Sociedad • 13º Encuentro Nacional de Mujeres

Prostitución: el debate dentro del feminismo

Dentro del movimiento feminista, la postura con respecto a la situación de las trabajadoras sexuales no es uniforme. ¿Reglamentación o prohibición?

Matias Rosujovsky // Sábado 08 de octubre de 2016 | 04:22

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El reclamo de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas (AMMAR) es la regulación del trabajo sexual. (Foto: Télam)

La discusión sobre el rol que debe tomar el Estado con respecto a la prostitución o el trabajo sexual genera opiniones divididas dentro del movimiento feminista: de un lado está la postura reglamentarista, que reclama la regulación de la actividad; del otro, las abolicionistas sostienen que no es un destino laboral. Ambas debaten si la actividad debe o no ser considerada un trabajo.

 

“Queremos que el Estado argentino reconozca el trabajo sexual como tal, que modifique el monotributo agregando la categoría trabajadora sexual autónoma y, de esa forma, nosotras podamos aportar con el trabajo que ejercemos”, dice Georgina Orellano, titular de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas (AMMAR), que es reglamentarista.

 

Desde 1995, AMMAR forma parte de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), según su estatuto, con el objetivo de “defender los derechos humanos y laborales de las Trabajadoras Sexuales de la Argentina”. Desde entonces, AMMAR reclama al Ministerio de Trabajo ser reconocida como sindicato, para poder garantizar a sus más de 6.000 afiliadas derechos laborales, como el acceso a obra social y jubilación.

 

Para Orellano, el trabajo sexual ejercido de forma voluntaria y sin que nadie se quede con un porcentaje de las ganancias “no contempla delito alguno pero, a su vez, tampoco está permitido”. En efecto, la ley no penaliza la prostitución, sino el proxenetismo y la trata de personas. Según Orellano, los lugares donde ella y sus compañeras pueden ir a ofrecer sus servicios “están todos criminalizados”.

 

Por más que el Código Penal permite dicha actividad, para quienes la ejercen en la vía pública hay, en 18 provincias, artículos contravencionales y de faltas que implican, en el caso de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, una multa, y en las restantes, detenciones de 21 a 30 días.

 

Cuando el trabajo sexual se ejerce puertas adentro, la situación empeora por las inspecciones de la Agencia Gubernamental de Control. Los inspectores ingresan a los domicilios particulares pidiendo la habilitación, clausuran el lugar y aconsejan encuadrar la actividad en una legal.

 

“Cuando vamos a hacer el trámite a la Agencia Gubernamental de Control, nos encontramos con que no existe un encuadre, dado que nuestra actividad no es legal, y lo más parecido es la casa de masajes, que también ofrece servicios personales directos, cuenta Orellano. “Entonces, las compañeras se encuadran en esa actividad, pagan la habilitación, transforman todo el lugar como si fuese un comercio. Cada seis meses, ese mismo organismo vuelve al lugar y se encuentra con que hicieron una desvirtuación de rubro, clausuran el lugar y las procesan por haber cometido ese delito, que tiene una penalidad de dos a seis años".

 

Para la titular de AMMAR, en la actualidad hay una avanzada de “políticas punitivistas” que no hicieron otra cosa que “criminalizar todo el comercio sexual, no diferenciando entre trabajo autónomo, explotación sexual y trata de personas. En el mismo sentido, María Alejandra Mángano, titular de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas, dice: “Si bien no hay persecución penal contra cooperativas de mujeres trabajadoras sexuales, estoy segura de que hay un efecto colateral que se vincula con todo lo que es el proceso de detección de redes de trata, que depende de fuerzas de seguridad u organismos de control”.

 

“La corriente de mujeres que se autodenominan trabajadoras sexuales responde a intereses internacionales que tienen que ver con este capitalismo patriarcal y machista, donde el cuerpo de las mujeres sigue siendo un botín de placer de otro”, dice Fabiana Tuñez, presidenta del Consejo Nacional de las Mujeres y fundadora de la Casa del Encuentro, que es abolicionista.

 

Para Tuñez, hay un discurso “pseudo-progresista” sobre el cuerpo de las mujeres. “La realidad es que nuestro cuerpo debería estar fuera de esta batalla porque en el mundo las mujeres que son prostituidas y explotadas sexualmente son, casualmente, las de los países de América Latina y del Este”.

 

“Las mujeres en situación de prostitución tienen un promedio de vida, dentro de lo que es la prostitución, de no más allá de 14 años, porque tienen secuelas psicológicas de disociación y enfermedades que produce el mismo ejercicio”, dice Tuñez, para quien la actividad no debe ser considerada un trabajo. “El 90 por ciento de las mujeres en situación de prostitución llegan a ese punto gracias a desigualdades, no solamente de género, sino también relacionadas a la falta oportunidades de acceso a la educación, al trabajo, a la vivienda y a la salud”.

 

“Yo creo que el destino de cualquier persona es una vida libre y que es un discurso no real ese de que hay mujeres que eligen libremente la desigualdad”, denuncia Tuñez. Para ella, la desigualdad la enmarcan el capitalismo y el patriarcado, y por eso “no hay libre elección”.

 

Sobre las desigualdades y la libre elección, Orellano dice: “Todos los que pertenecemos a la clase trabajadora no elegimos libremente, terminamos decidiendo entre las pocas opciones que se nos presentan. En esas pocas opciones que tenemos además por ser mujeres, de ser empleada doméstica, niñera, operaria de call center, o trabajadora sexual, nosotras estamos eligiendo”.

 

Orellano explica que eligen el trabajo sexual porque es más rentable que otros y les da mayor autonomía para manejar horarios y organizarse con sus hijos. Según estadísticas de AMMAR, el 86 por ciento de las trabajadoras sexuales son madres solteras. Partiendo de un estudio que la asociación llevó acabo en 2012, estiman que en Argentina hay aproximadamente 80.000 mujeres que ejercen dicha actividad.

 

Para la meretriz, las abolicionistas tienen una visión “moralista” al pretender que todas las mujeres disfruten de la sexualidad “siempre y cuando estén presentes el placer, el amor y el deseo”. “Lo que quieren es que vivamos la sexualidad de la forma que la viven ellas, y eso sí es una postura patriarcal”, sostiene.

 

Quienes se consideran trabajadoras sexuales autónomas se niegan al término “prostitución” por que, según dicen, las estigmatiza. Tanto abolicionistas como regulacionistas dicen sostener sus respectivas posturas porque defienden los derechos de las mujeres.

 

Un Encuentro, dos talleres

En el 31° Encuentro Nacional de Mujeres, que se realizará en Rosario este fin de semana, se incluyó por primera vez en 13 años el taller de “Mujeres y trabajo sexual”, en paralelo al taller de “Mujeres en situación de prostitución”, que se viene realizando en los últimos encuentros.

 

“Lo creímos necesario porque era un reclamo que venían haciendo las compañeras que ejercen el trabajo sexual y nosotras consideramos que en este encuentro deben estar todas las voces”, explicó Mabel Gabarra, referente de la Comisión Organizadora del Encuentro.

 

La última vez que el Encuentro Nacional de Mujeres se llevó a cabo en esa ciudad fue en 2003. En esa ocasión se realizó ese mismo taller, coordinado por Sandra Cabrera, dirigente de AMMAR Rosario, quien fue asesinada de un tiro en la cabeza el 27 de enero del año siguiente.

 

En los días previos a su asesinato, la dirigente sindical había denunciado la complicidad entre la policía y el crimen organizado para tratar y explotar sexualmente a niñas y adolescentes en cercanías a la Terminal de Ómnibus de Rosario. Si bien hubo imputados por el crimen, la causa se encuentra prescripta y el femicidio sigue impune.

 

“Para nosotras era una obligación moral con Sandra y con las compañeras de AMMAR que actualmente piden y reclaman tener un taller propio, para trascender el debate sobre si su actividad es o no un trabajo, y profundizar en los problemas que las trabajadoras sexuales sufren a diario, dijo Gabarra.

 

Las comisiones de cada encuentro son autónomas, y están conformadas por las integrantes de movimientos sociales y feministas de cada provincia que definen la grilla de actividades.

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