NiUnaMenos • El 13 se debatirá la ley

Ejército Verde

Por tercer año consecutivo, "Ni Una Menos" cobró vida en las calles porteñas. Esta vez, miles de mujeres marcharon bajo el lema de "Sin aborto legal ya no hay Ni Una Menos".  

camila schiappacasse // Martes 05 de junio de 2018 | 10:35

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A días de la definición por el proyecto "Aborto seguro, legal y gratuito", las manifestantes tiñeron las calles de verde. (Fotos: C. Schiappacasse)

Hace tres años comenzaba un luto interminable. Un duelo que atravesaba desde la más pequeña hasta la más adulta. Miles de mujeres murieron y mueren en manos de la violencia de género. Miles de voces fueron calladas.

 

El movimiento Ni Una Menos comenzó en 2015, tras el femicidio de Chiara Páez.

 

Sin embargo, esas voces cobraron vida nuevamente, y las mujeres cambiaron el negro velorio por el violeta y el verde esperanza. En una nueva movilización de “Ni una Menos”, las ausentes estuvieron más presentes que nunca.

 

En los últimos tres años se registraron un total de 871 femicidios.

 

La brillantina bañó Avenida de Mayo a medida que las chicas se maquillaban y bailaban al ritmo de los redoblantes. Los cánticos y los bailes fueron los nuevos gritos de lucha junto a los pañuelos que orgullosamente llevaron grandes y chicas en la muñeca, en el cuello o en las mochilas.

 

La purpurina verde se convirtió en otro de los símbolos de las movilizaciones.

 

Los carteles con las fotos de las víctimas ya no fueron simplemente cartones ni nombres sino más bien una identidad, una historia que muchos de sus familiares contaron para, quizás, revivirlas por un rato. Detrás de ellos, el ejército verde se plantó firme para apoyarlos.

 

 

Los familiares de Marcela Coronel marcharon por primera vez reclamando justicia. 

 

La hermandad y la unión fueron pilares de la movilización, porque ¿quién de todas las presentes nunca fue piropeada bruscamente? ¿Quién no “se comió” una mano en el boliche o en la calle? ¿Quién no sintió miedo de caminar sola y quién no avisó a todas sus amigas y a su mamá cuando llegaba a destino?

 

"Las Rojas" también estuvieron presentes en la marcha, portando máscaras donde se leía "Que los violadores tengan miedo".

 

El cielo se empezó a cubrir y el frío de junio se sintió cada vez más en las caras desnudas. Las camperas inflables fueron el armamento de esas “princesas”, que ya no se sentaron a esperar por el príncipe, sino que, por el contrario, con los pelos, pañuelos, remeras y maquillaje verde cantaron más fuerte y marcharon más decididas que nunca.

 

La lluvia no fue excusa, los paraguas también exclamaron "Aborto Legal Ya".

 

El reclamo fue claro: libertad. Libertad para decidir sobre sus cuerpos, aborto legal para no morir en el intento, vestirse con cualquier ropa sin ser llamada “puta”, caminar sola y sin miedo, que los hombres dejen de tocar sin permiso y que la sociedad deje de condenar a la víctima y excusar al victimario con frases como “le pasó por andar sola”, “llevaba la pollera muy corta” y “no eran horas para que una mujer estuviera en la calle”.

 

Asociaciones, organizaciones y movimientos marcharon al ritmo de los redoblantes.

 

Muchas de las más chicas bostezaban en los hombros de sus mamás, mientras que a otras les brillaba la cara entendiendo que lo que estaba pasando era algo único. Otras tantas que habían salido del colegio tenían la piel "de gallina" por el frío que les entraba por las polleras, mientras que las más grandes compartían mates a medida que se iban acercando a la Plaza de los Dos Congresos.

 

Muchas madres concurrieron con sus hijas de diversas edades.

 

La noche oscureció el cielo porteño y el Congreso, ese edificio histórico e imponente, quedó chico al lado del malón que se acercaba con el pasar de los minutos. Ni la lluvia, ni el horario ni el patriarcado podrían frenarlas. Las mujeres estaban haciendo nuevamente historia y memoria.

 

Si tocaban a una tocaban a todas. El verde mecánico fue uno solo y avanzó sin descanso, con una fuerza impensada. Las voces fueron dejadas atrás para transformarse en un solo grito de justicia y de reclamo. Las que se fueron, ya no volverían; pero las que se quedaron las recordaron en cada instante de la marcha.

 

Nueve de la noche y la lluvia se desvanecía al mismo tiempo que las columnas. El ejército verde empezaba a expandirse por todas las calles de Capital Federal. Con miradas cómplices, todas leían en los ojos ajenos “Vivas nos queremos” y “Aborto legal, seguro y gratuito ya”. Esa complicidad ya no era de ensueño, porque las mujeres ya no se callan: luchan y gritan NI UNA MENOS, VIVAS NOS QUEREMOS.

 

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