Sociedad • Villa 21-24 de Barracas

Esa música que sana

En la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé funciona una escuela de música que enseña a los chicos de la villa y sirve de contención ante los problemas familiares. "Intentamos distraerlos y hacerlos aprender", dicen los organizadores.

Ignacio Pouiller @Nacho_Pouiller // Viernes 05 de diciembre de 2014 | 16:25

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"Mi tarea es lograr ensamblar a los chicos que ya saben tocar con los demás", define Aguilar. (Foto: FB)

En pleno Barracas, entre las calles Osvaldo Cruz y Vélez Sársfield, la vida porteña se desenvuelve como en el resto de los barrios de la Capital Federal. Pero con tan sólo caminar tres cuadras, cambia la calidad de las construcciones, la gente durmiendo en las veredas se hace más frecuente y el ambiente comienza a cambiar de color. Finalmente, se llega a la Villa 21-24, o Villa Zavaleta, la más grande de la Ciudad de Buenos Aires, y con la mayor cantidad de población, estimada en 60 mil habitantes que, en su mayoría, provienen de Paraguay.

 

Al seguir avanzando por la calle Osvaldo Cruz y llegar a la altura 3470, se encuentra la Parroquia Nuestra Señora de Caacupé. Dirigida por el párroco Lorenzo de Vedia, mejor conocido como El Padre Toto, y fundada en el año 1965 por el padre Daniel de la Sierra, quien logró unir al barrio en la época de la última dictadura militar y evitar el paso de las topadoras que intentaban erradicar la villa, se puede ver una pequeña iglesia rodeada por un gran galpón y una escuela funcionando en el piso de arriba.

 

A la mañana es un colegio, pero a la tarde las paredes del establecimiento se salpican de arte cuando, por ejemplo, comienzan las clases de música. “Damos clases de piano, de guitarra, de canto y otros instrumentos”, cuenta Federico Aguilar, estudiante de Música en el IUNA y Profesor de Ensamble Musical en la Parroquia de Caacupé. “Mi tarea es lograr ensamblar a los chicos que ya saben tocar algo con los demás y formar un grupo”. Aguilar detalla que la mayoría de los instrumentos que hay en la escuela provienen de donaciones, en gran parte del IUNA (Instituto Nacional del Arte). “Tenemos desde guitarras, charangos y pianos, hasta quenas, arpas paraguayas, micrófonos, entre otros.

 

 

Somos un grupo de chicos que estudia música o que ya tiene un título. Vinimos a dar una mano a una escuelita hace cuatro años, dimos un concierto acá y nos gustó tanto que nos quedamos a enseñar música.” Aguilar agrega que los alumnos tienen entre 9 y 20 años, y finaliza: “Hay muchas tentaciones acá en la villa, y la escuelita intenta ser de contención, distraerlos y hacerlos aprender, la música salva”.

 

Santiago Pusso es el Director de la Escuela de Música de Caacupé, además es Licenciado en Dirección de Coros en la Universidad de la Plata. Cuenta que la escuela musical surgió en 2008, primero con un coro; después, y gracias al entusiasmo que mostraban los alumnos, surgió la idea de armar un espacio más organizado: “Le presenté la propuesta al Padre José 'Pepe' de Paola, que era el párroco de ese momento, y le gustó mucho la idea. Arrancamos con clases de guitarra y canto y hoy ya somos ocho profesores con más de 60 alumnos”.

 

La situación de los alumnos que asisten a las clases es variada. “Cada chico es un mundo diferente. Hay algunos que tienen a su padre ausente o que la madre trabaja todo el día y están muy solos. Después, hay casos de violencia familiar en sus casas. Tenés chicos que están por ser relocalizados por vivir al borde del Riachuelo por la orden judicial de la Corte Suprema que tiene que ver con el saneamiento del río, que establece que tiene que haber 30 metros tierra adentro sin casas, y ellos vienen igual a aprender”.

 

 

Pusso dice que la adicción a las drogas en la Villa 21 es “muy común. “Lamentablemente, vas caminando por la villa y ves chicos que se juntar a fumar marihuana, paco y otro tipo de drogas. Está muy al alcance de la mano la droga acá. Por suerte, los chicos que se toparon con la droga y vienen a aprender música están en recuperación o ya superaron esa situación. El que tiene problema de adicciones, no le interesa aprender música”.

 

Al caminar por la parroquia, se ve una puerta al fondo del enorme galpón. Allí, a modo de homenaje, está colgada la bicicleta que usaba el padre Daniel de la Sierra para ir cada día a la villa, y que murió justamente en un accidente de bicicleta. Atravesar la puerta lleva inesperadamente a una radio, la FM 96.1 “Virgen de Caacupé”, que sale casi todos los días al aire y que posee dos programas: “El Polideportivo” y “Amanece Caacupé”, que se transmite los sábados a la mañana. La radio tiene la particularidad de haber entrevistado a Jorge Bergoglio, quien mantenía una férrea relación con los vecinos y Caacupé pocos días antes de ser nombrado como el Papa Francisco.

 

La Villa 21-24 tiene serios problemas edilicios, situaciones en las que la mano del Estado apenas se puede notar, fácil acceso a las drogas para los adolescentes y jóvenes e infinidad de situaciones complejas para sus habitantes. Sin embargo, la escuela de música es un faro de luz en la oscuridad que sirve como salida a los problemas que un asentamiento de estas características puede tener.

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Comentarios

Ricardo Luis Aguilar Bugeau  |  09-12-2014 09:06:45

Excelente la vota de Ignacio Pouiller!!!

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