Política • Tras 37 años de gobierno Mugabista

Emmerson Mnangagwa y la oportunidad del cambio en Zimbawe

El joven país africano eligió por octava vez en su historia a un presidente en unas elecciones marcadas por ser las primeras desde la independencia del Reino Unido sin la presencia del polémico Robert Mugabe como candidato.  

Juan Ignacio Glade // Martes 07 de agosto de 2018 | 10:53

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Emmerson Mnangagwa.

Tras varios años de sangrientas guerras, el 18 de abril de 1980, Zimbawe, un pequeño territorio situado al sudeste de África y antes conocido como Rhodesia, logró independizarse del Reino Unido e Irlanda del Norte. Ese mismo día, Robert Mugabe, un político y militar rhodesiano -como se conocía hasta aquel momento a los ciudadanos de la excolonia británica- asumió como Primer Ministro para luego, tras la reforma constitucional que modificaba el sistema político del país, transformarse en Presidente de la República.

 

Tras la asunción de Mugabe, su partido político, el Zimbawe African National Union – Patriotic Front (ZANU-PF) se impuso en todas y cada una de las seis elecciones generales celebradas en el país, siendo acusado de fraude e irregularidades políticas en una gran mayoría de las campañas. En 1990, el alcalde de la región de Gwery, exmiembro del ZANU-PF, fue secuestrado y disparado en la previa de las elecciones, pero logró ser rescatado con vida poco después. Además, Jerry Nyambuyaa, miembro del partido opositor Movimiento Zimbawe Unido (ZUM), sufrió un atentado fallido contra su vida a poco de celebrarse las votaciones.

 

Seis años después, en 1996, los principales opositores al gobierno de Mugabe, Ndabaningi Sithole -de la facción disidente del paritdo oficialista- y Abel Muzorewa, candidato presidencial por la coalición Partidos Unidos de Zimbawe (ZUP), retiraron sus candidaturas al ser víctimas de reiterados ataques por parte del gobierno de turno. Sithole, un reverendo de 76 años había sido detenido meses antes acusado de conspirar contra la vida del por entonces presidente, mientras que el obispo metodista Muzorewa renunció a sus posibilidades tras denunciar irregularidades y 'reglas injustas' en lo que fue el proceso electoral.

 

Pero las acusaciones más graves comenzaron a partir del 2008, cuando la hiperinflación del 2006 y la fuerte crisis económica que atravezaba Zimbawe convirtieron las elecciones de ese año en uno de los desafíos más grandes para Robert Mugabe desde que llegó al poder. Morgan Tsvangirai, candidato por el Movimiento por el Cambio Democrático (MDC), era el principal candidato a hacerse con la presidencia, y así lo demostraban las encuestas.

 

Tras unas votaciones altamente favorables para Tsvangirai, su partido denunció la tardanza con la que se dieron a conocer los resultados oficiales, publicados casi un mes después del sufragio. El MDC se impuso con el 47,78% de los votos ante el ZANU-PF, que fue apoyado por el 43,29% de los votantes, lo que obligaba a que se celebrase una segunda vuelta electoral por no haber alcanzado ninguno de los contendientes una mayoría absoluta, pese a las acusaciones de fraude por parte de Tsvangirai.

 

ATENTADOS A OPOSITORES

La violencia se hizo presente como nunca antes en los días previos al balotaje, existiendo reiterados ataques y atentados a locales partidarios de ambos partidos, siendo los provocados contra el MDC los más significativos.

 

Tras reiteradas acusaciones mutuas respecto al origen de los ataques, Morgan Tsvangirai renunció al desempate alegando una necesidad de protección de sus partidarios, quienes corrían riesgo, según manifestó, de ser asesinados en caso de que votaran por él. Nuevamente el ya por entonces considerado como un dictador por los partidos opositores y distintos gobernantes occidenales se imponía en una elección presidencial.

 

VOTANTES DE 130 AÑOS

Finalmente, de cara a las elecciones de 2013 Tsvangirai decidió volver a presentar una candidatura, pese que las modificaciones solicitadas para transparentar los comicios no habían sido realizadas. Nuevamente volvieron a aparecer las irregularidades en la campaña del ZANU-PF, siendo la más significativa la existencia de votantes registrados con una edad superior a los 130 años. Además, la Red de Apoyo Electoral de Zimbawe, que oficiaba como veedora de las votaciones, denunció una campaña de intimidación en las zonas rurales y censura a medios de prensa críticos a Robert Mugabe, no obteniendo más que la indiferencia por parte del partido gobernante, que nuevamente se impuso ante el MDC.

 

Países como Australia, Reino Unido y Estados Unidos criticaron duramente el proceso electoral manifestando sus preocupaciones por lo ocurrido, mientras que los vecinos Namibia y Sudáfrica, además de Rusia y Mauricio, felicitaron a Mugabe por lo que ellos consideraron "un proceso libre y pacífico".

 

De cara a las elecciones de 2018, un Mugabe avejentado y de 93 años se veía ya incapaz de gobernar al país de la forma en que él quería, motivo por el cual inició una violenta y fraudulenta campaña para allanar el camino a su esposa Grace Ntombizodwa y así convertirla en su sucesora.

 

Emmerson Mnangagwa, quien desde la llegada de Mugabe al poder siempre fue un hombre de su confianza, ocupando diversos puestos políticos durante sus gobiernos, siendo el más significativo la vicepresidencia desde la victoria electoral de 2013, veía por fin su posibilidad de dejar de estar a las sombras del hombre a quien había conocido en Zambia cuando la independencia zimbawense todavía era una utopía, y quien le había inculcado sus ideas anticolonialistas que lo motivaron a unirse a la lucha contra el Reino Unido.

 

Advertido por las intenciones de su vicepresidente, Mugabe lo cesa de su puesto acusándolo de conspirar en su contra, en una clara maniobra para debilitar su imagen y dejar a su esposa como principal candidata para las elecciones venideras. Mnangagwa decide volar a Sudáfrica para protegerse de posibles atentados en su contra, anunciando a sus seguidores que pronto controlaría el poder en su país. Inmediatamente el Jefe del Ejército, Constantino Chiwenga, reaccionó y advirtió a Mugabe sobre posibles consecuencias en el caso de que siguiera con la persecución a líderes opositores.

 

Un día después de la advertencia, el ejército tomó la capital Harare y detuvo a la pareja presidencial, aclarando que no se trataba de una toma del poder por parte de los militares, sino que Mugabe y su esposa estaban detenidos por reiterados crímenes contra su patria y que el exiliado Mnangagwa ocuparía el cargo de presidente interino "una vez que la situación regrese a su normalidad".

 

LLEGÓ EL DÍA

El 30 de julio de 2018, por primera vez en la historia, una campaña electoral se celebraría sin la presencia de Robert Mugabe como candidato. Mas de 5 millones de personas habilitadas por un nuevo y novedoso sistema biométrico se acercaron a los puestos de votación para elegir al nuevo presidente tras el periodo de transición, siendo Mnangagwa y el opositor Nelson Chamisa los principales candidatos a la presidencia.

 

Tras varios días de incertidumbre e incidentes que terminaron con tres muertos y varios heridos en manifestaciones exigiendo la publicación de los comisios, finalmente los resultados se dieron a conocer, dando como ganador a Emmerson Mnangagwa con el 50,8% de los votos por sobre su principal contrincante, quien obtuvo el 44,3%.

 

Pese a que las esperanzas estaban depositadas en que tras la caída de Rober Mugabe una nueva realidad accompañase a Zimbawe tanto en los periodos electorales como en el día a día de la Nación, nuevamente denuncias por irregularidades en el conteo de los sufragios fueron realizadas por la oposición, obteniendo, al igual que durante las casi cuatro décadas de gobierno Mugabista, la indiferencia por parte del ZANU-PF y los países funcionales al partido de gobierno. Una vez más, y al igual que desde hace 37 años, Zimbawe deberá esperar por unas elecciones justas y transparentes que lo conviertan en un país modelo dentro del continente africano.

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