Polideportivo • PERFIL

Una luchadora olímpica dentro y fuera del cuadrilátero

En 2012 debutó en los Juegos Olímpicos de Londres con menos de dos años de entrenamiento y en 2016 viajó a Brasil para ser la única mujer en representar a la Argentina en lucha libre en los Juegos Olímpicos de Río. Sacrificios y disfrutes de una "caradura".

Agustina Ceccarelli // Miércoles 01 de marzo de 2017 | 21:39

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En los últimos Juegos Olímpicos de Río 2016, estuvo cerca de la medalla de bronce.

"El secreto está en seguir intentándolo", afirma Bermúdez con total convicción.

Patricia Bermúdez mide apenas un metro y medio, tiene 29 años y se inició en el deporte con tan sólo 6, cuando decidió tomar clases de judo. Sin saberlo, y por accidente, se acercó a la lucha libre debido a que en un torneo en 2008 la llevaron porque no había representantes femeninas. “Yo fui de caradura. De hecho, al principio detestaba la lucha”, declaró. Sin embargo, hoy en día, la lucha libre es el deporte por el cual siente una gran pasión.

 

Oriunda de la provincia de Santiago del Estero, Bermúdez practicó judo durante toda su adolescencia. Recuerda esta etapa como un momento complicado de su vida, ya que le resultó difícil sacrificar algunos aspectos sociales para poder enfocarse y priorizar las competencias que tenía en aquel entonces.

 

Cancelar las salidas con amigos o familiares y no haber podido ir al viaje de egresados con sus compañeros fueron algunos momentos a los que debió renunciar para perseguir sus objetivos deportivos. Sin embargo, al hacer un balance de las cosas que puso en juego, asegura no arrepentirse de nada. “Lo haría una y mil veces”, confiesa.

 

A pesar de los sacrificios que el deporte de alto rendimiento le demandó durante todos estos años, la santiagueña resalta y valora el apoyo constante que su familia le brindó desde chica y en cada decisión tomado. “Nunca me dijeron nada malo, siempre vieron que me divertía mucho. Las únicas críticas que recibí fueron constructivas”, afirma.

 

En 2007, decidió abandonar las prácticas de judo para seguir los pasos de su abuelo y poder cumplir otro de sus sueños: convertirse en la gendarme que es actualmente. Aunque por un tiempo se mantuvo alejada del deporte, con el objetivo de competir en la categoría de 51kg de lucha libre, Patricia retomó los entrenamientos para bajar 16kg. A diferencia de su adolescencia, ya no todo se basa en diversión. El compromiso y la predisposición jugaron un papel importante en su nueva etapa profesional.

 

DE 2 A 6 HORAS POR DÍA

Las jornadas de entrenamiento dejaron de ser de dos horas y pasaron a ocupar de cuatro a seis por día. El camino para lograr el objetivo de ser deportista olímpica no es fácil: trabaja hasta la tarde en el Edificio Centinela de Puerto Madero y, una vez cumplida la jornada laboral, se va hasta el Cenard a entrenar.

 

Durante este largo trayecto, los retos que el compromiso deportivo le contrajo a la santiagueña fueron varios: desde la poca disponibilidad horaria para descansar o tener un día libre, hasta el hecho de no haber podido ir al velorio de su abuela para participar de un Mundial.

 

Como si todo eso no hubiera alcanzado, Bermúdez demostró ser una luchadora dentro y fuera del cuadrilátero, al haber tenido que afrontar dos cirugías de rodilla que la dejaron fuera de los Juegos Panamericanos de Toronto en el 2015.

 

 

Ya recuperada, la gendarme retoma la rutina desde muy temprano y sus días son largos. “Solamente sé que llego a casa a dormir”, declara. Su entrenamiento de alto rendimiento le demanda tanto a nivel físico que para ella ir a trabajar es como tener un descanso. Por la noche, cuando finaliza los ejercicios de lucha, comienza con sus rutinas de gimnasio para complementar y, si no levanta pesas, realiza entrenamientos en pista.

 

Bermúdez asegura que volvería a elegir el mismo camino deportivo con todos los pro y los contra que esta disciplina conlleva. “Es algo de lo que nunca me arrepentiría”, reafirma. El año pasado, en los Juegos Olímpicos de Río, Bermúdez cayó frente a la búlgara Elitsa Yankova por apenas un punto (6-7) y quedó al borde de conseguir la medalla de bronce, que hubiera sido la quinta para la delegación argentina. A pesar de estar un poco frustrada por la derrota, la representante albiceleste se aseguró un diploma olímpico.

 

Obtener la medalla mundial y la olímpica son dos objetivos deportivos a los que ella no va a renunciar tan fácil. No baja los brazos y continúa poniendo lo mejor de sí para cumplir sus sueños. Su premisa y consejo para los deportistas amateur es simple: “Nunca dejar de soñar, porque no hay imposibles. Todo lo que uno se propone, tarde o temprano llega. El secreto está en seguir intentándolo”.

 

 

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