Política • Los cambios propuestos por la inmigración

El movimiento obrero en la Argentina: así fueron los inicios

Durante las últimas dos décadas del siglo XIX, Argentina sufrió una transformación social. Cientos de barcos llegaban al puerto y, en ellos, viajaban los hombres y las ideas libertarias que cambiarían para siempre el país.

Federico Muiña // Viernes 02 de junio de 2017 | 18:17

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Luego de los hechos ocurridos en la Semana Roja, los militantes velan a sus compañeros en el Cementerio de Chacarita (Foto: cementeriochacarita.com.ar)

El comienzo de las organizaciones obreras fue gracias a los inmigrantes que llegaron durante la década de 1880. En los comienzos, estaban divididos en socialistas y anarquistas. "Sarmiento y Alberdi son los que fomentaron la inmigración. Pero se decepcionaron porque la mayoría de los extranjeros venían de Italia y España, países que ellos asociaban al retroceso político y económico", dice Gustavo Álvarez, profesor de Historia e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Además, estos países eran cuna de hombres de izquierda, como el italiano Errico Malatesta o el español Buenaventura Durruti, ambos pilares fundamentales de la ideología libertaria.

 

La organización de los obreros, que luego desembocó en rebelión, ocurrió debido a la desigualdad entre ellos y las familias patricias, como los Peralta Ramos. Según relata Felipe Pigna en su libro Los mitos de la historia argentina 2, los terratenientes pasaron de la austeridad a la obscenidad, ya que abandonaron la sencillez del campo y se dedicaron al lujo, construyendo palacios y edificios que buscaban emular la arquitectura parisina. Los obreros, en cambio, tenían que vivir en los famosos conventillos. Álvarez afirma que, en esos lugares, cuyo epicentro era el barrio de La Boca, "las condiciones de vida eran terribles, porque 30 familias tenían que compartir uno o dos baños".

 

La riqueza mal distribuida fue claramente uno de los detonantes. Un informe del Lloyds Bank de principios del siglo XX detalla: "Mientras los ricos terratenientes obtienen mayores beneficios, se permite que quienes realizan el trabajo real pasen su vida en condiciones que no llegan a los niveles mínimos de existencia". Juan Bialet Massé, médico catalán a las órdenes del por entonces presidente Julio Argentino Roca, era el encargado de informar sobre la situación de los obreros. Luego de recorrer por varios meses el país, le entregó un informe que, entre otras cosas, señalaba que los ganaderos escogían la mejor carne para exportarla y dejaban la de menor calidad para el consumo interno.

 

Los inmigrantes que llegaban a la Argentina eran, en su mayoría, dirigentes del socialismo y el anarquismo, las dos corrientes principales en los inicios del movimiento obrero. Por las constantes persecuciones políticas de sus países decidieron migrar. A su vez, poseían experiencia en la organización obrera, y más adelante ayudarían a impulsar las bases del movimiento en Argentina.

 

 

Álvarez señala que los socialistas creen que el capitalismo "se debe superar de una forma gradual, organizándose en sindicatos, utilizando el parlamento, que es el arma de la burguesía". Eran en su mayoría moderados, más influidos por el liberalismo que por el marxismo, pero luchaban por la separación de la Iglesia y el Estado, el voto femenino y la jornada de ocho horas. El famoso Alfredo Palacios fue elegido diputado nacional en 1904, convirtiéndose así en el primer legislador socialista en América Latina.

 

"Los trabajadores se tienen que organizar para acabar con la propiedad privada, que es el origen de la desigualdad. Y para poder acabar con la propiedad privada, hay que acabar con el Estado", describe Álvarez, refiriéndose al pensamiento ácrata. Es el anarquismo la corriente que mayor poder tuvo en los inicios, ya que, como afirma Pigna, "la masa inmigratoria estaba imposibilitada para participar en política por su condición de extranjera". Los libertarios, como Malatesta, creían que la verdadera polimática consistía en la organización obrera en sindicatos que,  a su vez, promovían asambleas. Fue el italiano, nacido en la región de Campania, el que organizó el primer sindicato de panaderos.

 

Con la declaración de la Ley de Residencia en 1902, que buscaba expulsar a todo extranjero que alterara la paz, los anarquistas extranjeros incentivaron que las agrupaciones las conduzcan obreros argentinos. Es en noviembre de ese año que la Federación Obrera Argentina (FOA, que luego se convertirá en la FORA) impulsa la primera huelga general en el país.

 

Osvaldo Bayer en su libro Anarquistas Expropiadores sostiene que las primeras dos décadas del siglo XX fueron el momento de apogeo anarquista, ya que se realizaron paros generales y manifestaciones. Pero también atentados, como el llevado a cabo por Simón Radowitzky en noviembre de 1909. Este obrero, de origen ucraniano, fue quien asesinó al coronel Ramón Falcón, debido a que fue el encargado de reprimir  un acto del Día del Trabajador en la Plaza Lorea, donde Radowitzky estaba presente. Estos sucesos pasaron a ser conocidos como la Semana Roja, ya que más de 80 manifestantes fueron asesinados por la policía.

 

Luego, como relata Bayer en su libro Severino Di Giovanni, será este obrero italiano el que pida por la libertad de Radowitzky, preso en Ushuaia. "Las últimas noticias que provienen de Ushuaia son alarmantes. Comencemos un serio trabajo de agitación que se extienda hasta los confines de la Argentina", aclama en una de sus publicaciones el diario Culmine, recolectada por Bayer en el libro. Debido a la gran cantidad de atentados que perpetró durante la década de 1920, Di Giovanni fue una de las razones de la división del movimiento anarquista.  

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