Sociedad • Reinserción social

"Me recibí de chef y logré estar 17 años sin robar ni drogarme"

Eric “el cocinero”, como lo conocen en su barrio, logró salir de la delincuencia y de las drogas. Hoy trabaja recibiendo a chicos en situación de calle y en consumo de paco.

Patricio Martínez Rossi // Jueves 20 de abril de 2017 | 16:52

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"Me llena el corazón que los pibes le pidan al Sacerdote que sea su cocinero en retiros espirituales", resalta Eric, en el centro de la imagen. (Foto: H. Di Renzi)

Con una personalidad tan fuerte y dura como su historia, Eric es el encargado de recibir a jóvenes y adultos en situación de calle y en consumo de drogas psicoactivas que se acercan al Hogar de Cristo en la Villa 31, lugar donde trabaja como referente y acompañante para poder brindarles una ducha, desayuno, almuerzo y palabras de aliento para salir adelante.

 

Hace cuatro años que se alejó de la delincuencia y el consumo de drogas. Hoy utiliza la experiencia que le dejó su pasado de mala vida y la pone al servicio de los más vulnerables.

 

En el momento de recordar su paso por Puerto Chingote, Perú, lugar donde nació, se muestra sensible y pensativo. “De chico era buen alumno, responsable y siempre me gustó destacarme en el colegio. Mis padres me ubicaban en su vida como un ejemplo. Pero durante el secundario comencé a juntarme con gente que no debía y, por querer estar con lo que se creen más vivos, empecé a robar”, cuenta Eric.

 

“Estuve un año y ocho meses preso en Perú, mi familia ya no soportaba más la vida que había elegido llevar y hasta mis hermanos se pusieron en mi contra. Entonces decidí venir a Argentina, porque tenía un amigo que vivía acá y me recibía en su casa”, explica.

 

La llegada a la Argentina

En su llegada al país, eligió Rosario para hacer un cambio en su vida. “En Perú tenía todo servido porque mi familia me bancaba, pero cuando llegué acá y me di cuenta de eso, comencé a trabajar, me recibí de chef, tuve dos hijas y logré estar 17 años sin robar ni drogarme”.

 

Después de tantos años sin delinquir, volvió a caer en las drogas, lo que luego lo llevó a la delincuencia: “En 2008 me vine para Buenos Aires porque no quería que la gente que me conocía me viera mal. Cuando llegué a la Villa 31, me encontré con amigos de Perú que delinquían conmigo y todo volvió al oscuro pasado”.

 

Pero siempre en la vida hay una revancha. Fue así que un compañero que vivía en calle con él y había hecho un proceso de rehabilitación lo invitó a darse una oportunidad: “De repente, mi amigo desapareció. Pensé que estaba en cana o muerto, pero volvió a los dos años cambiado en cuanto a físico y actitud. Eso me sorprendió y empecé a venir con él al Hogar. Fue entonces cuando tomé la decisión de hacer un cambio nuevamente en mi vida”.

 

Eric describe su actual vida como un cambio lento, que logra paso a paso. Junto a los curas villeros empezó a ayudar a los demás. “Siempre me gustó preocuparme por el prójimo antes que por mí. Estar al servicio de los más necesitados me hizo sentir bien y aprendí a valorar todo lo que yo podía regalar”. Cuenta que la confianza, el acompañamiento recibido por parte del equipo del hogar y que no se lo haya prejuzgado por su pasado hace que hoy pueda pararse ante la vida de una manera distinta y así poder hacerse cargo de las actividades que le asignan.

 

Se muestra orgulloso de participar en distintas tareas que realiza junto a los curas y admite que se siente satisfecho y feliz cuando los vecinos del barrio lo reconocen por esto. “Me llena el corazón que los pibes le pidan al Sacerdote que sea yo el que los acompañe y sea su cocinero en retiros espirituales y convivencias”.

 

Emocionado, reconoce que tiene una larga tarea por delante, que hay muchos jóvenes que hoy están por el mal camino y que es parte de su objetivo ayudar a cambiar esa realidad: “Me da tristeza ver a estos pibes así, porque sé que crecieron en un contexto que no los ayuda, y ahí es donde nosotros tenemos que estar”.

 

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