Especiales • Juicio a las Juntas - Desde el presente

El paladín de la investigación

A los 32 años, Luis Moreno Ocampo abandonó su puesto de secretario del entonces Procurador General de la Nación para asumir el rol de fiscal adjunto en el juicio a los ex comandantes de las Juntas Militares. Perfil de un hombre que hizo de la investigación su arma para luchar contra la impunidad y la injusticia.

Paula Grandis @paulagrandis // Martes 14 de abril de 2015 | 20:07

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Dieciocho años después del Juicio a las Juntas, Moreno Ocampo fue elegido fiscal general en la Corte Penal Internacional de La Haya. (Foto: web Universidad de Harvard)

“Todo esto ocurrió porque la sociedad argentina había decidido revisar el pasado. Ningún país del mundo hizo antes ni después lo que hizo Argentina”, declaró Moreno Ocampo sobre el Juicio.

Sin espada pero con palabra, Luis Moreno Ocampo es el cuarto mosquetero dumasiano. Al igual que D'Artagnan, el jurista argentino halló un lugar entre los más leales defensores pero, a diferencia del noble gascón, no ha defendido a un rey sino a quienes sufrieron la inclemencia real.

 

Desde sus inicios como abogado adhirió a una visión de la ley como un medio para frenar los abusos del poder. En una entrevista para Perfil realizada por Jorge Fontevecchia, declaró que, "en un mundo caótico, la Justicia siempre requiere pelear por ella, así que habrá que pelear”.

 

Todos para uno

Tan aclamado como criticado, Moreno Ocampo se ha convertido en el guardián de las investigaciones sobre crímenes atroces, aquellos calificados de lesa humanidad que tanto pesan en la historia latinoamericana. En 1985, a los 32 años, abandonó su puesto de secretario del entonces procurador general de la Nación, Juan Octavio Gauna, para tomar el cargo de fiscal adjunto de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal. Junto al fiscal general Julio César Strassera, su Athos argentino, iniciaría el Juicio a las Juntas, que calificó como “un maravilloso entrenamiento” para lo que le depararía el futuro.

 

Su labor en su primer caso como fiscal fue ardua. Ante la aparición de incontables problemas, el joven fiscal "soñaba con las soluciones y soñaba que debía recordar el problema en todos sus detalles cuando despertara”, según sus dichos en una entrevista realizada en 2010 por Magdalena Ruiz Guizñazú. “Sosteníamos la convicción de que no se podía fracasar. Los jueces tenían a su cargo el hecho fundamental de hacer el juicio y la fiscalía debía cumplir con su misión, que era investigar los hechos”, aseguró entonces, y agregó: “Todo esto ocurrió en un contexto en el que la sociedad argentina había decidido que había que revisar el pasado. Había liderazgo político y se habían prometido juicios. Ningún país del mundo hizo antes ni después lo que hizo Argentina”.

 

En el siguiente video, sus reflexiones sobre el Juicio décadas después de haber formulado la acusación a los ex comandantes.

 

 

Sin embargo, en la Unión Cívica Radical (UCR) no todos estaban contentos con el accionar de Moreno Ocampo, a quien describieron como “demasiado irritante para los militares”. En el seno de su familia materna, tal afirmación había sido preanunciada. Descendiente del general Francisco Antonio Ortiz de Ocampo, el novato fiscal debió lidiar con los reproches de su madre y tío por “defender” al enemigo. Y a pesar de que su madre tras comenzar el juicio reconoció que el ex presidente de facto Jorge Rafael Videla debía ser apresado, su tío jamás volvió a hablarle, una promesa que le hizo al mismísimo Videla. “El Juicio a las Juntas fue una obra de arte porque cambió la mentalidad de gente como mi mamá, que pensaba que Dios protegía a Videla para luego darse cuenta de que era un hombre”, relató

 

Según un artículo del diario World Affaires, en 2009, la periodista de investigación Miriam Lewin, sobreviviente de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), declaró que ningún detenido quería hablar con Moreno Ocampo. Según ella, el fiscal no comprendía cuán difícil era para muchos de ellos retornar al país tras ser torturados y detenidos en un centro clandestino. “Sentíamos que no nos respetaba. Era distante e ignoraba lo que estaba sucediendo”, explicó y concluyó: Nunca se mostró comprensivo. Jamás nos acompañó a nosotros, las víctimas”. Su temple aparentemente imperturbable ante los testimonios de centenares de víctimas también desconcertó al mismo fiscal, quien reconoció que se preguntaba hasta cuándo podría mantenerse calmo, desprevenido de que su quiebre ocurriría en la oscuridad típica de las salas de cine luego de ver el film “La Historia Oficial”.

 

Uno para todos

Dieciocho años después, en 2003, Moreno Ocampo se halló frente a una oficina vacía en una ciudad foránea: La Haya. Allí, el prestigioso jurista retomó el cargo de fiscal, abandonado en 1992, después de haber sido elegido unánimemente por los 90 miembros de la Asamblea de Estados Participantes de la Corte Penal Internacional (CPI) para tomar el puesto de fiscal general, por lo que tendría jurisdicción sobre los delitos de genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos en más de cien países. "No podemos fracasar, no hay espacio para el fracaso. Tenemos que ser un éxito", sostuvo entonces.

 

En sus primeros dos años, la Fiscalía de Moreno Ocampo afrontó tres casos: los de los países Uganda, República Democrática del Congo y la República Centroafricana. En 2005, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, “un lugar de encuentro”, le refirió por primera vez un caso: el conflicto de Darfur, una región situada en el Sudán Occidental.

 

Sin embargo, recién en 2006 la CPI logró tomar bajo su custodia a uno de sus primeros sospechosos: el congolés Thomas Lubanga Dyilo. Quizás con un anhelo de ilustrar la continuidad del legado de los juicios de Nüremberg, Moreno Ocampo invitó al fiscal húngaro Benjamín Ferencz a su juicio. Frente al acusado por crímenes de guerra y reclutamiento de niños, el argentino concedió la palabra a Ferencz. Volvió a sentarse y se inclinó levemente hacia un costado. Atento, observó minuciosamente al legendario fiscal, aquel que representó a los vencedores pero que en vez de jurar venganza pidió justicia. Por un instante, Moreno Ocampo volvió a ser el D’Artagnan, apenas poco más de 20 años después.

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Luis Moreno Ocampo lee la acusación ante el Tribunal.

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