Política • ENTREVISTA

"No pensé que iban a generar una conmoción política tan grande"

El reportero gráfico José "Pepe" Mateos recuerda los hechos ocurridos el 26 de junio de 2002 en la Estación Avellaneda, cuando con su cámara hizo un aporte fundamental para el esclarecimiento del crimen de los piqueteros Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

J. Maestri y D. Terribile // Martes 26 de junio de 2018 | 18:05

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"Por alguna cosa rara, siempre quise hacer fotos", recuerda Mateos. (Foto: J. Maestri)

Es una tarde cálida en el barrio porteño de San Telmo y el sol se asoma entre algunas nubes. El reportero gráfico José “Pepe” Mateos sostiene un pocillo de café y se dispone a recordar aquella tarde de junio que lo cambiaría todo y de la que hoy se cumplen dieciséis años.

 

Sus fotos del 26 de junio de 2002, en la estación Avellaneda del Tren Roca, significaron la debacle del gobierno de Eduardo Duhalde, pero también fueron testimonio vivo de lo que fue la masacre que culminó con los asesinatos de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

 

Ya alejado de Clarín, Mateos repasa sus inicios en la fotografía y el presente de la profesión. Además, recuerda los momentos previos a las muertes de “Maxi y Darío”, la repercusión y el tratamiento en Clarín, medio del cual decidió desvincularse. 

 

-¿Cómo fue tu proceso de formación?

-Muy caótico, no fue un proceso de formación formal. Siempre estuve muy atento a la cuestión fotográfica de las revistas, no de los diarios porque la calidad de las fotos era muy mala. Después, me interesaba mucho la música, especialmente el rock argentino. Yo venía de un mundo social que no era alto ni intelectual, venía de un lugar de trabajadores, pero por alguna de esas cosas raras quería hacer fotos, aunque no podría definir qué tipo de fotógrafo quería ser. No lograba conjugar la fotografía con algo que sumara todo lo que gustaba.

 

-Trabajaste casi 25 años en Clarín y ahora estás en el medio web Va con firma¿Cómo te sentís trabajando alejado de lo masivo? ¿Por qué tomaste esa decisión?

-Irme de Clarín fue un gesto necesario. Después de tanto tiempo trabajando en el mismo lugar, notaba que ya no tenía mucho margen de acción ahí, padecía mucho lo que hacía. Tenía muchos beneficios desde el punto de vista laboral, pero había algo que me carcomía. No es sólo ideológico, es casi inexplicable, pero sentía que no podía más. No quería ir muriéndome de a poco. En cambio, en Va con firma trabajo con mucha libertad, yo elijo las notas. Sé que tendría que ganar un poco más, pero valoro lo que hago.

 

-¿Cómo fue, entonces, que entendiste que lo tuyo era el fotoperiodismo?

-Estuve mucho tiempo boludeando sin estudiar nada, hasta que un día tuve una revelación en un colectivo de la línea 7 donde conocí a un pibe que me dijo que estaba estudiando cine en la Facultad de Avellaneda y me convenció de hacer lo mismo. Después de estudiar, me fui a vivir cuatro años a Neuquén, una de las mejores decisiones de mi vida. Allá entré a trabajar en un diario.

 

-Para Clarín cubriste decenas de marchas. ¿En qué te fijás para sacar una buena foto en un contexto de movimiento constante?

-Es complicado porque la marcha tiene un estereotipo propio y llega un momento que te agota pensar qué fotografiar. Hay que fragmentar y hacer vértice en pequeñas situaciones pero, a la vez, demostrar la composición social y el clima de la marcha. En esa dinámica, vos podés quedar parado en un lugar cuando lo que pasa está en otro. No hay una norma para esos momentos, pero sí cosas a tener en cuenta, como quiénes encabezan, las consignas, el clima y el humor social.

 

-¿Conociste a José Luis Cabezas? ¿Cómo te enteraste de su asesinato?

-Lo conocí muy superficialmente un día que estábamos cubriendo Casa Foa en Puerto Madero. Intercambiamos dos palabras y después no sé si lo vi alguna otra vez, pero nunca me tocó trabajar con él. La noticia de su muerte la vi por la tele mientras estaba de vacaciones. Fue raro, no lo entendí. Fue una trama más compleja que lo de la foto. No sé hasta qué punto Alfredo Yabrán no fue víctima de eso. Esto que estoy diciendo es especulación, pero yo creo que José Luis fue moneda de cambio de algo. Justo ése era un lugar por donde tenía que pasar Eduardo Duhalde. Que la foto fue un factor determinante, sí, porque lo ponía en visibilidad a Yabrán y a él. Pero yo realmente no me imagino a Yabrán diciendo: “Maten al fotógrafo”.

 

 

-¿Tomaste dimensión del valor de las fotos de la Masacre de Avellaneda cuando las sacaste?

-No, me di cuenta al día siguiente. Sabía que las fotos eran fuertes, pero no pensé que iban a generar una conmoción política tan grande. Para mí, iba a tardar en resolverse por cómo funciona la Justicia acá, nunca imaginé que a los dos días Duhalde iba a llamar a elecciones ni que iban a aparecer tan nítidamente los culpables. En lo personal y en lo profesional fue algo muy importante, pero eso no me cambió la forma de mirar ni los intereses que tenía.

 

-En una nota a Infobae contaste que no te animaste a sacar una foto de Maximiliano Kosteki herido. ¿Fue una cuestión ética?

-Había cosas que quería fotografiar por no estar de acuerdo con lo que sucedía, y eso está mal. Ese día estaba muy confundido. Me acuerdo que encuadré un primer plano de Maxi muerto con la cara toda llena de sangre, pero me dije: “No puedo hacer esto”, y no lo hice. Después me quedó grabada la foto por mucho tiempo, durante meses vi su cara. Creo que hice bien en no hacerlo.

 

Una de las imágenes tomadas por Mateos el 26 de junio de 2002

 

-Cuando cubriste la represión en el Hospital Borda, en 2013, resultaste herido por la Policía y terminaste internado. ¿Sentiste que habías cruzado un límite?

-No, porque a mí, en realidad, no me interesaba la represión en el Borda, sino su demolición. Para mí la foto no era la Policía con los palos, sino las topadoras. Yo quería sacar lo que pasaba del otro lado del vallado, y cuando logré pasar quedé totalmente golpeado. Me agarraron entre ocho como si fuese terrorista y me rompieron una costilla. Me sentí un boludo cuando estaba en la ambulancia, yo me quería bajar pero los tipos me retenían. Después me llamaron para ir a declarar, pero no fui.

 

-¿Qué opinás de los celulares con cámara de fotos? ¿Creés que le hicieron más bien que mal a la profesión?
-No es un tema que me preocupe mucho. Sí se nota que la gente saca mejores fotos porque podés mirar lo que sacaste y, si no te gusta, la hacés de nuevo. El aprendizaje es más inmediato. Claro que me da un poco de bronca que ahora cualquiera con una gran cámara saque fotos y diga que es fotógrafo sin tener idea de lo que es un diafragma. Lo siento como una especie de invasión. A mí me costó un montón aprender y lograrlo. Pero creo que a la larga todo convive.

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