adictos llegan a pedir ayuda, la psicóloga Daiana Maier, del Hospital de Salud Mental Especializado en Adicciones (CENARESO), afirma que los pacientes que asisten a tratarse voluntariamente son generalmente gente joven, de entre 18 y 45 años. En el Hospital Fernández el promedio es el mismo y, según Garay, también se ve gente de hasta 70 años aproximadamente, aunque en menor medida.

 

Si bien el médico afirma que la mayoría de los pacientes que entran a toxicología lo hacen por guardia (generalmente, gente encontrada en la vía pública que perdió el conocimiento, gente con algún cuadro violento, con excitación psicomotriz o adolescentes que salen de fiestas), también explica que hay muchas personas que entran por consultorio externo. Esto quiere decir que llegan específicamente a pedir ayuda para intentar dejar de consumir o, a veces, simplemente a ver que su salud esté bien, pero sin iniciar un tratamiento para la adicción.

 

El camino para estar mejor

A partir de que un paciente se acerca a pedir ayuda, ¿cómo comienza el proceso de recuperación? Maier explica que el primer paso es que la persona reconozca que tiene un problema y ahí recién se comienza a trabajar. “Depende de la voluntad, de las ganas de mejorar y del compromiso. Cuando no hay conciencia de enfermedad, no hay tratamiento posible”, opina.

 

Por su parte, Di Paola sostiene que lo primero es el acercamiento. “Hay que romper con ese miedo al adicto y esa idea de que es lejano. Primero hay que acercarse a él para después iniciar un camino de recuperación, que va a ser lento”, afirma.

 

El equipo que interviene en la recuperación del consumo de sustancias está compuesto por médicos, psicólogos, psiquiatras, asistentes sociales y un soporte externo al profesional que es el círculo cercano del paciente. “Lo primero que se hace es un examen clínico, luego se visita al psicólogo y psiquiatra periódicamente, y en un final los asistentes sociales”, explica Garay.

 

El rol del entorno

Hay un punto sumamente importante durante todo el proceso que no se apoya en el conocimiento científico: la familia. “Es elemental. Cuando hay gente atrás que apoya al enfermo es mucho más fácil. Por eso es importante fortalecer a la familia”, afirma Di Paola.

 

Sin embargo, en la mayoría de los casos, el entorno del adicto suele minimizar y hasta invisibilizar el problema, lo cual sólo lleva a agravar más la situación. 

 

Matías Bogado tiene 27 años y la primera vez que se drogó tenía 12. “Lo primero fue marihuana. A medida que transcurría el tiempo seguí con pastillas, Poxirrán y alcohol. Con la droga pesada empecé a los 15, y lo más fuerte que consumí fue cocaína”, revela.

 

Hace ya cuatro años que no se droga, y hoy ve a su familia como parte principal del problema. “Mi familia sabía que yo consumía. Ellos fueron parte. No culpables, pero estuvieron todo el tiempo al margen de lo que me pasaba. Además, también eran consumidores”, cuenta.

 

Durante la recuperación, se trabaja fundamentalmente con la familia. Di Paola expresa que, en muchos casos, se comienza a trabajar primero con el entorno y luego con el adicto. “Es muy importante que admitan el problema. A veces empezamos con ellos y no con los chicos. Lo mejor es cuando coinciden y vienen ambos, porque le da a los padres elementos para saber cómo manejarse y para no ser codependientes”, afirma.

 

Para el toxicólogo, la forma de vida de un adicto está abocada exclusivamente al consumo. “El individuo que es dependiente vive por y para la droga: mueve toda su vida para conseguir la sustancia. Piensa de dónde sacar la plata, analiza las cuestiones de riesgo para obtenerlas, con quién la va a consumir y dónde”, opina Garay. Y agrega: “Eso hace que no tengan proyectos de vida. Son muy pocos los que lo tienen”.

 

¿Cómo se entra en el mundo de la droga? ¿Por qué alguien elegiría este estilo de vida? Son muchas las dudas que se plantean quienes están ajenos a esta problemática.

 

“Muchas veces se busca tomar por el efecto mismo, ver qué efecto genera. También está la cuestión de la inmediatez, como los chicos que murieron en Costa Salguero. Al no tener un efecto inmediato, terminan mezclando, tomando más de una cosa y en muy alta cantidad”, resalta el médico.

 

Matías cuenta que no fue un solo factor el que lo hizo entrar en la droga. “Fueron muchas cosas que me pasaron en la vida, sobre todo cuestiones familiares. Sabía lo que me producía, me gustaba y creí que lo iba a poder manejar”, afirma. Además, analiza: “Creo que la mayoría de los que consumimos estamos en soledad. Algo nos faltó en la vida”.

 

Es por esta razón que Maier hace hincapié en los vínculos, que son primordiales en la recuperación de las personas para transitar un proceso tan difícil. “En el hospital buscamos reforzar los vínculos y el sostén de las actividades que hacen a la vida diaria de la persona”.

 

El tiempo que tarda una paciente en recuperarse es relativo. “No hay un patrón de tiempo. Hay gente que está mucho tiempo sin consumir y después de años, recae. También hay personas que nunca dejan de tomar. La cura de un adicto puede llevar toda la vida”, explica el médico de la UBA.

 

Consecuencias del consumo

Para Di Paola, la principal consecuencia es que, de a poco, las drogas se van naturalizando. “Se ve al consumo como algo necesario. Se prepara en fiestas y en juntadas, como si fuera parte de la felicidad”, reflexiona.

 

¿Y la consecuencia a nivel personal? Principalmente, aislamiento. Matías afirma que la droga le hizo “perder todo”. “Perdí a mi familia, mi trabajo y casi pierdo mi vida”, lamenta.

 

Todas estas cuestiones dejan claro que el problema de las drogas debe dejar de verse como individual para pasar a tratarse como una cuestión social en la que el Estado debe intervenir con políticas de prevención, regulación y recuperación.

 

El rol del Estado

Si bien existen entidades como la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) que buscan hacerle frente a las drogas, el Sacerdote Di Paola opina que el problema fue dejado de lado hace mucho tiempo. “El Estado ha mirado para otro lado. Hace 40 años que Argentina niega el problema y ha dejado que entrara en narcotráfico en el país”, critica. Y completa: “No se hizo nada para la recuperación”.

 

En esta misma línea, explica que lo que más dificulta la lucha contra las adicciones es la indiferencia y complicidad del Estado, dos cuestiones que van de la mano. “Intentás sacar a un chico de la droga y atrás viene una publicidad contra la liberación de la marihuana. El ambiente se hace cada vez más difícil”, expresa.

 

¿Y las fuerzas de seguridad? Para Di Paola, el accionar de la policía y su -frecuente- complicidad en el tráfico de drogas es consecuencia de un mal manejo estatal. “Las fuerzas de seguridad han sido parte porque están dirigidas por los políticos. Es cuestión de conveniencias. De todas maneras, no hay que generalizar y poner a todos en la misma bolsa”, aclara.

 

Como explica Garay, la recuperación de un adicto es una lucha constante y puede llegar a durar toda la vida. Ayudar a que estas personas tengan un proyecto de vida y mostrarles que se puede es uno de los mayores impulsos según cuenta el sacerdote. Matías Bogado tiene claro el mensaje: “Al chico que está empezando a consumir le diría que la vida es linda, que la aproveche y vivirla estando lúcido es mejor”.

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