Malvinas 30 años • El desminado de las islas

Cicatrices de guerra

Durante el conflicto del Atlántico Sur, las Fuerzas Armadas plantaron 25 mil minas antipersonales y anti vehículos. Hoy una empresa privada es la encargada de llevar a cabo las tareas de desminado. La cooperación entre Argentina y Gran Bretaña en la materia.

Nahuel Morandi // Domingo 24 de junio de 2012 | 22:15

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Tras el fin del conflicto del Atlántico Sur, el gobierno argentino informó ante la ONU que unas 20 mil minas anti-personales y 5 mil minas anti-vehículos fueron colocadas por sus fuerzas armadas. En total hay 117 campos minados de los 125 que quedaron tras la derrota. La mayoría fueron enterradas en los alrededores de Puerto Argentino ya que, debido a la falta de medios, sólo con un cerco perimetral los regimientos argentinos tendrían chances de resistir cualquier ataque de los infantes de marina ingleses. Además, se dispusieron artefactos en otras zonas, como Pradera del Ganso, Bahía Fox, Puerto Mitre y sus alrededores; también en las ensenadas de la Península de Freycinet.

Tras el fin del conflicto del Atlántico Sur, el gobierno argentino informó ante la ONU que unas 20.000 minas anti-personales y 5.000 minas anti-vehículos fueron colocadas por sus fuerzas armadas. En total hay 117 campos minados de los 125 que quedaron tras la derrota. La mayoría fueron enterradas en los alrededores de Puerto Argentino ya que, debido a la falta de medios, sólo con un cerco perimetral los regimientos argentinos podrían resistir cualquier ataque de los infantes de marina ingleses. Además, se dispusieron artefactos en otras zonas, como Pradera del Ganso, Bahía Fox, Puerto Mitre y sus alrededores; también en las ensenadas de la Península de Freycinet.
En menor cantidad, pero no por ello menos dañino, se encuentra todo el material bélico sin explotar: el UXO (Unexploded ordnance), por sus siglas en inglés, incluye bombas, balas, etcétera, lanzadas tanto por Argentina como por el Reino Unido, pero que nunca detonaron.
En su tesis de grado, Wanda Konnicke, Licenciada en Relaciones Internacionales y miembro del Observatorio de Malvinas del CAEI (Centro Argentino de Estudios Internacionales), explica que después de la rendición argentina, el ejército británico inició las tareas de desminado, pero el trabajo debió ser suspendido como consecuencia de que muchos soldados resultaron heridos. Aunque la limpieza de los campos de batalla continuó por dos años y se extrajeron 5000 minas, el desminado sólo se realizó cuando los civiles se encontraban en peligro inminente y para permitir que se llevaran a cabo tareas militares esenciales. 
Al suspenderse los trabajos de desminado, los esfuerzos se concentraron en el estudio de los campos y su correcta demarcación y cercado. Desde junio de 1982 se alambraron 137 áreas bajo sospecha, de las cuales veinte fueron desminadas más tarde por las tropas británicas, habiendo sido declaradas áreas seguras.
 
CONVENCIÓN DE OTTAWA Y COOPERACIÓN CON ARGENTINA
En 1997 se celebró la Convención de Ottawa; la misma establece que cada país signatario se compromete a “destruir o asegurar la destrucción de todas las minas antipersonales en áreas minadas bajo su jurisdicción o control lo antes posible, o a más tardar a los 10 años de que el tratado hubiera entrada en vigor”.
Conforme a los compromisos adoptados en la Convención, ambos países decidieron realizar un estudio conjunto de factibilidad sobre el desminado. La iniciativa se materializó a través de diversos acuerdos que se negociaron bajo la fórmula del paraguas de soberanía. 
En 2004, tras varias reuniones e intercambios de notas, se armó un grupo de trabajo conjunto entre especialistas de las dos naciones. Este grupo de trabajo se encargó de supervisar un estudio realizado por la Universidad de Cranfield que, Según Wanda Konnicke, “fue la única área de cooperación entre Argentina y el Reino Unido durante el gobierno de Néstor Kirchner”.
PROYECTO DE DESMINADO
Tras el final del trabajo conjunto, y respetando las reglas que impone la Convención de Ottawa, el gobierno de Londres decidió iniciar la tareas de desminado. Para ello contrató a la empresa BACTEC, que es la encargada de llevar a cabo las tareas de limpieza desde el verano de 2009.
Las tareas son llevadas a cabo por personas oriundas de Zimbabue, quienes también han trabajado en países como el Líbano. Robin Swanson, oficial a cargo del proyecto de desminado y contratado por el gobierno británico para supervisar las tareas, aclara que “se utilizan maquinas que hacen girar unos rodillos y van excavando el suelo. Si (las maquinas) encuentran una mina, automáticamente es detonada”, dice este ex oficial del ejército británico y director de  Biron Associates Ltd., una empresa dedicada al asesoramiento en temas de desminado. Al final del proceso, los campos limpios pasan a denominarse “áreas comunes” y pueden ser utilizadas por cualquier habitante de las islas, como ocurrió el último verano con una playa cercana a Puerto Argentino.
Según Barry Elsby, miembro de la Asamblea Legislativa de las Islas, “las tareas continuarán por algunos años” ya que, debido a las difíciles condiciones climáticas, “sólo pueden trabajar durante el verano”. Elsby remarca, además, que “las minas no son un gran problema para la población, por lo que si ahora se están haciendo tareas de desminado es porque el gobierno británico firmó la Convención (de Ottawa); si no, no se haría nada”. Tras el fin del conflicto del Atlántico Sur, el gobierno argentino informó ante la ONU que unas 20 mil minas anti-personales y 5 mil minas anti-vehículos fueron colocadas por sus fuerzas armadas. En total hay 117 campos minados de los 125 que quedaron tras la derrota. La mayoría fueron enterradas en los alrededores de Puerto Argentino ya que, debido a la falta de medios, sólo con un cerco perimetral los regimientos argentinos tendrían chances de resistir cualquier ataque de los infantes de marina ingleses. Además, se dispusieron artefactos en otras zonas, como Pradera del Ganso, Bahía Fox, Puerto Mitre y sus alrededores; también en las ensenadas de la Península de Freycinet.

 

En menor cantidad, pero no por ello menos dañino, se encuentra todo el material bélico sin explotar: el UXO (Unexploded ordnance) -por sus siglas en inglés- incluye bombas, balas, etcétera; lanzadas tanto por Argentina como por el Reino Unido, pero que nunca detonaron.

 

En su tesis de grado, Wanda Konnicke, licenciada en Relaciones Internacionales y miembro del Observatorio de Malvinas del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI), explica que después de la rendición argentina el ejército británico inició las tareas de desminado, pero el trabajo debió ser suspendido porque muchos soldados resultaron heridos. Aunque la limpieza de los campos de batalla continuó por dos años y se extrajeron 5 mil minas, el desminado sólo se realizó cuando los civiles se encontraban en peligro inminente y para permitir que se llevaran a cabo tareas militares esenciales. 

 

Al suspenderse los trabajos de desminado, los esfuerzos se concentraron en el estudio de los campos y su correcta demarcación y cercado. Desde junio de 1982 se alambraron 137 áreas bajo sospecha, de las cuales veinte fueron desminadas más tarde por las tropas británicas, habiendo sido declaradas áreas seguras. 

 

CONVENCIÓN DE OTTAWA Y COOPERACIÓN CON ARGENTINA

 

En 1997 se celebró la Convención de Ottawa; la misma establece que cada país signatario se compromete a “destruir o asegurar la destrucción de todas las minas antipersonales en áreas minadas bajo su jurisdicción o control lo antes posible, o a más tardar a los 10 años de que el tratado hubiera entrada en vigor”.

 

Conforme a los compromisos adoptados en la Convención, ambos países decidieron realizar un estudio conjunto de factibilidad sobre el desminado. La iniciativa se materializó a través de diversos acuerdos que se negociaron bajo la fórmula del paraguas de soberanía. 

 

En 2004, tras varias reuniones e intercambios de notas, se armó un grupo de trabajo conjunto entre especialistas de las dos naciones. Este grupo de trabajo se encargó de supervisar un estudio realizado por la Universidad de Cranfield que, según Wanda Konnicke, “fue la única área de cooperación entre Argentina y el Reino Unido durante el gobierno de Néstor Kirchner”.

 

PROYECTO DE DESMINADO

 

Tras el final del trabajo conjunto, y respetando las reglas que impone la Convención de Ottawa, el gobierno de Londres decidió iniciar la tareas de desminado. Para ello contrató a la empresa BACTEC, que es la encargada de llevar a cabo las tareas de limpieza desde el verano del 2009.

 

Las tareas son llevadas a cabo por personas oriundas de Zimbabue que también han trabajado en países como el Líbano. Robin Swanson, oficial a cargo del proyecto de desminado y contratado por el gobierno británico para supervisar las tareas, aclara que “se utilizan maquinas que hacen girar unos rodillos y van excavando el suelo. Si (las máquinas) encuentran una mina, automáticamente es detonada”, dice este ex oficial del ejército británico y director de  Biron Associates Ltd., una empresa dedicada al asesoramiento en temas de desminado. Al final del proceso, los campos limpios pasan a denominarse “áreas comunes” y pueden ser utilizadas por cualquier habitante de las islas, como ocurrió el último verano con una playa cercana a Puerto Argentino.

 

Según Barry Elsby, miembro de la Asamblea Legislativa de las Islas, “las tareas continuarán por algunos años” ya que, debido a las difíciles condiciones climáticas, “sólo pueden trabajar durante el verano”. Elsby remarca, además, que “las minas no son un gran problema para la población, por lo que si ahora se están haciendo tareas de desminado es porque el gobierno británico firmó la Convención (de Ottawa); si no, no se haría nada”. 

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