Política • Lilita, en profundidad

"El gran desafío es dar estabilidad a esta República"

Diario Publicable dialogó con Elisa Carrió en el el Instituto de Formación Cultural y Política "Hannah Arendt", donde enseña a luchar contra la impunidad y el narcotráfico.       

Penélope Canónico @Penny_Lupe // Jueves 19 de mayo de 2016 | 16:18

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“Mi mayor ambición es caminar de cara mirando a los ojos a la gente toda la vida”, asegura Carrió.(Fotos: Facebook Elisa Carrió)

“Nunca quise el poder. Busqué la autoridad y ya la tengo", asegura la diputada nacional por el frente Cambiemos.

"He luchado durante más de veinte años por una nueva matriz moral, republicana y de desarrollo económico y distribución de oportunidades de ingreso. No me importa mi destino personal; deseo ver una Argentina republicana". Así se define Elisa Carrió en "Yo amo la República", su último libro publicado. Fundadora de la Coalición Cívica y del Instituto de Formación Cultural y Política "Hannah Arendt", la polémica Lilita participó en la Convención Nacional Constituyente de 1994 y fue una de las autoras de la ley que otorga jerarquía constitucional al Tratado de Desaparición de Personas. 

 

-¿Cómo se despertó  su interés por la política?

-En realidad nunca se despertó. Me crié entre personas que hacían política. En mi infancia conocí a muchos presidentes, diputados de todos  los partidos. Fui profesora titular de Derecho Constitucional en Ciencias Políticas, lo cual no elegí. Quería enseñar Derecho Civil o Penal, pero no había lugar. Me interesaban la teoría del Estado, la filosofía y la literatura. Cuando me enteré de que mi padre se estaba por morir, me ofrecieron ser Convencional Constituyente. Acepté y después no pude salir del ámbito político. Creo que la vida no se elige. Aprendí a dejarme llevar, la vida te lleva.

 

-¿Por qué eligió el nombre de Hannah Arendt para fundar el instituto?

-Porque era una figura que tenía sensatez y podía tomar una distancia impresionante de las cosas. Asimismo era mujer y judía. Era muy difícil ser ambas cosas en la Alemania nazi. Además, me explicó el significado de la desaparición forzada, el concepto de totalitarismo y aquello de lo que no se podía hablar. Me enseñó lo que estaba pasando en Argentina durante la dictadura cívico-militar. Me demostró que el mal es la estupidez: “No necesariamente las personas son voluntariamente malas”. A través de su pensamiento descubrí que la estupidez puede hacer mucho daño al mundo.

 

-¿Qué opina sobre la reforma en el funcionamiento de la Justicia que propuso el ministro Germán Garavano?

-No estoy de acuerdo porque me parece que tiene que ser mucho más profunda y clara.  La reforma depende de conductas. El Ministerio Público no puede durar lo mismo que un Gobierno porque esto implica volver al viejo procurador del rey. Me parece que hay un desconocimiento de la historia de esta institución y del nacimiento mismo del Estado-Nación. No se ha leído lo suficiente. Adoro a Garavano pero no puedo apoyar proyectos sin estudios ni conocimientos previos.

 

-¿Qué le pareció la designación de Eugenio Zaffaroni en la Corte Interamericana de Derechos Humanos?

-Fue tardía. Era un hombre brillante, pero sufrió una especie de degradación personal durante estos últimos años. A mí me importa lo que era, ya no me importa lo que es. Cuando una ve gente a la que ha respetado mucho (aunque no necesariamente haya compartido su pensamiento) tener de pronto comportamientos distintos, es como que una quiere quedarse en el pasado. Está claro que en la Argentina el sistema de poder ha destruido  muchísima clase intelectual, política, judicial, técnica y de toda naturaleza.

 

-¿Cuál es su postura acerca de la ley antidespidos?

-Se trata de una excusa para debilitar el poder y producir una crisis en el año siguiente. Esto es de manual. A una multinacional no le cuesta nada despedir. Si una Pyme piensa en despedir, lo hace antes de la ley. Es contra el trabajo. Promueven la doble indemnización para que no venga la inversión ni se genere empleo. Hay una regla fundamental en Ciencia Política: “Cada vez que se juega la gobernabilidad, se juega la impunidad”. La historia se repite, pero no necesariamente el futuro. En el 83 fue la famosa ley de democratización sindical, en el 99 la reforma de la ley laboral y hoy es la ley antidespidos. Con esto quiero decir que así como a los seis meses de la Alianza  el PJ tomó la excusa de la reforma laboral para quebrar al Gobierno, hoy la excusa es la ley antidespidos. Pero la diferencia es que De La Rúa pactó impunidad; hoy no existe tal posibilidad. El gran desafío es dar estabilidad a esta República. Además, hay que proteger las empresas de la competencia china. Me pregunto dónde estaba la Unión Obrera Metalúrgica cuando Néstor Kirchner firmaba con China un acuerdo que otorgaba status de economía de mercado a partir de 2016.

 

-¿A qué obedece su lucha contra la impunidad?

-A no querer ser cómplice. Quien calla lo es por silencio. Es crucial entender la historia. Creo que aprendimos del pasado a ganar elecciones y a no interrumpir gobiernos. Salir de un régimen autoritario a uno democrático por vía electoral es un milagro. Ahora nos toca el segundo milagro: lograr cambiar un régimen de impunidad, impedir tal pacto y soportar el coste para que sea posible otra Argentina. Es inevitable ese tránsito. Por mi parte, haré todo lo posible para que no se pacte porque esta es la repetición de la historia nacional: 1983, 1999 y 2016. Es decir, hay una fuerza política que no respeta el orden democrático y busca golpear gobiernos. Uno de los mecanismos para garantizar impunidad es ascender a los jueces que tienen las causas complicadas. El sistema funciona así: bajas penas para los delitos contra la Administración Pública, prescripción, cajoneado de expedientes. Durante muchos años, existió encubrimiento agravado de las causas por enriquecimiento ilícito y corrupción. Se trata de delitos convencionales que pueden ser llevados a niveles internacionales por el Tratado  Anticorrupción. Eso vamos a hacer, si es posible. Tiene que ser la última vez que se juzgue después de 12 años, cuando ya les robaron todo a los argentinos.  Habrá una limpieza y Macri está dispuesto a que se cumpla, caiga quien caiga. Este Gobierno no va a parar y el Presidente tampoco. Además, estoy empezando a enfrentarme a las grandes mafias de la provincia de Buenos Aires. Ese es mi nuevo rol porque ahí está el nudo de los problemas centrales de la Argentina.

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