Polideportivo • ENTREVISTA

"Los Murciélagos son parte de mí"

Martín Demonte dejó atrás su carrera de analista de sistemas y sus prejuicios. El técnico de la Selección Argentina de fútbol 5 para ciegos habla sobre sus inicios como entrenador y su vínculo emocional y profesional con los jugadores.

Ariel Silva // Martes 20 de diciembre de 2016 | 19:14

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Demonte afirma que detrás de cada partido hay una preparación realmente exigente. (Fuente: Fútbol para todos)

¿Un ejemplo de perseverancia? Él mismo dice que no es tan así. Sin embargo, como a muchos les ha pasado, Martín Demonte pudo hallar su lugar en la vida, más bien, encontró el equilibrio que muchos desearían: ser feliz en su trabajo. Así, este experimentado profesor de educación física de 46 años nacido en Martínez está muy lejos de cansarse de su labor como director técnico de Los Murciélagos, la Selección Argentina de fútbol 5 para ciegos, a quienes define cómo "una elite de súper humanos".
La travesía diaria de Demonte ocurre en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) desde hace  17 años, donde dedica largas horas de su tiempo a este grupo tan particular y comprometido al deporte. "Son mi segunda familia", confiesa. "Aún recuerdo cuando llegué al instituto Román Rosell de San Isidro en 1999 y me contaron que los hacían jugar al fútbol. Pensé que era una joda. Mi perjuicio era muy grande porque siempre tuve ese tabú de que una persona ciega no era útil para este deporte".
Sin embargo, el prejuicio fue lo que menos le duró. Más aún cuando conoció a Silvio Velo, uno de los primeros jugadores que se inició en el instituto y actual capitán del seleccionado, en un particular episodio que lo marcó para toda la vida. "Cuando lo vi por primera vez lo quise saludar y no le avisé que le extendí la mano. Hubo un vacío que me incomodó mucho. Pero después cuando fui a la cancha y lo vi jugar con el equipo me emocioné mucho. Fue el incentivo necesario para estar parado hoy aquí", recuerda Demonte.
Pero aún así, el entrenador no se olvida de su papel profesional en el día a día de este deporte. El diseño de distintos planteos tácticos y "gestos" técnicos fueron -y aún siguen siendo- un gran desafío para él, aún más por el objetivo que se propuso a sí mismo de "crear cracks" de alto rendimiento. "Cada táctica está hecha para que los jugadores generen un esquema mental en su cabeza y lo ejecuten en la cancha", destaca. "Detrás de los partidos hay horas de trabajo. Ahí se demuestra el gran valor de estos chicos cuando exponen su cuerpo a situaciones que a cualquier persona le daría pánico".
Demonte tiene motivos suficientes para no arrepentirse de haber dejado su carrera de analista de sistemas y concentrarse en el profesorado de Educación Física cuando sólo tenía 20 años, aunque en ese momento, ni siquiera supiera que existieran Los Murciélagos. "Este deporte ahora es parte de mí. Lo llevo tatuado". Su entusiasmo y dedicación se incrementa a la par de los logros obtenidos de la selección -este año consiguieron la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro-, pero su orgullo por estos "súper hombres" no terminará nunca más.

¿Un ejemplo de perseverancia? Él mismo dice que no es tan así. Sin embargo, como les pasó a muchos, Martín Demonte encontrar el equilibrio que muchos desearían: ser feliz en su trabajo. Así, este experimentado profesor de educación física de 46 años nacido en Martínez está muy lejos de cansarse de su labor como director técnico de Los Murciélagos, la Selección Argentina de fútbol 5 para ciegos, a quienes define cómo "una élite de súper humanos".

 

La tarea diaria de Demonte ocurre en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) desde hace 17 años, donde dedica largas horas de su tiempo a este grupo tan particular y comprometido al deporte. "Son mi segunda familia", confiesa. "Aún recuerdo cuando llegué al instituto Román Rosell de San Isidro en 1999 y me contaron que los hacían jugar al fútbol. Pensé que era una joda. Mi perjuicio era muy grande porque siempre tuve ese tabú de que una persona ciega no era útil para este deporte".

 

Sin embargo, el prejuicio fue lo que menos le duró. Más aún cuando conoció a Silvio Velo, uno de los primeros jugadores que se inició en el instituto y actual capitán del seleccionado, en un particular episodio que lo marcó para toda la vida. "Cuando lo vi por primera vez, lo quise saludar y no le avisé que le extendí la mano. Hubo un vacío que me incomodó mucho. Pero después, cuando fui a la cancha y lo vi jugar con el equipo, me emocioné mucho. Fue el incentivo necesario para estar parado hoy aquí", recuerda Demonte.

 

"Los Murcielagos" cosechan un total de 14 títulos profesionales y fueron campeones mundiales en tres ocasiones.

 

Pero aun así, el entrenador no se olvida de su papel profesional en el día a día de este deporte. El diseño de distintos planteos tácticos y gestos técnicos fueron -y aún siguen siendo- un gran desafío para él, más aún por el objetivo que se propuso a sí mismo de "crear cracks" de alto rendimiento. "Cada táctica está hecha para que los jugadores generen un esquema mental en su cabeza y lo ejecuten en la cancha", destaca. "Detrás de los partidos hay horas de trabajo. Ahí se demuestra el gran valor de estos chicos cuando exponen su cuerpo a situaciones que a cualquier persona le daría pánico".

 

Demonte tiene motivos suficientes para no arrepentirse de haber dejado su carrera de analista de sistemas y concentrarse en el profesorado de Educación Física cuando sólo tenía 20 años, aunque en ese momento ni siquiera sabía que existían Los Murciélagos. "Este deporte ahora es parte de mí. Lo llevo tatuado". Su entusiasmo y dedicación se incrementa a la par de los logros obtenidos de la Selección -este año consiguieron la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Río de Janeiro-, pero su orgullo por estos "súper hombres" no terminará nunca más.

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