Política • Economía

Comedores: llenar la olla en tiempos de crisis

La calle es el termómetro que mide la tensión social que atraviesa el país. En la actual gestión presidencial de Mauricio Macri, los comedores se volvieron un espacio fundamental para quienes hoy por hoy no pueden solventar siquiera un plato de comida.  

J. Miceli y C.Montenegro // Martes 06 de noviembre de 2018 | 13:21

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Unas 200 personas en situación de calle asisten a "El Gomero", en Barrancas de Belgrano. (Foto: Facebook Comedor de Barrancas El Gomero)

En el mes de julio, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) registró un aumento del 3,5% en la Canasta Básica Alimentaria y una suba del 2,7% en la Canasta Básica Total. Esto trae como consecuencia que una familia tipo, para no considerarse bajo el umbral de pobreza, deba tener un ingreso mínimo de 20.134 pesos mensuales.

 

En la provincia de Buenos Aires, la Dirección Nacional de Políticas Alimentarias realizó un informe en el que se puede ver el crecimiento exponencial en los comedores comunitarios bonaerenses, ya que cerca de 446 comedores recibieron a 68.507 personas, lo que implica un alza del 8,4% con respecto al mes de agosto del año pasado. 

 

 

En 1999 se fundó el comedor comunitario “Movimiento Evita” de la localidad de Morón, cuyo funcionamiento se detuvo en 2009 por el fallecimiento de la fundadora y retomó su marcha en 2015 bajo la conducción de Lorena, su hija. “A principio de año eran 16 familias las que venían a merendar o a retirar su plato de comida diario. Hoy ya son 26 las que tenemos que atender. Son muchas las personas que perdieron el trabajo y que no tienen para comer. Nosotros no podemos negarles un plato de comida", comentó Amelia Gómez, cocinera.

 

 

Tortas fritas y mate cocido con leche para los chicos del comedor Evita. (Foto: Clara Montenegro) 

 

Sin recibir subsidios, el comedor y merendero funciona gracias a los aportes de los trabajadores y vecinos que realizan donaciones y colaboran en eventos especiales como el que suele organizarse por el Día del Niño. “Si bien el municipio de Morón aporta a lo que comúnmente se conoce como la copa de leche, nosotros hacemos rifas, eventos para la colecta de insumos, ponemos plata de nuestros bolsillos y recibimos donaciones de vecinos que, por suerte, nos apoyan y acompañan para que a ningún chico le falte el plato de comida”, agrega Amelia.

 

En el comedor Evita también se brinda apoyo escolar. (Foto: Clara Montenegro)

  

En el comedor Evita las ollas comenzaron a quedar chicas. A raíz de esto, Lorena postea continuamente en Facebook un detalle de las necesidades básicas del lugar: ollas, carne, alimentos no perecederos, condimentos, todos los insumos fundamentales. La situación que se vive en el comedor es un claro reflejo de la crisis que atraviesa la Argentina: "La mayoría de los que estamos acá vivimos el 2001 y sabemos lo que es tener la panza y la olla vacías. No queremos que ningún chico pase por la misma situación que nosotros. A través de su ajuste, el Gobierno nos está llevando hacia el mismo lugar, implementando una política de odio contra los pobres a quienes constantemente se intenta invisibilizar. Basta con salir a la calle y ver cuánta gente duerme en la vereda. Es una verdad que, por más que quieran escapar, los encuentra a la vuelta de la esquina”, añade Lorena.

 

En Parque Patricios, el relato es similar. Desde 2016 funciona el "Merendero y espacio recreativo Bien al Sur", alojado en una unidad básica de La Cámpora. Pilar, politóloga y militante, asiste a quienes concurren al espacio todos los miércoles y sábados. El merendero funciona a base de las colaboraciones de los integrantes de la unidad básica y de donaciones vecinales."Nuestro espacio es prestado, con lo cual no pagamos alquiler, así nos ahorramos muchísima plata. Todo lo que hacemos es a pulmón. Trabajamos con lo que cada uno consigue y a partir del boca en boca. Los sábados viene gente a pedir comida, gente rota internamente, personas en situación de calle, muchas veces alcoholizadas, que piden un abrazo. Son el claro reflejo de la crisis que estamos viviendo, generada artificialmente por un Gobierno que gestiona para un 1 por ciento de la población y se olvida del resto", comenta.

 

Son 18 los chicos que concurren al espacio recreativo de manera habitual. (Foto: Clara Montenegro)

 

Según Pilar, la problemática no es meramente económica: el  ataque a una maestra que trabaja en un comedor en la localidad de Moreno invita según ella a reflexionar sobre el porqué de esta "política de odio" contra los que menos tienen: “Fue muy simbólico porque se trató de un ataque medular a la resistencia social, a los sectores vulnerables, con métodos que me retrotraen al peor momento de nuestra historia. Va más allá de una política de Estado, porque el Estado somos todos los que lo integramos. Es una patología que está instalada en nuestra sociedad y que se replica casi cíclicamente en el país, y es por eso que desde nuestro espacio enseñamos a los chicos los valores de la solidaridad, el pensar en el otro".

 

"El Gomero" es un comedor instalado bajo las estrellas y entre las ramas de un árbol debajo del cual, durante la crisis de 2001, Carlos Durañona y otros colaboradores comenzaron a  brindar contención y un plato de comida caliente a cartoneros que paraban en la estación de Barrancas de Belgrano, a cientos de familias que no tenían para comer y a solitarios en situación de calle.

 

"Durante 2005 bajó la concurrencia y con mis compañeros nos planteamos si había llegado el momento de dar de baja algo que había empezado en un marco de emergencia. Pero después echaron a los cartoneros y nos quedó la gente en situación de calle, que son los pobres estructurales. La gente que no tiene domicilio ni DNI. Acá hubo casos de chicos que nacieron y murieron y nunca fueron registrados, que no existieron para el PBI ni fueron contabilizados. Es muy triste que en un país como este, donde la identidad resultó tan pisoteada durante la dictadura, ahora, en plena democracia, tengamos gente que no existe”, reflexiona Carlos.

 

En Barrancas de Belgrano también se defiende la olla popular. (Foto: Juliana Miceli)

 

Quienes asisten todos los miércoles a partir de las 21 al Gomero no son del barrio de Belgrano, sino que viven en distintas localidades del conurbano bonaerense. "No vienen por el plato de comida, vienen porque encuentran que este es el lugar de pertenencia de los que casi no tienen pertenencia. La mayoría están en situación de calle, o en riesgo de estarlo”.

 

Durante 2018 El Gomero incorporó nuevas caras, pero el crecimiento no es el mismo que en los comedores tradicionales ya que la gente viaja desde muy lejos y los guardas de los trenes, que antes hacían "la vista gorda", en la actualidad han aumentado los controles. "Si no fuese porque la gente no tiene plata para cargar la SUBE, tendríamos 500 personas. El tipo de pobreza ha cambiado, ahora es más dura, más agresiva. No sabemos cómo va a terminar esto pero está claro que la situación se va a ir endureciendo cada vez más. Yo no quise tocar el tema político pero es inevitable, realmente no sé a dónde quieren llegar: este Gobierno se está suicidando”, concluye Carlos.

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