Perfiles • Juegos Olímpicos-Lucha

Fuerza de seguridad

Patricia Bermúdez. Judoca, gendarme y luchadora. Dueña de un histrionismo y de una simpatía tan grandes como su talento a la hora de enfrentarse a sus oponentes. Erik León, su entrenador, confía en que ella pueda derrotar a las campeonas.

Gastón Recalde y Juani Portiglia // Jueves 09 de agosto de 2012 | 19:37

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"Siempre me gustó juntarme con los chicos y hacer deportes de hombres", cuenta Pato.

Va con todo. Se queda. Sigue. Se frena. Vuelve a empezar. Se tira al piso. Erik León, su entrenador, dice: “Cómo se nota que sos santiagueña, ya te querés echar una siesta...”. Tal vez era cierto lo que mencionaba el cubano. Pero se entiende. La entienden. La entendemos. Está a pasos de su sueño olímpico, y el sprint final antes de la gran contienda la encuentra luchando por alcanzar el peso ideal que le permita competir y llegar de la mejor forma.

 

A la luchadora Patricia Bermúdez nada le resultó fácil en la vida. Comenzó con su verdadero amor, el judo, cuando todavía iba al jardín, para ajusticiar a un compañerito que la molestaba. Luego terminarían siendo amigos. “Yo, para él, era un amigo varón más. Siempre me gustó juntarme con chicos y hacer deportes de 'hombres'”, comenta Patricia.  Pero tuvo que hacer a un lado ese deporte cuando su Santiago del Estero natal dejó de apoyar al deporte amateur. En ese momento decidió ir a enseñarles la disciplina a los más chicos. Meses trabajando ad honorem: la plata jamás apareció.


La vida siguió. Ella, también. Un día, mientras limpiaba su casa, encontró una foto de su abuelo Pablo, suboficial retirado. A partir de ese momento decidió ser gendarme. Pese a que la altura no le daba, curriculum deportivo mediante pudo ingresar. El Rally Dakar y un acto de Cristina Kirchner están entre los eventos cubiertos más importantes.

Judoca, luchadora y gendarme. Cóctel explosivo se podría decir en un primer vistazo. Pero es sólo desde el nombre. Porque Patricia es una persona que, con su histrionismo y simpatía te compra, te vende y te vuelve a comprar.


De la mano de su coach cubano, Erik León, decidió incursionar en la lucha grecorromana, la cual le era totalmente ajena. A tal punto de ir a competir a un campeonato sin saber las reglas. Pero con sacrificio y constancia pudo encontrarle la vuelta. La relación entre ambos es de sumo respeto. Ella lo trata de “usted” y él tiene todas sus expectativas depositadas en su luchadora. A veces discuten, o se pelean, eso sí. Pero son sólo cuestiones deportivas. La dificultad más grande que tienen ambos es que a Patricia le cuesta mantener el peso, porque disfruta de comer.

 

El gimnasio en el que entrena en el CeNARD junto a Freddy Romero, su novio y apoyo constante, y los demás compañeros destila buena onda, calidez y contención. Un gran humor constante. La simpatía de Erik -al cual jamás agarrás mal parado- y de los otros chicos que entrenan forman una atmósfera en el que cualquiera se sentiría a gusto.


“El objetivo es que Patricia quede entre las ocho mejores. Pato puede contra ellas; tiene mucho valor”, confía Erik León. También confiamos todos los argentinos. La tosudez que exhibe a la hora de subirse al tapiz invita a nuestro pueblo a soñar. Y, con una luchadora con tanto corazón, garra y entrega;  tanta pasión y dedicación; tanto profesionalismo y amateurismo a la vez, las esperanzas medalleras crecen mucho más.

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Haciendo la entrada en calor para una larga jornada de entrenamientos.

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