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"Vas a vivir si yo quiero"

Pablo Alejandro Díaz y Melba de Falcone brindaron hoy su testimonio sobre los secuestros ocurridos en septiembre de 1976 en La Plata, conocidos como “La Noche de los Lápices”. Los secuestrados, todos jóvenes de entre 14 y 18 años, habían sido acusados de “guerrilleros” y enviados a diversos centros clandestinos de detención.

Francisco Orlando (@0rlandoF_) // Sábado 09 de mayo de 2015 | 19:52

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“Casi no nos daban comida, estábamos en ropa interior y atados de manos y al cuello, de modo que si intentábamos zafarnos nos ahorcábamos”, declaró Díaz.

Una larga e intensa jornada se vivió hoy en el Juicio a las Juntas militares. La sala se sumió en un respetuoso silencio cuando pasó a declarar el séptimo testigo del día, Pablo Alejandro Díaz, quien dijo haber sido secuestrado en la madrugada del 21 de septiembre de 1976, y llevado al centro clandestino de detención Pozo de Arana, que se encuentra en la localidad del mismo nombre, a 14 km al sur de La Plata. Las fuerzas que irrumpieron a las cuatro de la mañana en la casa donde vivía con su familia se identificaron como el “Ejército Argentino” y entraron preguntando por Pablo Díaz.

 

El testigo -que en el momento de su secuestro tenía 18 años- relató que, una vez en el centro de detención, empezaron a preguntarle por su “nombre de guerra” o alguna relación con grupos guerrilleros. “Vos tenés algún grado, estás en una organización guerrillera, contó Díaz que le decía el comisario Vives, a quien reconoció posteriormente en fotografías. Ante la negativa del detenido, Vives lo amenazó: “Vos vas a vivir si yo quiero”.

 

En el Pozo de Arana el testigo fue torturado durante una semana. Luego fue trasladado junto con otros 15 detenidos a la Brigada de Investigaciones de Banfield. Díaz relató que allí  se encontró con otros jóvenes, quienes relacionaban sus detenciones con un reclamo que habían realizado en 1975 para conseguir un boleto escolar secundario. Allí Díaz entabló relación con María Claudia Falcone, quien le daba apoyo y con quien conversaba siempre que podía.

 

En Banfield la situación era peor que en Arana: “Casi no nos daban comida, estábamos en ropa interior y atados de manos y al cuello, de modo que si intentábamos zafarnos nos ahorcábamos”, declaró Díaz. Recordó con pesar una noche en que fue puesto en un calabozo con diez centímetros de agua, desnudo, y que hacía mucho frío. Había cinco pasos de la puerta a la pared y esa noche contó treinta mil pasos. También en Banfield los hacían cuidar de las detenidas embarazadas, a las que tenían que vigilar y al comenzar las contracciones, golpeaban las puertas para llamar a la guardia.

 

Allí pasaron en Banfield la Navidad y el Año Nuevo, cuyas fechas recordaron gracias a un guardia humanitario. Por esa fecha, le comunicaron que iba a salir en libertad. Luego Díaz recordó un episodio el día en que se enteraron sus compañeros de su liberación. "Claudia (Falcone) me dijo que cada 31 de diciembre alzara la copa por ella, por todos, porque ya estamos muertos. Yo me fui gritándoles que ellos iban a salir también, que no iban a morir".

 

Pablo Díaz, al finalizar su declaración. (Foto: Memoria Abierta)

 

A finales de enero de 1977, le explicaron a Díaz que pasaba al PEN. “Yo ni siquiera sabía lo que era eso”, explicó. Fue trasladado junto con otro joven de apellido Noviello a la Brigada de Investigaciones de Quilmes, el “Pozo de Quilmes”. Allí conoció a un policía de nombre Jorge, quien, a cara descubierta, lo ayudó a I. Pasadas unas semanas tuvo una entrevista con el mayor Pena, de la unidad 9 de La Plata, quien le entregó una carpeta donde constaba que Díaz había sido "levantado" el 28 de diciembre de 1976 por tener panfletos en la mano. Finalmente lo llevaron al Hospital de La Plata, donde pudo escribirle a su familia, y luego de lo cual fue liberado.

 

El detallado relato de Pablo Díaz no fue el primero en conmover a la audiencia en las tres semanas que lleva este juicio, pero se lo escuchó como si lo fuera, durante casi dos horas. El presidente Andrés J. D’Alessio apenas interrumpió para aclarar algunas cuestiones. Terminado el relato, ni el fiscal ni los abogados defensores hicieron uso del derecho a repreguntar; Pablo Díaz abandonó la sala a las 19.10 y se abrazó largamente con su familia y su novia, con lágrimas en sus ojos. “Me acuerdo de los chicos, nada más”, decía.

 

 

"Les gritaba si tenían madres"

Tras un cuarto intermedio, Melba Mendez de Falcone, la madre de la desaparecida María Claudia Falcone, fue la siguiente en declarar. Su hija fue secuestrada en “la noche negra” del 16 de septiembre de 1976 en compañía de una amiga de nombre María Clara Ciocchini, y estuvo clandestinamente en cautiverio en la Brigada de Investigaciones de Banfield. La joven, que tenía por ese entonces 16 años y cursaba el tercer año del bachillerato de Bellas Artes, permanece desaparecida.

 

Pocos meses después, el 13 de abril de 1977, Melba de Falcone también fue secuestrada junto a su esposo - Jorge Ademar Falcone, un reconocido médico y ex-intendente peronista de La Plata- y llevados al centro de detención conocido como “La Cacha”, cerca de Olmos. Allí su marido fue careado con otras personas en busca de información, mientras se les preguntaba a ambos por su hijo, quien era dirigente de la Juventud Universitaria Peronista.

 

Fueron liberados cinco días después, en las inmediaciones de su casa. Poco tiempo después fueron nuevamente secuestrados, esta vez los llevaron al “Banco”, cerca de la avenida Richieri en las proximidades de Ezeiza. Allí se los designa como “D-86” y “D-87”. Como el esposo padecía una insuficiencia cardíaca, decidieron torturar a la mujer.

 

“La tortura por picana es sentir la muerte -declaró Melba de Falcone-, es dolorosa, no podía concebir tal dolor, y les gritaba si tenían madres, a lo que me contestaron que se las habían matado los guerrilleros”. Los torturadores, según aseguró, “demostraban un antisemitismo recalcitrante”. Durante su cautiverio, la señora de Falcone vio al dirigente de la UOCRA Antonio Macedo, de 70 años, y a Susana Piri Lugones, la nieta del escritor Leopoldo Lugones, quien se presentó como “la nieta del poeta y la hija del torturador”. Contó que por las noches, ponían grabadoras con discursos de Hitler en alemán y un guardia, apodado “El Führer”, saludaba a los presos con el ademán nazi y los obligaba a responder de igual forma.

 

Finalmente, Melba de Falcone y su esposo fueron liberados el 27 de febrero de 1978 en las inmediaciones de Floresta, en malas condiciones físicas y los ojos vendados. “Eran las 9 de la noche y llovía a cántaros”, relató la testigo. Su marido murió poco después, víctima de una insuficiencia cardíaca agravada por los golpes recibidos en cautiverio.

 

La jornada finalizó luego de los testimonios de Francisco Fanjul, cuyo hijo José Fernando se encuentra desaparecido desde 1977, y de Norma Alicia Ungaro, cuyo hermano fue secuestrado el 16 de septiembre de 1976, también con relación al episodio de "La Noche de los Lápices". Eran las 23.38 cuando se levantó la sesión, luego de 8 horas y media de testimonios; una de las jornadas más extensas a la fecha.

 

MARCHA A LAS INMEDIACIONES DEL TRIBUNAL

Un grupo de Madres de Plaza de Mayo reclamaron hoy en la esquina de Lavalle y Uruguay, por el “juicio y castigo a todos los culpables”. Una de las Madres leía con un megáfono una lista de nombres de miembros de las Fuerzas Armadas y de seguridad involucrados en los crímenes de la última dictadura. Además, más de 300 personas se congregaron a las puertas de la sede judicial para apoyar la protesta y a los testigos.

 

(Foto: Télam)

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