Política • Internacionales

Petróleo sangriento

Guinea Ecuatorial es el tercer país africano en producción de crudo, y también es víctima de la dictadura más longeva del continente. Tanto Teodoro Obiang -presidente de facto desde el 3 de agosto de 1979 luego de derrocar la dictadura de su tío- como su familia se vieron beneficiados durante años por negocios opacos con multinacionales petroleras.

Gonzalo Somma @GonzaSomma // Lunes 20 de febrero de 2017 | 18:26

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Teodoro Obiang y la "dinastía" más longeva de África. (Foto: Creative Commons)

“En todos los países de África hay empresas multinacionales europeas, canadienses y estadounidenses que explotan su petróleo, gas y oro”, declaró Tutu Alicante, abogado ecuatoguineano residente en Estados Unidos y director ejecutivo de Ecuatorial Guinea Justice (EG Justice), la primera ONG en velar por la transparencia política y los derechos humanos en Guinea Ecuatorial.

  

En un país donde, al 2006, el índice de pobreza superaba el 76 por ciento de la población -según el Banco Mundial-, los arreglos entre las autoridades gubernamentales y las multinacionales sólo empeoran las condiciones de los habitantes.

  

En mayo de 2016 el ministro de Minas, Industria y Energía, Gabriel Mbega Obiang Lima, realizó un viaje oficial a Holanda para cerrar un acuerdo con la petrolera Royal Dutch SHELL. Según el sitio oficial de prensa del país africano, la visita tuvo como objetivo "darle la bienvenida a la República de Guinea Ecuatorial" ya que, con la compra de la compañía British Gas por parte de SHELL, esta última será inversora en la nación centroafricana.

  

Por otro lado, mientras estas empresas ven inmensos beneficios en sus arcas, que generan mediante vínculos con la familia presidencial, los países donde están sus principales filiales no permiten el ingreso de refugiados que huyen de los horrores generados, en gran parte, por los símbolos del capitalismo. “Dejar ingresar los recursos naturales como el petróleo y el oro, pero negar el ingreso de los seres humanos que buscan una vida mejor, es hipócrita”, sentenció Alicante.

  

Sumado a esto, el Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado de los Estados Unidos presentó -en 2004- un estudio sobre el Banco Riggs que determinó que, para el 2003, esta entidad manejaba cuentas de la familia presidencial ecuatoguineana con “saldos que oscilaban entre 400 y 700 millones de dólares”.

  

También se declaró en el documento que el banco “hizo la vista gorda ante datos que sugerían que estaba administrando fondos procedentes de actos de corrupción en el extranjero” y nunca informó a las autoridades judiciales. En otra parte, resalta la afirmación de que los Obiang y sus familiares son “bisagras virtuales económicas para las empresas extranjeras que desean hacer negocios en el país”.

  

Esto deja en evidencia la corrupción con la que se maneja la “dinastía Obiang”, que en abril de este año renovó su “mandato” con casi el 100 por ciento de los votos, en unas elecciones marcadas por la nula transparencia y con varios líderes de la oposición encarcelados.  

 

El presidente Obiang explicó, antes de las elecciones de abril de 2016, que los partidos que quieran "participar en el desarrollo de Guinea Ecuatorial tienen que coaligar" con el oficialismo. (Fuente: Dario Rombe, vía Youtube)

 

Teodorín Obiang, hijo del dictador, fue nombrado vicepresidente primero del país por su padre en junio de 2016. “El patrón”, como se hace llamar en su país, fue perseguido por la Justicia estadounidense por “fraude y blanqueo de capitales -con la que arregló se cerrara su caso al vender su villa en Malibú y otros bienes, y donar ese dinero a ONGs que ayudan a ciudadanos guineanos-, y por la Justicia francesa, que lo procesó por corrupción.

 

  

Teodorín Obiang se enfrenta a un juicio en la Corte francesa por cargos de corrupción, lavado de dinero y malversación de fondos públicos. (Fuente: republica.com.uy)

 

Entre los bienes documentados en la denuncia realizada por la ONG Transparency International se encuentran más de 200 autos de lujo -algunos ya fueron confiscados y subastados-, un edificio en el Distrito 16 de París -valuado en más de 100 millones de euros- y varios relojes de lujo, entre otros. 

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