Sociedad • Perfil

Marta Gómez: la leona

La directora del movimiento Madres en Lucha Contra el Paco es una peleadora que día a día trabaja para combatir las adicciones entre los jóvenes.

Valeria Presa // Lunes 13 de febrero de 2017 | 19:45

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Aunque perdió a su hijo hace unos años, Marta Gómez no corre el cuerpo y sigue buscando mejorar la vida de cientos de chicos y chicas. (Foto: Facebook)

En La Boca, en 2005, ya comenzaba a murmurarse sobre el paco, una sustancia elaborada con los restos de la cocaína y similar al crack, que provoca un efecto tan breve que genera una rápida dependencia. Las madres del barrio, cuando vieron que esta droga estaba matando a los más chicos, y que también había problemas en otras villas, empezaron a interiorizarse sobre la sustancia y a buscar soluciones.

 

El paco es de muy bajo costo, por eso según Marta Gómez, hoy directora del movimiento Madres en Lucha Contra el Paco, impacta en los barrios más pobres. El gran problema de esta sustancia es que, a diferencia de otras drogas, causa daños irreversibles en muy poco tiempo. Gómez participaba en una organización que se llamaba “Comedor Los Pibes”, un espacio político y social. Allí fue donde ella, cansada de atestiguar la adicción de uno de sus hijos, presentó su problema ante la mesa directiva. “El directivo me dijo que me haga cargo y entonces comenzamos a patrullar las calles del barrio por las noches con algunas otras madres”, dice Marta. “Los mismos pibes nos pedían ayuda”.

 

Aunque comenzaron siendo tan solo tres madres, a la hora de hacer y combatir siempre fueron para adelante. “Hicimos un primer encuentro en Puerto Pibes con jóvenes y organizaciones sociales, de ahí salieron como conclusión algunos puntos fundamentales para tener un eje principal respecto de cómo ayudar a las madres y a sus hijos, cuenta.

 

Aunque recibieron la ayuda de profesionales, lo que siempre impulsó hacia adelante su organización fue la desesperación por ayudar a sus propios hijos y a otros chicos, la necesidad urgente de sacarlos de la adicción. “Es una droga de exterminio que venía por nuestros pibes, los más vulnerables. Muchos chicos nos dijeron que consumían para no tener hambre”.

 

En 2007, durante una reunión con el diputado Daniel Filmus, Marta pidió que se le acercara una carta a la ex presidente Cristina Fernández, en la que manifestaba su deseo de invitarla al comedor para poder contarle sobre su lucha. CFK se acercó y el comedor recibió a más de 40 madres de distintos lugares con el mismo problema. La ex presidente estuvo más de tres horas, demostró todo su apoyo, y se fue entendiendo que el paco es una droga mortal.

 

Durante la presidencia de Cristina, Marta cuenta que dieron un salto político muy grande ya que podían tener comida todos los días, trabajo y ayuda. “A partir de ahí, nos reunimos con las madres de Uruguay, en agosto de ese mismo año. Ellas hacían denuncias y marcaban con el dedo los kioscos de venta. Nosotras en cambio trabajábamos con el chico y no denunciábamos para no exponerlos”, añade.

 

Cerca del 2009, Sergio Torres, juez del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal N° 12, conoció a Marta en el marco de una causa de tráfico de droga. El juzgado tiene más de 400 investigaciones hechas, 10 millones de dosis de paco y muchísimas armas secuestradas. “Una de las circunstancias que nos une con las Madres en Lucha contra el Paco es la casa 305 de Villa Mitre, que nosotros dimos a ellas con un valor simbólico adicional, porque ahí se vendía droga y ahora es un lugar de contención”, explica Torres. La organización bautizó aquella casa Cambiando la historia. “Marta trabaja y está comprometida con la adicción, la recuperación, la contención de la persona que consume; nosotros nos ocupamos de la parte judicial en la que ella no tiene participación. Es una luchadora, una madre”.

 

En enero de 2013, la directora del movimiento perdió a su hijo en un accidente de moto por estar intoxicado. “Yo ya lo había sacado de su adicción, se había puesto a trabajar, se encargaba de sus dos hijas, había cambiado. Lo que pasó en el accidente me sorprendió”, explica Marta. Después de ese duro golpe en su vida, asegura que todo lo sucedido la fortalece para seguir adelante.

 

En la puerta de la casa de Villa Mitre hay dos efectivos de la Gendarmería desde 2014, cuando una banda de narcotraficantes destruyó el lugar. “Nunca nada me asustó, el miedo te paraliza. Yo sé dónde estoy parada”, dice Marta, y aunque más de una vez fue amenazada, reflexiona: “Si no hago nada, paso a ser cómplice de la situación y estaría dejando morir a los pibes”.

 

Hoy en día concurren alrededor de ochenta chicos a la fundación. El paco es consumido por personas cada vez más jóvenes. “Ahora vienen madres de nenes de ocho años, porque ya a esa edad están consumiendo”, cuenta Gómez. “Dirigir una organización no es fácil, se te presentan muchos problemas frente a los cuales tenés que salir sonriendo. Es difícil pero yo digo que todo se puede; si lográs sacar una sonrisa a un chico para que esté en mejores condiciones, tu trabajo es válido, y eso es lo que a mí me llena”.

 

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