NiUnaMenos • ENTREVISTA

"Toda mujer que quiera ser tratada como una persona, es feminista"

Filósofa y poeta, Florencia Abadi dice que le falta militancia para ser la feminista que querría ser. Pero convicciones tiene de sobra. En esta nota trata la despenalización del aborto, el machismo, el feminismo y cuestiones vinculadas con la filosofía. Habla de todo, menos de amor.

Ezequiel Aris // Lunes 06 de agosto de 2018 | 18:36

Resaltar resumen
      
Enviar a un compañero/a
   
Imprimir
nota
   
Agrandar
Texto
   
Reducir
Texto
Abadi es parte de una estirpe con mucha presencia en las humanidades y el arte. 

Florencia Abadi vive en un complejo tipo condominio no muy lejos de Plaza Armenia. Tiene 38 años que parecen bastantes menos hasta que uno toma conciencia de su trayectoria: es doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, docente de "Estética" en esa misma casa de estudios e investigadora del CONICET; tiene publicados varios papers, que van desde Walter Benjamin hasta Leonardo Favio pasando por Barthes, en temas que incluyen mímesis, deseo, odio, envidia, etcétera. Además de una colaboración con su hermana Bárbara (que es psicóloga, como sus famosos padres y abuelo).

 

Florencia también es poeta y sigue escribiendo -aunque no ya poesía- y leyendo mucho. Dice que los mejores escritores que conoce son gente callada que escribe lo que no puede decir, pero que ella viene del otro lado, de la elocuencia. A tal punto es así que incluso su concepción de la lectura ("dialogar con el libro") reivindica la conversación: "Definitivamente, no soy un ratón de biblioteca; soy más de charla con mate o café de por medio".

 

Cuando tenía 12 años preguntó a su mamá, que asistía a unos talleres sobre el tema, qué es la filosofía. "Amor por la sabiduría", le contestó ella. Años más tarde, en la secundaria, Florencia quedó fascinada con el libro "El mundo de Sofía" y se dio cuenta de que la filosofía le gustaba más que la literatura (que no es decir poco). Tiempo después, en una apuesta bastante a ciegas (contaba con esa definición etimológica, el libro de Jostein Gaarder y no mucho más), se inscribió en la carrera: "Fue la mejor decisión que tomé en mi vida. Al día de hoy sigo encontrando deliciosa la palabra Filosofía en el paladar".

 

Habla con entusiasmo, a veces muy rápido, a veces escogiendo meticulosamente las palabras, como si cada una de ellas fuera la pincelada de un paisaje. Cuenta que disfruta de la capacidad de filosofar de todas las personas, y que ella responde al cliché del filósofo distraído, apenas conectado con el mundo práctico, aunque aclara enseguida que los filósofos no necesariamente son así, que esa es su neurosis. Toda su familia está compuesta por psicoanalistas. 

 

-Entre las feministas parece haber discrepancias con respecto a la mejor manera de reivindicar los derechos de la mujer. ¿Hay distintas estructuras filosóficas detrás del feminismo que podrían explicar estas discrepancias?

-Sí. Hasta hace algunos años se hablaba de un feminismo de la diferencia y un feminismo de la igualdad. El objetivo de este último, el más liberal, era la igualdad de derechos. En cambio, el de la diferencia consistía en una revalorización de lo tradicionalmente femenino, proponiendo una nueva ética del cuidado y no de la autonomía. Actualmente las filosofías queer, con toda la reflexión sobre el género que viene de la filosofía europea más contemporánea (más post-nietzscheana, digamos), ya dejaron esa clasificación un poco vieja.

 

-Las diferencias en esas posturas tradicionales, ¿alcanzan a explicar las discrepancias que hay en el feminismo?

-Quizás puedan llegar a explicar algunas, pero no todas. El feminismo es un movimiento muy complejo -alcanza pensar en la enorme cantidad de gente que mancomuna-; por ende, no todas las diferencias tienen que ver con la estructura filosófica. También hay diferencias sociales, culturales, religiosas, etcétera. Una feminista liberal siempre va a sostener, ante todo, la cuestión de los derechos individuales, por lo que entiende que nadie puede obligarte a seguir adelante con un embarazo. En eso se basa el argumento que expuso Darío (Sztajnszrajber) en el Congreso al decir que cualquier discusión que se pueda dar -sobre si el feto es o no persona- involucra concepciones metafísicas, religiosas, y creencias personales; todas cuestiones que exceden lo público. Una posición más socialista probablemente ponga el eje en algo más realpolitik, alejándose de lo jurídico para centrarse en algo más pragmático, como "los abortos existen y quienes se mueren abortando son las mujeres pobres". Ese argumento es fuertísimo, porque es eso lo que pasa: las pobres se mueren. Aunque todas las mujeres son un poco víctimas, porque -culturalmente- hacer algo clandestino tiene un peso muy fuerte sobre la psiquis de la persona: hay una culpa que no existiría si el aborto no fuera considerado delito, porque el concepto de bien y mal no es independiente de la sociedad en la que vivimos y de su sistema normativo.

 

-En los años 60 y 70, durante la segunda ola del feminismo, los grupos feministas pro-vida que surgían fueron rechazados por los principales grupos feministas, que sostenían que -para que una mujer participara plenamente en la sociedad- el derecho "moral y legal al control de su fertilidad" era un principio fundamental.

-Tradicionalmente, el liberalismo (el feminismo de la igualdad) ha sido sumamente pro-despenalización. Cuando se armó el #NiUnaMenos, una de las principales disputas fue con respecto a este tema: había un grupo que no quería aceptar la despenalización del aborto como una de las banderas centrales. Hoy no queda mucho feminismo anti-abortista, a lo sumo será una absoluta minoría. Es una lucha que ganó mucho terreno cuando se entendió que se trata de un derecho de las mujeres, al punto de que muy pocas personas consideran que ser feminista hoy puede excluir esa postura.

 

-¿Por qué la filosofía es tan impermeable al feminismo? Tus colegas Danila Suárez Tomé y Laura F. Belli dicen que "el discurso filosófico es un discurso androcéntrico en tanto ha sido tradicionalmente elaborado desde la perspectiva privilegiada del varón, quien, distorsionadamente, se ha comprendido como el género neutro y universal de la humanidad". Por su parte, la socióloga Esther Pineda G. hace una interesante cronología del machismo en la filosofía.

-El machismo está presente en toda la sociedad y tradicionalmente algunas actividades pertenecieron mayormente a los hombres. La filosofía es una de ellas; sobre todo ciertas ramas, como la filosofía política. También tiene que ver con que, si bien la filosofía está -o debería estar- ligada al asombro y a la pregunta, lo cierto es que -en la práctica- la soberbia de quien responde suele ser mayor que la humildad de la pregunta (basada en el entendimiento de la propia ignorancia). Esta demostración de la potencia es una actitud típicamente machista. Es un gesto que, aun cuando pueda tenerlo una mujer, sigue siendo un gesto fálico, de demostración de lo que se tiene (o de lo que se sabe, en este caso).

 

-Puede parecer obvio, pero no necesariamente lo es: ¿te considerás feminista?

-Me considero una feminista entusiasta, simpatizo con todas las causas del feminismo, pero no tengo una militancia activa. Voy a las marchas del 8 de marzo y demás, pero no soy la feminista que querría ser. Pienso que los cambios que se están dando son muy buenos y que la sociedad está transformándose muy profundamente. No sólo acá, sino en todo el mundo (por ejemplo, con las protestas feministas en Corea). Es algo que me conmueve, porque tiene que ver con muchos siglos de opresión durante los que las mujeres fueron consideradas bienes de intercambio. Me gusta mucho la frase "el feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres son personas" (Ángela Davis). Y creo que el machismo, por su parte, tiene que ver justamente con reducir a las mujeres a objetos, a cosas. Por eso es que creo que toda mujer que quiera ser considerada y tratada como una persona es feminista, incluso si cree no serlo.

 

-Partiendo de esa base tan liberal, ¿resulta justificable la discriminación positiva?

-La discriminación positiva me parece necesaria. El Estado no puede "dejar que las cosas ocurran", y esa es la mejor manera de tomar cartas en el asunto. Entiendo que da mucha bronca, porque ataca los privilegios de los hombres. Pero es justamente esa bronca ante la pérdida de privilegios lo que te confirma que vas por buen camino. Es cierto que en algún momento debería terminarse, pero con los números de hoy sería ridículo.

 

-Siempre estuviste cerca de la Escuela de Frankfurt. Tus trabajos suelen ir hacia el interior de esa tradición (en ellos aparecen Benjamin, Adorno, Caillois, Girard, Klein, etc.). ¿Qué es lo que más te atrae de esa estructura filosófica?

-La Escuela de Frankfurt se basa en un marxismo muy heterodoxo que entiende que el arte y la cultura -a los que está muy vinculada- no son superestructuras determinadas por la economía, sino ámbitos necesarios mucho antes de ella. También me interesan mucho algunos aspectos profundamente ligados a ella, como el psicoanálisis, la mitología o la cultura de masas como objeto de investigación.

 

-Todos aspectos muy cercanos a las actividades de tu mamá; como la poesía, por ejemplo. Tenés publicados tres libros al respecto: "Malaluz" (Persé, 2001), "Otro jardín" (Bajo la luna, 2009) y "Corinne" (Alción Editora, 2014), con traducciones al inglés y al alemán y publicados en diversas antologías y revistas literarias. La veta poética o artística, ¿vino de la mano de ella?

-Seguramente. Mi papá siempre fue amante del teatro y le gusta mucho el arte, pero la fascinación por la filosofía y la pasión por las artes -especialmente visuales- y la crítica de arte están totalmente vinculadas con mi madre.

 

-¿Quizás el haber dejado de hacer poesía tiene que ver con ella también?

-Nunca lo había pensado así, pero lo cierto es que mi último libro es el que le dediqué a ella, así que es posible que su muerte haya generado un corte entre la poesía y yo.

 

-Más allá de su reconocida trayectoria en el arte, tu mamá era una destacada psicóloga. Y tu abuelo y tu papá también recibieron gran reconocimiento en esa área. ¿Cómo influyó "el negocio familiar" en vos?

-Muchísimo. Fueron muchos años de análisis, y eso es algo que te atraviesa por completo. Es difícil determinar cómo y cuánto influye, pero lo hace. El psicoanálisis te enseña a sospechar de "lo que parece", te enseña a pensar. Mi abuelo era un referente muy admirado en mi casa, donde las humanidades siempre fueron muy valoradas. Cuando era chica, mi mamá me compraba libritos de mitología y los domingos a la tarde él me tomaba una suerte de examen. Me decía "A ver, Florencia…" y me preguntaba cuáles eran los nombres que los romanos daban a los dioses griegos, por ejemplo. Cosas así.

 

-¿Qué tiene de bueno -y qué de malo- tener tantas personalidades destacadas dentro de la familia?

-De bueno, el orgullo de que le vaya bien a la gente que te rodea. Mejor aún: que sean destacados implica que hicieron algo, y eso es lo realmente importante. Me parece que es bueno para uno darse cuenta de que sus padres hacen cosas; que no existen sólo en función del vínculo sino que son también personas en desarrollo. Una vez le preguntaron a Graciela Alfano qué pensaba de que sus hijos la vieran en tapas de revistas, con poca ropa, con exposición mediática de su intimidad, etc.; y ella dijo que "el mejor ejemplo que podés dar a tus hijos es tener una vida". Me pareció una gran frase, especialmente viniendo de una mujer que muestra su sexualidad y un poco vive de ella, cuando se supone que es algo opuesto a la figura de "la madre". Tener un trabajo, desarrollarse, tener una vida es el mejor ejemplo que te pueden dar. Es el mejor ejemplo que podemos dar.

Enviando...
Comentarios
No se encontraron comentarios.

Facebook

Twitter