Sociedad • Salud

Tres curas para las adicciones

Juan Carlos Molina, José María “Pepe” Di Paola y Hernán Cruz Martin tienen en común algo más que ser sacerdotes. Los tres están abocados al trabajo con la juventud en riesgo por el consumo problemático de drogas. Desde sus distintos matices ideológicos y diferencias políticas, brindan un análisis del escenario que actualmente atraviesan el consumo, las adicciones y el narcotráfico en Argentina.  

Juan Ignacio Blando // Jueves 09 de febrero de 2017 | 17:04

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Molina, Di Paola y Martín trabajan con usuarios problemáticos de sustancias y se han convertido en referentes en el tema.

“¿Por qué no podemos pensar en una sociedad que no tenga drogas? ¿Somos incapaces de imaginar a una persona feliz sin llegar a drogarse?”, se cuestiona José María Di Paola, más conocido como padre Pepe, cuando habla sobre su trabajo cotidiano. Su labor con los sectores más necesitados de la sociedad lo acompañó desde que inició el sacerdocio. En las villas trabajó en paliar los efectos de las adicciones y el narcotráfico en los jóvenes y llegó muy lejos. Tan lejos que, en 2011, lo tuvieron que enviar a Campo Gallo, Santiago del Estero, porque su vida corría peligro luego de haber recibido numerosas amenazas.

 

“¿Ese chico está con nosotros?”, consulta Pepe a una de las colaboradoras. La pregunta no está de más, todo el tiempo hay movimiento en la parroquia San Juan Bosco, del barrio La Cárcova. Dentro del templo no suenan de fondo los cantos gregorianos, como suele ocurrir en las iglesias. Un griterío constante de niños que corren y juegan es la cortina musical. “Liberación o dependencia son gritos que parecen haberse olvidado”, reflexiona Pepe. “Nosotros no nos olvidamos, lo resignificamos. Se trata de liberar a los chicos de la atadura que implica ser dependiente de una sustancia”.

 

 

“¿Quiénes integran el entorno del pibe que viene con problemas de adicciones?”, cuestiona el Padre Juan Carlos Molina, titular del Sedronar de 2013 a 2015. “Si el entorno es el perro, entonces aprendamos a ladrar”. El ejemplo ilustra el modelo que intentó promover desde la secretaría, donde se buscó privilegiar la contención de la persona y alejarla de lo que sería un modelo de rehabilitación.

 

Molina, quien actualmente continúa su trabajo desde las distintas casas de la Fundación Valdocco, tiene un balance positivo de su gestión porque entiende que se hizo una gran labor territorial. “Trabajamos mucho la reducción de daños. ¿Qué le vas a decir a un adolescente que va a bailar?, ¿no consumas? Fuimos los primeros en repartir agua en fiestas electrónicas y tener un stand donde los pibes se podían atender e informar”, recuerda el sacerdote.

 

Cuando en la juventud Hernán Martin entró un día a su habitación, una duda existencial lo invadió. Su infancia había estado marcada por la práctica del canotaje y las medallas que había obtenido decoraban su pieza. Luego de una experiencia misionera sintió que tenía demasiado. “Todas estas medallas que gané para mí, ¿qué fruto me dan?”, se cuestionó y recuerda que inició una búsqueda para dar sentido a su vida. Esta búsqueda lo llevó a ordenarse sacerdote en la Obra Don Orione y trabajar doce años en México y siete en Argentina, más precisamente en Claypole, zona sur del conurbano bonaerense.

 

Quizás esa misma búsqueda lo orientó, 27 años más tarde, a posar su mirada en el trabajo del padre Pepe e imitar su modelo de “Centros barriales de prevención”. Recién está iniciando su proyecto, el 17 de octubre pasado se abrió el Hogar de Cristo Don Orione. Con su mirada cargada de ilusiones, es muy probable que en la cabeza del padre Hernán resuenen las palabras que le dijo la fundadora de “Madres contra el paco”, Silvia Alcantara: “Te estás metiendo con los últimos de los últimos y esta es una opción de por vida”.

 

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