Política • El plan económico de la dictadura

La represión por otros medios

El plan instaurado por el entonces ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz, en la dictadura militar de 1976 generó una profunda inequidad en la distribución de los ingresos y condicionó las posibilidades de recuperación a corto plazo.    

A. De Riso, A. Maza y J. Grille // Miércoles 05 de abril de 2017 | 16:49

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La política económica diseñada por Martínez de Hoz tuvo en la Argentina consecuencias que se sienten en la actualidad. (Ilustración: Gaucho Beas)

La política económica llevada adelante por la última dictadura cívico-militar dejó cifras negativas en los principales indicadores. El sector industrial, la clase obrera y el poder adquisitivo de los sectores medios y bajos fueron los principales afectados, y las condiciones inherentes fueron imposibles de remontar en el corto plazo debido al inédito endeudamiento externo, que creció más del 500 por ciento.

  

En un discurso pronunciado el 2 de abril de 1976, el ministro de Economía designado por la Junta Militar, José Alfredo Martínez de Hoz, planteó como metas globales el saneamiento financiero, el crecimiento económico y "una razonable distribución del ingreso, preservando el nivel salarial". Paradójicamente, entre los resultados registrados después del gobierno militar se destacan indicadores en sentido opuesto a esos objetivos.

 

Por caso, el crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) durante el período fue de apenas 0,6 por ciento anual, con un incremento acumulado de no más de 3 puntos y depresiones de hasta 6,2 en 1981, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). Potenciada por una inflación promedio del 150 por ciento anual, la pérdida de salario real registró un promedio de 40 puntos porcentuales desde 1976 con respecto a los cinco años previos. Esa situación se vio agravada por la proscripción del sector sindical y la consolidación de una política privativista.

  

En ese sentido, en el libro “El nuevo poder económico en la Argentina de los años 80”, de Eduardo Basualdo y otros, se determina que en 1983 la participación de los asalariados en el PBI era casi la mitad de la vigente durante el gobierno justicialista (1973 a 1976): del 45 cayó al 21 por ciento. Por su parte, el historiador Luis Alberto Romero explica en “Breve historia contemporánea de la Argentina” que el punto bisagra para la destrucción del poder adquisitivo se completó con la pauta cambiaria: "El gobierno fijó una tabla de devaluación mensual del peso, conocida como 'la tablita', con tendencia decreciente para llegar a cero en algún momento, cosa que no ocurrió ni sirvió para reducir una inflación galopante".

  

En cuanto al sector industrial, se observó una caída porcentual de 15 puntos, ligada además a la disminución de un tercio en la ocupación obrera. Martín Kalos, economista y director de la consultora EPyCA, graficó la gravedad de la situación: "Al abrir la economía con la eliminación de los aranceles de importación vigentes desde 1930, la producción nacional y las industrias no estaban preparadas para competir y debieron ajustar o cerrar".

 

Por otra parte, el licenciado en Economía Diego Rozengardt relaciona esos efectos con el concepto de la denominada "bicicleta financiera": "Martínez de Hoz estableció tasas de interés altísimas, por lo que todos los jugadores económicos traían dólares de afuera, obtenían una ganancia con los intereses garantizados por el Estado, y luego fugaban capitales en vez de invertir en el modelo productivo a altos costos". Combinada con una política de eliminación de aranceles de exportación y una reforma tributaria regresiva hacia los demás niveles de la economía, esa medida convirtió los grupos empresarios dominantes de los sectores financiero y agroexportador en los únicos ganadores del período.

 

Ante un déficit fiscal incontenible, cuyo promedio fue de 17 por ciento anual en relación con el PBI, la salida que encontró el gabinete económico fue el endeudamiento externo. Según el autor de “Historia económica, política y social de la Argentina”, Mario Rapapport, la deuda externa global subió de 7 mil millones de dólares a 44 mil millones en ocho años —de los cuales un 70 por ciento correspondía al Estado—, contraída a tasas muy elevadas debido a la incertidumbre generada por la inestabilidad política argentina. "El Estado absorbió la deuda de grupos privados a través del seguro de cambio que, ante la devaluación sistemática, lo obligaba a subsidiar la diferencia", detalla Rozengardt. Esa decisión, agrega, se debió a la presión de grandes grupos económicos que amenazaban con ir a la quiebra. De esa forma se condicionaron profundamente las posibilidades de recuperación en los posteriores gobiernos democráticos.

  

Como resultado final de la fuerte inequidad en la distribución de ingresos representada por todos los indicadores, el plan económico de la dictadura, extendido —aunque no alterado— por cuatro ministros más tras la salida de Martínez de Hoz en 1981, dejó un legado social crítico que persiste hoy: el porcentaje de hogares pobres sobre el total subió de 2,6 por ciento en 1974 a 25,3 en 1983. Y la desocupación se triplicó, al aumentar de 3 al 9 por ciento en el mismo período.

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