Munich 1972 • Entrevista a Hugo Aberastegui

"Se perdió la filosofía de los Juegos"

Múnich se transformó en tragedia y los Juegos Olímpicos cambiaron para siempre. La pesadilla comenzó el 5 de septiembre de 1972 a las 4 de la mañana. Ocho terroristas del grupo palestino “Septiembre Negro” asesinaron a 11 atletas israelíes.

Javier Bon // Jueves 15 de noviembre de 2012 | 13:32

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El remero rosarino Hugo Aberastegui participó en tres Juegos Olímpicos: Ciudad de México 1968, Múnich 1972 y Montreal 1976, donde fue el abanderado argentino en la ceremonia de inauguración. Con respecto a las consecuencias que provocó la tragedia en Alemania, el atleta fue terminante: “Los Juegos de Munich marcaron un antes y un después en el deporte. Debido a la masacre se perdió la filosofía de los Juegos Olímpicos”.

 

-¿Cómo y cuándo comenzó la masacre?

-Los hechos comenzaron a primera hora de la mañana, cuando los extremistas ingresaron a la Villa simulando ser atletas que regresaban de los entrenamientos, portando bolsos donde ocultaban las armas que luego utilizarían contra los Israelíes.

 

-¿Cómo se enteraron los deportistas?

-Todos los habitantes nos enteramos a medida de que nos despertábamos, según los horarios de entrenamientos por los dirigentes. Los primeros disparos fueron en el túnel debajo del edificio donde habitábamos, ya que estos eran para circulación de ómnibus y vehículos oficiales, cuyo destino llevaban a los estadios de entrenamiento (los días de lluvia) y para llegar a los comedores. Además, había una calle peatonal entre los edificios, torres de un lado y frente a ellos departamentos de dos plantas; en uno de ellos se alojaban los israelíes y los uruguayos. Algunos dirigentes nos alertaron del peligro, no obstante mirábamos los movimientos desde el balcón del departamento, que sólo eran de protección, ya que la masacre se había concretado dentro del departamento de los israelíes.

 

-¿Qué sintió en ese momento? ¿Tuvo más miedo durante la competencia o cuando se planteó otra vez la situación?

-La palabra miedo no existió en ese momento, sí la curiosidad por los acontecimientos, todos los “fedayines” usaban máscaras pasamontañas excepto el líder, quien se distinguía por usar un sombrero de expedicionario africano. Respecto al miedo en competencia, a mi entender nunca he sentido, sí la sensación de responsabilidad te lleva a estar pensando como planificar la competencia, y estudiar a los rivales, es lo mismo previo a un examen, bostezos, sentir que el cuerpo está flojo, pero al iniciar la competencia pasa todo a segundo plano.

 

-¿Repudia la actitud de Avery Brundage (presidente del Comité Olímpico Internacional) de parar 24 horas y seguir con la competencia? ¿Debió suspender los Juegos?

-Los atletas que entrenaron durante cuatro años para la competencia tienen que clasificar primero en eliminatorias en el país, luego en campeonatos Sudamericanos, Panamericanos y Mundiales, y, recién allí, acceder a los Juegos Olímpicos. Si decidían suspender los Juegos por un ataque terrorista, a mi entender, sería una gran frustración para el atleta. No obstante, fue muy dolorosa la pérdida de vidas inocentes.

 

-¿Brundage quiso ocultar los hechos?

-Los hechos no pudieron ocultarse debido a que todo el periodismo mundial estaba presente, y fue muy evidente la agresión y las exigencias de los terroristas para lo organizadores. Lo que trascendió fue que al jefe de seguridad, que se jactaba de cero inseguridad, le violaron la guardia perimetral y de ingreso, ya que posiblemente estudiaron como ingresaban los deportistas a la villa. Cada atleta, como en todos los eventos deportivos, portaban una tarjeta de identificación (con foto, nombre del atleta, deporte y país). Como al regresar de los entrenamientos desde los estadios muchos nos olvidábamos la identificación en los vestuarios, debíamos pasar a las oficinas de identificación y hacer un duplicado. Con el correr del tiempo y la cantidad de duplicados, en muchos casos pasábamos de largo. Estimo que de esa forma se filtraron los extremistas vestidos de atletas por la puerta principal, y no como decían que habían saltado la cerca perimetral.

 

-¿Su edificio estaba a 20 metros del de los israelíes? ¿Qué número tenía el suyo (el de Israel era el 31)?

-El número del edificio no lo tengo presente, pero estábamos en el 5° piso, el grupo de remo, frente al edificio de los israelíes.

 

-¿Qué garantías de seguridad les dieron a los argentinos y a los demás deportistas?

-Garantías, si hubo no me di cuenta; sí reforzaron la vigilancia perimetral y en los estadios, siendo para todos por igual.

 

-Antes de la fatalidad, ¿cómo era la seguridad en la Villa Olímpica?

-La seguridad antes de los acontecimientos fue perceptible por los controles de ingreso, pero había libertad para salir y entrar a la Villa todas las veces que uno quería.

 

-¿Qué cambió en usted a raíz de esta situación?

-El cambio más importante fue que se perdió la filosofía de los Juegos. Montreal 1976 fue extremadamente vigilado por el ejército uniformado y civil, y estaba restringida la salida si no había permiso por escrito del jefe de la delegación. Cada grupo de tres atletas era acompañado por un custodio de civil con las correspondientes consignas de no perder pisada hasta que regresaran a la Villa, y en los ómnibus a los entrenamientos nos acompañaban dos soldados con armas largas.

 

-¿Qué cambió en los Juegos?

-Un ambiente muy incómodo. En los Juegos, además de lo expresado particularmente, por problemas de presupuestos, los atletas titulares vivíamos separados de los suplentes. Éstos sólo ingresaban para remplazar a algún lesionado o enfermo, y las estadías se limitaban en el período de una semana previa a las competencias, y posteriormente de ellas de vuelta a casa. Insisto, fue un antes y un después de Múnich 1972.

 

-Participó en tres Juegos Olímpicos, ¿cuál fue su mejor actuación?

 

-La mejor posición fue en México ‘68, que llegamos segundos en la final "B", con el bote 4 con timonel. Lamentablemente, en Múnich la dirigencia decidió presentarnos con el 8 con timonel. En esa oportunidad había rivales campeones del mundo, europeos, no había con qué darle. En Montreal ‘76 estábamos muy fuertes en el 4 con timonel, pero por un problema de costos no llevamos nuestro bote, y se alquiló uno allá, que pesaba 35 kilos más que el nuestro y ese lastre en una competencia tan exigente fue una ventaja muy evidente para los rivales.

 

¿Cómo era su relación con Alberto Demiddi (medalla de plata en remo en Múnich 1972)?

-Con Alberto fue un amistad muy fuerte, ya que lo entendía muy bien, sólo con verlo llegar sabía con qué ánimo estaba, fue un excelente deportista, y debido a esa amistad, en homenaje a su desgraciado fallecimiento, junto a un amigo allegado a la política gestionamos por ley el día del remero eligiendo la fecha de su cumpleaños (el 11 de abril). Cada año realizamos una ceremonia en Rosario de izamiento de la bandera en el monumento frente a las barrancas del Paraná junto a las autoridades municipales y de clubes de la costa además con familiares de Alberto y amigos.

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