Polideportivo • Crónica

El primer naufragio de la Gran Argentina

El 4 de diciembre de 1989, Daniel Scioli, por entonces subcampeón mundial de la clase 6 litros de Offshore y campeón nacional, se embarcó para los "1000 kilómetros del Delta Argentino" sin saber que su vida cambiaría para siempre. Fue cuando un accidente en El Tonelero le costó la amputación de su brazo derecho. A continuación, la historia completa de aquel día.

Lihuel Forti @lihuelf // Lunes 22 de mayo de 2017 | 17:28

Resaltar resumen
      
Enviar a un compañero/a
   
Imprimir
nota
   
Agrandar
Texto
   
Reducir
Texto
Imágenes del naufragio. (Fotos: libro "Daniel Scioli. Mil imágenes, testimonios, un hombre, un sueño: La Gran Argentina")

El campeón de motonáutica Daniel Scioli yacía en el agua. Inmóvil. Flotaba gracias a su chaleco. Notaba que no tenía el brazo derecho y que perdía mucha sangre. Un conjunto de olas inesperadas, producidas por un buque carguero, habían volcado su lancha. El impacto con el agua fue tan fuerte que le arrancó el brazo derecho, y ahora se estaba desangrando en pleno Río Paraná. Su vida dependía de la buena voluntad de un equipo rival y de la valentía de un capitán de la Fuerza Aérea Argentina. "Son situaciones límite, te entregás o aguantás. Me preparé para aguantar lo más que pudiera, no había otro camino", contó Daniel Scioli a la revista Gente apenas tres meses después del accidente.

 

El comienzo fue bueno y nada indicaba que esa edición de los "1000 kilómetros del Delta Argentino" cambiaría la vida del subcampeón mundial de la clase 6 litros de Offshore. Carlos Saúl Menem, en ese momento presidente de la Nación, había elegido un plan distinto para ese domingo 3 de diciembre de 1989. El famoso motonauta lo había invitado para que lo acompañara en la primera etapa de la tradicional carrera.

 

Para preservar la seguridad del riojano, un helicóptero de la Fuerza Aérea Argentina asignado a la presidencia de la Nación los seguiría durante los 90 kilómetros de travesía. El capitán Jorge Barbero pensaba aprovechar el día familiar para agasajar a los suyos con un asado, pero el plan fue abruptamente interrumpido por un llamado: en minutos lo pasaban a buscar por la Base Aérea del Palomar ya que había sido designado como paracaidista de rescate de la aeronave. "Hay que responder siempre al llamado del deber", dice una de las máximas del círculo militar. Barbero rezaba para no tener actividad ese día porque significaría que las cosas no estarían bien.

 

Cristián Bühler y Roberto Casavecchia también competían en la carrera. La pareja buscaba hacer una etapa aceptable. Terminar sin grandes contratiempos y que el cronómetro no estuviera muy avanzado a la hora de cruzar la meta. Esos eran los objetivos planteados.

 

El día soleado y poco ventoso ayudó a que el público se juntara a la vera del río. Todos hablaban de que el presidente había completado la primera etapa, la que unía Buenos Aires-Zárate, sin inconvenientes. Durante la tarde, los competidores se agruparon según el equipo de fútbol con el que simpatizaban para escuchar por radio la fecha del Torneo Apertura. Luego, asado mediante, por la noche compartieron el análisis de los partidos. Estaban contentos y no era para menos: la primera etapa de los “1000 kilómetros” había concluido sin percances. Daniel Scioli, Jorge Barbero, Cristián Bühler y Roberto Casavecchia jamás imaginaron que horas más tarde sus vidas quedarían ligadas para siempre.

 

 El día siguiente se presentó con un clima complicado para navegar. Había sol pero el viento cruzado hacía más difícil el desplazamiento sobre las traicioneras aguas del Paraná. Situación que a Scioli no le preocupaba: con su lancha multicampeona, la "Gran Argentina", había superado escollos más difíciles. Junto con su histórico copiloto Luca Nicolini partió desde Zárate a las 10.30 de ese lunes 4 de diciembre de 1989. El italiano regulaba el acelerador, calibraba los controles y el balanceo de la lancha. Lo mismo que había hecho Scioli el día anterior. Ahora Scioli tomó el rol que el domingo había tomado el presidente: ser el conductor de la lancha. La dupla había ganado las dos ediciones anteriores de la carrera, y ahora iba por un objetivo más ambicioso: quebrar el récord de velocidad. Con sólo mirarse sabían cuáles eran los pasos a seguir.

 

Roberto Casavecchia y Cristián Bühler habían largado minutos antes. Iban a 110 kilómetros por hora, a la altura de El Tonelero, cuando la Gran Argentina los pasó "como un trapo". La potencia del navío de los punteros era abrumadora, no había otra embarcación en la competencia que se le asemejara. En ese momento un barco carguero empezaba su rutina semanal. Ese lunes se dirigía aguas arriba, hacia el Río de la Plata, para llevar su mercancía.

 

Estas embarcaciones tienen un bulbo gigante que levanta olas muy grandes, con un lomo redondeado que actúan como un trampolín", explicó Bühler en una nota que le hicieron años atrás. Además, el particular espejismo del Paraná hacía difícil visualizarlas. Scioli no las vio. Incluso recuerda que estaba tan concentrado que no vio pasar el carguero. Iban a casi 160 kilómetros por hora cuando pudieron sortear la primera ola, pero la segunda los desacomodó y la tercera los tumbó definitivamente.

 

La Gran Argentina había acompañado a Daniel en más de 35 carreras en los mares más difíciles del mundo. Con ella había competido en Suecia, Noruega y el Canal de la Mancha. La embarcación, que había conseguido la hazaña de ser uno de los dos botes que cruzaron la meta en Saint Tropez tras el abandono de más de 30 lanchas, ahora yacía en el fondo del río.

 

Bühler y Casavecchia fueron testigos directos del accidente: “Fue espectacular. La explosión de agua, impresionante. Intuíamos que algo malo había pasado”. Las mismas olas que tumbaron a Scioli y Nicolini metros antes casi dieron vuelta su embarcación cuando disminuyeron la velocidad para socorrer a los heridos.

 

OPERATIVO RESCATE 

La noche anterior, mientras compartían el asado, las autoridades del Yacht Club habían pedido al gobierno que el helicóptero de la Fuerza Aérea se quedara algunos días más. Caso contrario, si ocurría algún accidente no habría una aeronave para auxiliar a los lesionados. El helicóptero despegó ese mismo lunes para seguir la carrera desde el aire. Los 90 nudos de velocidad máxima del Bell 212 hacían muy difícil seguir el ritmo de las lanchas de punta. Entonces, la tripulación decidió sobrevolar el pelotón de la competencia para poder estar próxima a cualquier emergencia. Jorge Barbero estaba a bordo de la aeronave cuando por la radio reportaron un "fuerte accidente a la altura de El Tonelero".

 

 

 

Lo que encontró fue una escena desgarradora. Desde el aire lo único que se veía eran retazos de la lancha y los cuerpos de Scioli y Nicolini flotando gracias a sus chalecos. La lancha había perdido la estabilidad y volcado sobre el lado del conductor debido a las olas generadas por el carguero, y la pareja salió despedida. Si hubiesen quedado atrapados, se hubieran ahogado. El accidente, además, fue similar al que le había costado la vida al francés Didier Pironi en Inglaterra dos años antes, pero con la diferencia de que el también corredor de Fórmula 1 impactó contra el agua con la cabeza. El golpe lo decapitó. Scioli, en cambio, cayó con el brazo.

 

El motonauta se dio cuenta enseguida de la complejidad de su cuadro: "Traté de nadar y el brazo derecho no me respondía. Tuve perfecta noción de que se me había cortado. Tenía que serenarme, veía cómo me desangraba". Su casco estaba lleno de agua que tenía que sacar, con un brazo menos, para no morir ahogado. Casavecchia y Bühler comenzaron a socorrer a los heridos. A Daniel lo subieron por la proa, el lugar más difícil para hacer un salvataje, pero su colaboración fue clave: “Con Cristián lo tomamos del brazo y después del cuerpo. Daniel también ayudó, cuando nos quisimos acordar ya estaba arriba, lo levantamos como a un bebé", recordó Bühler.

 

Casavecchia no tenía mucha noción de primeros auxilios, pero sabía que tenía que apretar bien fuerte para frenar el sangrado. Cortó el cabo proa, que se usa para atar al ancla, e hizo un torniquete. La hemorragia mermó, pero igual apretó con los dedos la arteria del brazo y no volvió a soltarla. Mientras tanto, Nicolini estaba shockeado. “Vai con Dany, vai con Dany”, repetía. Mientras Casavecchia curaba a Daniel, Bühler puso su motor marcha atrás para sacar al europeo del agua.

 

En ese momento Barbero entró en acción tirándose al río desde el helicóptero, que sobrevolaba a cinco metros de altura. “Se veía sólo un muñón con un tendón de 20 centímetros y un trozo de músculo. El húmero estaba como si lo hubiesen quebrado haciendo palanca", recuerda hoy desde su casa de Córdoba. Puso a Daniel en una camilla que le lanzaron desde la aeronave y, nadando, lo llevó hasta la orilla. Ahí, entre juncos y barros, lo cargó hasta el helicóptero que lo esperaba en un territorio inhóspito.

 

Sin embargo, la versión sobre lo que ocurrió en el rescate de Scioli difiere según quién la cuente. Casavecchia y Bühler dicen que lo cargaron en su lancha y lo llevaron al puerto de Ramallo, y que fue ahí donde lo recibió Barbero para llevarlo hasta el helicóptero. Barbero no entiende por qué le quieren sacar protagonismo. "Me sorprende, no conozco cuál puede ser la intención de estos hombres. A mí me sobró con haber estado en ese momento y haber podido contribuir con una cuota de todo lo que significó mi preparación como paracaidista de rescate. El resto es anecdótico", comenta extrañado.

 

Barbero dice que durante el viaje aéreo Scioli le pidió que le diera un beso porque sentía que esos eran sus últimos instantes. Sin embargo, el ex-gobernador cuenta: "Les pasé el teléfono de mi papá para que indicara mi grupo sanguíneo a la ambulancia que me esperaba en Fisherton. ¡Estaba dirigiendo mi propio rescate! No podía con mi genio". El helicóptero intentó aterrizar en San Nicolás, pero finalmente lo hizo en el aeropuerto de Rosario, ubicado en el barrio Fisherton.

 

La ambulancia todavía no había llegado. Scioli seguía perdiendo sangre. Se desvanecía, temblaba, gemía. Todo estaba manchado de sangre. "Pensé que era el final. Le corté el buzo con un cortaplumas, le envolví el vendaje con una toalla de baño y lo tapé con una manta, abrazándolo cara a cara, alentándolo hasta que apareció la ambulancia", recuerda Barbero. El vehículo lo llevó hacia el Sanatorio Laprida, un experimentado centro de reimplantes a 15 kilómetros del aeropuerto. Cuando los cirujanos Daniel Slullitel y Eduardo Milanesi lo recibieron, Scioli estaba pálido, con una respiración mínima y una presión arterial de apenas tres puntos.  

 

Los médicos dieron una esperanza: si encontraban el brazo en menos de 12 horas, podrían hacerle un reinjerto. Pasado ese tiempo, los microorganismos del agua acelerarían la descomposición. La Prefectura de Ramallo, a cargo del prefecto Rubén Soria, envió dos embarcaciones para el rastrillaje. Encontraron pedazos de lancha, la agenda personal de Scioli con algunas fotos de sus premios, la licencia de piloto, una zapatilla, dos remeras, el buzo, el casco naranja, un par de medias y varias bengalas de auxilio. Nada más.

 

En Buenos Aires la noticia comenzó a circular. Nicolás, hermano de Daniel, escuchó la novedad por la radio y fue corriendo al negocio de su padre, en Callao y Santa Fe, para contarle. Karina Rabolini, por entonces novia del motonauta, salía de la universidad después de rendir un examen cuando su padre le habló sobre el accidente. Ambos pensaban que era menor, hasta que por la radio se enteraron de la amputación del brazo. Esther Méndez, la madre, solía seguir las carreras de su hijo por tierra. Cuando paró en una estación de servicio de la ruta 9, entre los surtidores, uno de los playeros le contaba a su compañero la noticia.

 

Todos los familiares viajaron. El traslado fue una tortura. La radio era la única que les daba novedades sobre el estado de salud de su ser querido. Daniel, tras ser operado por el cirujano Benetti Aprossio, ya se encontraba clínicamente estabilizado. “Mal estaba cuando buscaba el brazo en el agua”, diría años después, cuando sus asesores le planteaban los múltiples problemas que enfrentó como funcionario. Su discurso para la campaña presidencial de 2015 versaba sobre la construcción de la "Gran Argentina". El mismo nombre que tenía su lancha. Finalmente no pudo vencer a Mauricio Macri. Su sueño de la "Gran Argentina" quedó destrozado, igual que su lancha aquel 4 de diciembre de 1989.

Enviando...
Comentarios
No se encontraron comentarios.

Facebook

Twitter