Sociedad • Historia de vida

"Escribir nos hace más iguales en un mundo desigual"

Mientras cumple una condena por robos reiterados, Martín Bustamante ha logrado publicar y ser reconocido como escritor. Sus orígenes, el presente y los objetivos que se plantea.

Ángela Cassini // Lunes 06 de febrero de 2017 | 17:01

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Bustamante ingresó a la cárcel por primera vez en 2005. A principios de 2016 se publicó su segundo libro. (Foto: captura de Youtube)

“En los barrios donde uno se ha criado, decir que sos escritor es como decir que sos un maricón. Yo siempre oculté mi pasión, mis ganas de escribir".

“Los poderosos le temen al arte cualquiera sea su forma, y esa forma de arte encuentra un sentido que las atrocidades no encuentran, un sentido que nos une, pues al fin y al cabo, es inseparable de un acto de justicia. El arte, cuando obra de ese modo, se vuelve un espacio de encuentro de lo invisible, lo irreductible, lo imperecedero, del valor y del honor”, dice John Berger en su texto “Mineros”.

 

Hace once años, Martín Bustamante fue condenado por robos reiterados. Pasó dos en el penal de Campana antes de que lo trasladaran a la Unidad Penitenciaria N°48 de José León Suárez, donde descubrió el mundo de la poesía en los talleres de escritura de Cristina Domenech. Hoy tiene dos libros publicados y es reconocido como escritor. “Yo le escribo a la vida. Es una demanda al sistema, al mundo y a la soledad”, expresa Bustamante durante una lectura en el Bachillerato Popular La Esperanza, de José León Suárez, en una de sus salidas transitorias de la cárcel.

 

Bustamante escribió toda la vida, desde que era niño, pero tuvo que ocultar esa parte de sí mismo para ser aceptado por sus pares. “En los barrios donde uno se ha criado, decir que sos escritor es como decir que sos un maricón. Yo siempre oculté mi pasión, mis ganas de escribir. Escribía para contar mis amores, mis desamores, mi soledad. Pero escribía y rompía”, recuerda.

 

Cuando entró a la cárcel por primera vez en 2005, sintió que sus días de escritura habían terminado. Pero no tardó en entender que escribir es parte de su esencia, algo de lo que nunca se va a separar: “Empecé a mirar los muros pensando que en cualquier momento lo iba a tener que soltar, hasta que un día me di cuenta de que me estaba mintiendo a mí mismo, que nunca iba a poder soltarlo”.

 

Bustamante terminó la secundaria en la Unidad Penitenciaria N°41 de Campana y luego fue trasladado al complejo de José León Suárez. En un principio -como suele ocurrir con la mayoría de los presidiarios-, su intención de estudiar estaba directamente relacionada con el hecho de acortar su condena y estar un paso más cerca de la libertad. “La única manera de acercarme al portón era ponerme a estudiar, por lo menos para irme un día antes”, confiesa.

 

Al llegar a la cárcel de José León Suárez quiso continuar sus estudios a nivel universitario y se encontró con los talleres de poesía dictados por la escritora y filósofa Cristina Domenech. Su mundo -como el de muchos otros- cambió por completo al conocer este nuevo lenguaje, el de la liberación y el cambio: “Cuando conocí a Cristina me peleaba mucho con ella, defendiendo mi letra, hasta que descubrí la metáfora y me dejé enseñar. Me di cuenta de que se podía decir las cosas de una manera sutil pero que pegue mucho más”.

 

Con el trabajo en los talleres, comenzó a ganar confianza en su escritura y a bucear en nuevos mundos literarios. “Es como una isla de libertad, y los talleres son el oxígeno de esa isla. Que leas una poesía y puedas viajar a algún lado, donde sea, pero que sea tuyo, para mí es suficiente, resume. Escribir lo llevó a querer cambiar no solo su realidad sino también la de otros, y a querer compartir su experiencia: “Uno está haciendo un sendero que no sabe a dónde va a llegar, pero que quizás ayude a otros a crear los propios”.

 

Bustamante publicó dos libros, "El personaje del barrio y otros cuentos" (2014) y "Agua Quemada" (2016), una compilación de sus poemas que sacó la editorial independiente Lamás Médula. “Nunca pensé en escribir un libro. Cuando me dijeron que mi material estaba para ser publicado me reía, no tenía mucha expectativa. Lo que me gusta es que la gente se asombre”, expresa con orgullo.

 

Durante sus salidas transitorias le gusta ir a diversos lugares a leer y compartir sus poesías. Una de sus lecturas más recientes se realizó en el bachillerato popular La Esperanza, de José León Suárez, donde las personas tienen la oportunidad de terminar sus estudios y seguir aprendiendo. “Escribir nos da una voz para poder expresarnos y ser reconocidos, nos hace más iguales en un mundo desigual. Nadie elige dónde nace, nadie elige nacer. Es una herramienta para que la vida dé otra oportunidad, una que muchos nunca antes habrán tenido, para elegir una lapicera para escribir poesía y no un fierro para robar algo”, asevera.

 

Uno de los objetivos de Bustamante es enseñar narrativa y poesía, y trabajar con adolescentes en situaciones difíciles, para que los chicos de barrios carenciados y marginales vean que también pueden cambiar su realidad y armar su propio camino, como lo hizo él. “Lo que busco es ponerles la lapicera en la mano, porque quizás nadie más les haya dado esa oportunidad”, finaliza emocionado.

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