Sociedad • Este sábado, en Barracas

Transformadores sociales de la vida

La Fundación "Creer Hacer" llevó a cabo Barrio Abierto, donde seis líderes barriales contaron sus historias ante más de 100 vecinos. "Decir que las cosas te pasan o hacer que las cosas te pasen” es el lema de Kempes Mansilla, uno de los exponentes de recuperación y autosuperación.

Catalina Roig // Martes 31 de mayo de 2016 | 19:59

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La fundación "Creer Hacer" es la nueva apuesta de Daniel Cerezo, el hombre que hizo conocida su historia en las charlas TEDx de 2014.

"La idea es que estas historias de transformación puedan transformar otras historias", motivó Daniel Cerezo.

Sobre la avenida Iriarte, a dos cuadras de la calle Luna que separa Barracas de la Villa 21-24, funciona la Casa Central de la Cultura Popular donde el sábado se realizó Barrio Abierto. Este proyecto de "Creer Hacer" convocó a seis líderes barriales para que contaran sus historias ante los vecinos del barrio. Al estilo TEDx, estos agentes de cambio, que se prepararon más de dos meses con sus coachs, pudieron compartir sus diferentes experiencias ante un auditorio con más de 100 personas.

 

La primera en pasar al escenario fue Lucia Peñarrieta, quien contó que llegó a la Villa 21-24 con sus dos hijos luego de separarse de su marido. Sola y con dos chicos, encontró un gran apoyo en sus vecinos y comenzó a trabajar para cambiar su barrio. Primero, ayudó a mejorar algunas de las condiciones estructurales de la villa para después crear “El Alfarero”, una asociación civil de la que es directora. Este centro da de comer a cientos de chicos todos los días y también propone distintas actividades para ayudar a sacar a los chicos de la calle. “El Alfarero es nuestro Dios, nuestro transformador”, afirma, orgullosa, Lucía.

 

“Chiquita pero potente” es la presentación para Alejandra Castro, una joven de 27 años, que luego de participar de adolescente en la parroquia y en la radio del barrio comenzó a estudiar trabajo social en la Universidad de Buenos Aires. Hoy está en un programa de educación y tiene como meta devolverle al barrio todo lo que el barrio hizo por ella.

 

La historia de Héctor Kempes Mansilla es una de recuperación y de transformación. Tuvo una adolescencia y juventud complicadas, vivía entre “drogas, violencia y mujeres”. “Mi viejo era alcohólico y vivía solo, yo quería ser igual a él”, cuenta con tristeza, mientras en la cara se le trasluce el dolor. A los 26 comenzó su rehabilitación, dejó de consumir y se transformó en un operador de adicciones, ayudando a los que estuvieron en su misma situación. “Decir que las cosas te pasan o hacer que las cosas te pasen” es el lema de Kempes.

 

Antes de hacer una pausa en las historias, dos chicos, El Arca y JC, se presentaron en el escenario. Ambos son parte de la organización “Mi cara, mi ropa y mi barrio no son delito” que agrupa a distintos raperos de barrios carenciados. Los chicos empezaron a rapear y mientras lo hacían, hilaban historias de violencia, de fiestas, de trabajo, de familia y de su barrio, sobre todo hablan de su barrio. No sólo las baladas te pueden hacer llorar.

 

 

La fundación "Creer Hacer" es la nueva apuesta de Daniel Cerezo, el hombre que hizo conocida su historia en las charlas TEDx de 2014. Criado en la villa, Cerezo creó un comedor y terminó trabajando de gerente de la felicidad en la empresa de alpargatas Páez. Con la idea de transformar el mundo social a través de la interacción entre el mundo empresarial y el social, creó esta fundación, que entre sus propuestas hizo Barrio Abierto.

 

UNA HISTORIA DE AMOR

El auditorio volvió a llenarse, las luces se apagaron y apareció Juan Carlos Molina, nacido y criado en la villa La Cava, para contar una historia de amor. Comenzó a ir a la parroquia a los 17 años para salir de las drogas y el alcohol y fue ahí donde se enamoró de una chica, a la cual buscó y rebuscó para que ella lo aceptara de novio y para que más tarde lo aceptara como marido. Ya casado y con cuatro hijas, Molina empezó a trabajar en el servicio penitenciario, un trabajo muy duro que implicaba muchas veces ver a personas de su barrio. “Estaba cansado de abrir la reja”, cuenta, “hasta que le dije a mi mujer, '¿y porque no abrimos la puerta de nuestra casa?'”.

 

 

Fernanda Arminio subió al escenario para contar junto a su marido la segunda parte de la historia: el nacimiento de "BarriArte", un espacio que funciona en el patio de su casa y que fue pensado como un ámbito de recreación para los chicos. Más tarde, pensando en una transformación de fondo en el barrio, comenzaron un nuevo proyecto: "Suelos de La Cava", una asociación que hace foco en la transformación de los espacios estructurales de la villa. Fernanda aseguró que ellos hoy eligen vivir en el barrio, eligen trabajar para él y eligen transformarlo.

 

Mirna Florentino tenía la voz dulce, suave y como un arrullo, y con ella comienza su historia: nacida en Paraguay y criada por su abuela debido a que su mamá trabajaba mucho, Mirna se mudó a la Argentina para trabajar. Sus primeros días en la villa 21-24 fueron días difíciles: “Para mí la villa era una cárcel grande. En Paraguay es distinta la pobreza”. En 2001, con la crisis en su peor momento, el barrio empezó a organizarse. Junto con su mamá, Mirna creó un comedor y junto con las personas del barrio empezaron a ir a buscar a medianoche lo que tiraban en el Mercado Central. “Es muy solidaria la gente de la villa, todo el mundo colaboró”, dijo. En su comedor comenzó a funcionar también una dieta especial para que aquellas personas que tienen problemas de salud puedan alimentarse. Becada y recibida de abogada en la Universidad del Salvador, Mirna continúa tratando de cambiar la realidad de los jóvenes en la villa.

 

"QUIERO SER ALGUIEN" 

Lucas Bogado es el séptimo de catorce hermanos y vive en la villa desde que tiene memoria. Comenzó a trabajar de chico, cirujeando para comprarse ropa para las fiestas. Más tarde empezó en la construcción. Después pasó a robar hasta que le dieron un tiro, terminó preso y se preguntó si era eso lo que quería de su vida. “Quería hacer cosas que queden, quiero ser alguien”, expresó. Comenzó a hacer serigrafía y radio, y estas actividades lo acercaron a militar en la Juventud Peronista, donde creó un centro cultural que es su orgullo. “Si el cambio no pasa por uno, no puede pasar”, aseguró.

 

La música empezó a sonar y tres mujeres empezaron a bailar con un estilo urbano. Con la danza contaban su historia, la de “mujeres reales con cuerpos reales”, mujeres que luchan. Romina, la líder del grupo Fuera de Foco Crew, cuenta que este proyecto es su historia de vida y que bailan para mostrar su realidad.

 

“La idea es que estas historias de transformación puedan transformar otras historias”, dijo Cerezo e invitó a subir a todos. Todas las personas que contaron su historia, ya sea hablando, rapeando o bailaron, subieron a recibir los aplausos y a bailar otro rap de los chicos. La palabra transformación resonaba como un eco en todo el auditorio. Ellos ya habían dado el primer paso.

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