Política • ENTREVISTA

"Comíamos yuyos del campo con un poquito de aceite"

Melina Bisurgi tiene 92 años y sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. Su pueblo estuvo sitiado por los soldados alemanes durante todo el conflicto bélico. Algunas de sus vivencias indelebles, mano a mano con Publicable. 

Matias Terreno // Lunes 03 de julio de 2017 | 09:47

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"Cuando Italia se retiró de la guerra, fuimos a la plaza del pueblo a festejar", recuerda.

"Todas las noches íbamos a la Iglesia y el cura nos daba predicciones de la muerte porque 'el pueblo la tenía encima'".

“La guerra es hambre, miedo y muerte”, dice Melina Bisurgi, jubilada, nacida el 25 de noviembre de 1925 en Limbadi, Italia. Cuando tenía tan sólo 12 años, estalló la Segunda Guerra Mundial. Su pueblo, ubicado en la región de Calabria, al sur del país, fue sitiado por los alemanes por su cercanía al estrecho de Mesina, que unía la región de Calabria con Sicilia, lugar donde se libraron varios frentes de batalla. Pasaron 79 años de aquellos días y ella aún recuerda todo: los ruidos, el hambre, la preocupación y el miedo. Recuerda las canciones de Mussolini, sus frases, los libros de la escuela que llevaban su nombre y hasta los distintivos con la letra “M” que se les ponía a los bebes recién nacidos. Alrededor de 400 mil soldados y civiles italianos murieron durante toda la guerra. Melina conoció de cerca la peor cara de la humanidad. “¿Sabés lo que es llegar a casa y no tener pan, no tener agujas, no tener fósforos? No teníamos nada. Mi papá ponía la pipa al sol hasta que se prendiera”.  

 

-Teniendo en cuenta que Limbadi se encontraba en zona de guerra y sitiada por los alemanes. ¿Qué debían hacer para conseguir comida? 

-Tuvimos que sacar un carnet en la municipalidad que demostrara que éramos cuatro en la casa. Los días que llegaban al pueblo cargamentos de comida, la municipalidad los repartía. Teníamos que ir todos los días al centro del pueblo y esperar largas filas para buscar los gramos que nos correspondían, nos daban 120 de harina y 150 de pan por persona. Con eso nos teníamos que arreglar. Cuando no alcanzaba la comida o no llegaban los cargamentos, comíamos yuyos del campo con un poquito de aceite y nada más. A veces, ahorrábamos los gramos de toda la semana. 

 

-Y cumplían la tradición de los domingos de pastas. 

-Sí, esos domingos eran una fiesta para nosotros. La situación era terrible, los aviones pasaban como pájaros y se escuchaban continuos bombardeos. A veces, pasaban tanques de guerra que hacían temblar la casa, parecía que se iba a derrumbar. Fueron momentos de mucho miedo, a la noche nos encerrábamos y tapábamos las cerraduras de la puerta con algodón porque, donde veían luz, los americanos tiraban bombas. A un vecino le tuvieron que amputar una pierna por una explosión. Todas las noches íbamos a la Iglesia y el cura nos daba predicciones de la muerte porque “el pueblo la tenía encima”

 

-Había más soldados alemanes que italianos ocupando el pueblo. ¿Les tenían miedo? 

-Sí, les teníamos más miedo a ellos que a los americanos. Los alemanes que vivían en nuestro pueblo se mantenían por su cuenta. Tenían su comida, que era mucha. Vivían bien pero eran peligrosos cuando se emborrachaban porque entraban a casas a romper todo sin razón alguna. Los soldados italianos la pasaron mal, no tenían que comer, a veces les dábamos nosotros. Llegaban al pueblo desnutridos y con frío, tocaban las puertas pidiendo comida. Recuerdo que una noche, mi padre les ofreció vino. 

 

-Tres de tus hermanos estuvieron luchando en diferentes lugares de la guerra, uno en Alemania, otro en África Oriental y el tercero terminó prisionero en Inglaterra. ¿Sobrevivieron? 

-Gracias a Dios, sí. Todos los años de la guerra estuvimos muy preocupados, nunca tuvimos noticias de ellos. Sólo te enterabas cuando alguien moría. Un mensajero llegaba al pueblo para avisar a la municipalidad y recién ahí le informaban a la familia. Por suerte, cuando la guerra terminó, los americanos liberaron a todos los prisioneros. Mis hermanos regresaron a casa con 40kg. Cuando llegó el primero y me vio con mi hermana, quebró de la emoción, se enfermó y estuvo mucho tiempo sin recuperarse. El día que llegó mi otro hermano, no lo quise ver por unos días porque temía que le pasara lo mismo. Fueron momentos terribles. 

 

-En 1943, Mussolini fue depuesto de su cargo e Italia realizó la firma del armisticio. Sin embargo, no logró conseguir la paz tan ansiada por todos los italianos hasta la muerte de Mussolini en 1945. ¿Cómo se vivió el comienzo de la guerra civil? 

-Cuando Italia se retiró de la guerra, fuimos a la plaza del pueblo a festejar, pero al poco tiempo fue peor porque los italianos empezaron a matar italianos, los partisanos contra los fascistas. Además, los alemanes se nos pusieron en contra y empezaron a tomar prisioneros. En Torino, soldados que habían nacido en mi pueblo fueron atrapados por los fascistas italianos y los ametrallaron. En ese momento, cuando descubrían a los partisanos, los llevaban a la plaza para que todos los vieran, y los fusilaban. Tuvimos que esperar muchos años más para que la paz llegue a Italia.

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Comentarios

Guido Russo  |  04-07-2017 02:57:14

Muy buena nota, fuertes palabras de los hechos.

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