Fútbol • El mundo del fútbol está de luto

Chapecoense: del sueño a la pesadilla

A sólo cinco minutos de aterrizar en Medellín, el avión que transportaba al equipo de Brasil que debía disputar la final de la Copa Sudamericana sufrió un accidente y se estrelló en la madrugada del martes. El saldo es de 71 muertos y 6 heridos. Un jugador argentino se salvó de milagro. 

J. Maestri @julimaestri y A. Scarola @andyscarola // Martes 29 de noviembre de 2016 | 19:02

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Miembros del operativo de rescate buscando víctimas. (Foto: Télam)

"Gracias a Dios, no viajó", dijo el papá de Alejandro Martinuccio, el único argentino del equipo, quien no se tomó el vuelo debido a una lesión.

El negro destino y la gloria más anhelada se cruzaban en esa última atajada del arquero Danilo ante Marcos Angeleri que depositó a Chapecoense en la primera final internacional de su historia tras eliminar a San Lorenzo. El partido más importante de sus vidas, que nunca se jugaría.

 

Desde ese momento, el destino comenzó a jugar todas sus cartas. El plantel, cuerpo técnico, asistentes y periodistas cercanos al equipo brasileño debían viajar a Medellín en un vuelo chárter en la noche del lunes 28 de noviembre, para disputar la tan ansiada final de la Copa Sudamericana contra Atlético Nacional. Pero el servicio fue suspendido y tuvieron que abordar el avión que se estrelló.

 

Sobrevolando Colombia, una falla técnica encendió las primeras alarmas en las torres de control al desaparecer del radar. Rápidamente la noticia se disparó en las redes sociales, y en apenas unos minutos se confirmó lo peor. En el noroeste del país cafetero, más precisamente en el Cerro El Gordo, el avión se estrelló en un intento de aterrizaje de emergencia

 

La noticia se viralizó y en instantes, el mundo la siguió minuto a minuto. El gobierno de Medellín improvisó un operativo de rescate. Las ambulancias no podían subir al cerro, sólo autos particulares que se ofrecieron a disponer las primeras maniobras de auxilio. Horas más tarde, Sudamérica amanecía con la noticia más desgarradora y tenebrosa en la historia del fútbol: 71 muertos.

 

“Si muriera hoy, moriría feliz”, declaraba Caio Junior, DT de Chapecoense, luego del agónico partido de semifinales ante el equipo argentino. No hay otra explicación más que el destino, que dejó destrozada a la familia del entrenador, pero con el consuelo de mantener a su hijo con vida, que no viajó por haberse olvidado el pasaporte en su casa. O la situación de Thiaguinho, el jugador brasileño que recibió la noticia de que iba a ser padre días antes de subirse al avión. Apenas dos historias que quedaron, y quedarán para siempre, en el vuelo a la final.

 

Clubes de Brasil y del resto del planeta muestran su solidaridad en el préstamo de jugadores para “reducir el sufrimiento y superar la pérdida deportiva”. Una cuestión relegada a un segundo plano, pero que deberá solucionarse inevitablemente cuando el dolor y la agonía de 81 familias y un país entero permita pensar. Incluso, en un gesto de grandeza, Atlético Nacional de Medellín, el otro finalista, solicitó a la Confederación Sudamericana de Fútbol que declare campeón al Chapecoense.

 

El mundo del deporte los llora, pero los recordará eternamente como héroes. 

 

 

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La increíble tapada de Danilo a Angeleri

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