Especiales • Juicio a las Juntas - Testimonios

"Era muy duro de escuchar, sobre todo lo que padecieron las mujeres"

Pablo Pimentel preside la filial de La Matanza de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), desde donde acompañó a las víctimas y familiares durante el Juicio a las Juntas. En esta nota, sus impresiones y recuerdos sobre lo que se vivió en el recinto entre abril y diciembre de 1985.

Florencia Bertolino // Martes 14 de abril de 2015 | 20:17

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Pimentel continúa trabajando en casos vinculados con violaciones a los derechos humanos. En la imagen, junto a Vanesa Orieta, hermana de Luciano Arruga. (Foto: Télam)

“Para los sobrevivientes y las familias, el Juicio era la única oportunidad de cruzarse con esos monstruos y mirarlos a la cara para decirles todo lo que sentían”, recuerda Pimentel.

“Era muy fuerte ver a los genocidas ahí. Tipos que habían secuestrado y matado ahora sentados en el banquillo de los acusados, frente a personas muy valientes cuyos testimonios permitieron juzgar, procesar y encarcelar a estos asesinos”, recuerda Pablo Pimentel, actual presidente de la filial de La Matanza de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) e hijo de Eduardo Pimentel, miembro fundador de ese organismo emblématico en los reclamos de las décadas de 1970 y 1980.

 

La APDH nació en 1975, fruto de una autoconvocatoria de personas provenientes de los más diversos sectores sociales. En la actualidad, su trabajo principal consiste en acompañar a las víctimas de violaciones a los derechos humanos y sus familiares.


Recuerdos del juicio

“Era muy conmovedor, te salías de la vaina, querías opinar y gritar, pero tenías que estar en silencio y acompañar", vuelve a contar Pimentel sobre lo que se vivía durante las audiencias y agrega: "Era muy duro de escuchar, sobre todo lo que padecieron las mujeres. Mientras ellas contaban lo que les habían hecho, veías a los tipos sentados en sus lugares, con aspecto de abuelitos de Heidi. Pero eran brutos asesinos, que aún no se arrepienten”, recuerda con bronca.

 

Desde su lugar de acompañante, Pimentel pudo percibir lo que sentían las personas que sufrieron y aún siguen conviviendo con ese dolor. “Para los sobrevivientes y las familias, el Juicio era la única oportunidad de cruzarse con esos monstruos y mirarlos a la cara para decirles todo lo que sentían”, asegura. Y agrega: “Era momento de que la Justicia condenara a los militares por el delito más grande, como lo es la desaparición de personas, la tortura y el robo de identidad. Pero a la vez de empezar a cicatrizar esas heridas que seguían abiertas”.

 

Como experiencia personal, el referente de la APDH señala que el Juicio a las Juntas significó para él encontrarse con la verdad, la triste y dura verdad de que hubo 30 mil personas que fueron desaparecidas, asesinadas o torturadas. Y que los causantes de esa verdad también “hicieron que el país se atrasara 50 años, porque lo endeudaron económicamente, destruyendo la industria nacional, dejando un ejército de desocupados terrible”.

 

Sin embargo, asegura que el hecho de haber juzgado y seguir juzgando a los responsables “va a ordenar y dar un panorama a las futura generaciones de lo que está bien y de lo que está mal”. Preocupado por algunas declaraciones de políticos que en sus discursos electorales prometen que se terminarán los juicios porque significa “mirar al pasado, Pimentel asegura que, por el contrario, continuar con los juicios “es mirar al presente y al futuro. Un país que no resuelve su historia, muy difícilmente pueda resolver el presente, concluye el dirigente, que actualmente también acompaña a víctimas de violaciones de derechos humanos en democracia.

 

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