Fútbol • ENTREVISTA

"Me fui ganando el respeto de todo el mundo"

Todos alaban su trabajo como comentarista, pero Latorre transita su vida fuera de la canchas con tantas convicciones como inseguridades. Del nene hincha de Ferro al pibe de country que brilló en Boca y estuvo cerca del Real Madrid.   

Franco Fornero @fran_forne // Viernes 05 de agosto de 2016 | 17:01

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"Yo tenía el ideal de jugar en Primera por la gloria, no de irme al exterior a ganar plata como es ahora", aclara Latorre. (Foto: @dflatorre)

"Con mi abuelo íbamos a ver a Atlanta y a River, hasta que empecé a jugar en Ferro en su época de esplendor y me hice hincha".

A Diego Latorre se lo nota muy apurado, ocupado. Va de un lado para el otro, pero se toma el tiempo necesario para pensar cada respuesta. Vestido con jogging, Crocs y remera blanca lisa, prefiere dejar la formalidad del traje que le toca ponerse cada vez que sale a cámara. El living de su casa no tiene grandes detalles. Un sillón grande, una mesa ratona, un cuadro. No hay fotos ni camisetas de su carrera futbolística.

 

De Gambeta, su apodo en el fútbol, parece no quedarle nada porque no elude ninguna pregunta. Se explaya claramente y le brillan los ojos cada vez que habla de fútbol. Pero hay un tema que lo tiene inquieto: la mirada de los periodistas hacia él por no estar recibido, aunque es idóneo para opinar sobre el juego. “Si bien nosotros tenemos la experiencia, no estudiamos y, en ese sentido, se nos mira con mucha mayor atención que a los demás”, dice.

 

-¿Cree que su palabra es más verídica al haber sido futbolista que los demás periodistas deportivos?

-Creo que sí, que está un poco más autorizada en ese sentido pero siempre y cuando yo le dé el valor a esa responsabilidad que tengo. La credibilidad es un capital que tenemos todos en el comienzo y mucho más nosotros.

 

-¿Le costó ponerse en el lugar del periodista o cómo hizo para despegarse del papel del futbolista?

-Tenía muy claro que comunicar y jugar al fútbol no era lo mismo. Si bien podía utilizar mi experiencia para transmitir justamente esa experiencia, eran dos cosas separadas. Generalmente, el futbolista tiende a comparar las situaciones actuales que vivió y yo estaba muy alejado de eso. También tenía en claro que tenía una responsabilidad muy grande al tener que juzgar gente que jugó al fútbol igual que yo, entonces, me propuse ser flexible en ciertas cosas. Por ejemplo, una de las cosas era el respeto, que para mí era algo fundamental, y también fundamentar todo lo que decía con los conocimientos que adquirí en el fútbol durante tanto tiempo.

 

-En 2013 y 2014 ganó el Martín Fierro de Cable. ¿Esperaba ganarlos o lo tomó por sorpresa?

-El segundo lo esperaba un poco más. Yo era un poco escéptico porque, al no ser periodista recibido, pensé que no iba a tener el reconocimiento. El periodismo defiende mucho a ese rubro y entonces, a mí me aceptaron muy bien y al contrario, recibí el apoyo de mis compañeros, me dieron muchas sugerencias y tuve la virtud de escuchar. Pero el periodista es periodista y no acepta tanto que otro venga a ocupar su lugar porque se han preparado tres años para sentarse en una mesa y comentar. Entonces, yo era un poco escéptico en cuanto a que no me iba a consagrar ningún periodista dándome algún premio como consagrándome en la familia del periodismo. Pero la verdad es que fueron prejuicios que estaban fundamentados sólo en mis creencias, suposiciones y nada más.

 

-Así y todo llegó a ser columnista del diario La Nación.

-Fui escalando. Me fui ganando el respeto de todo el mundo, fueron viendo en mí algunas condiciones, yo me fui mostrando. No me siento periodista porque yo siempre voy a ser jugador de fútbol y voy a defender esa vocación, pero también siento que soy un comunicador y tengo una responsabilidad. Por eso, año tras año trato de pulirme y creo que hay cosas que todavía me falta manejar, en cuanto a saber escribir mejor o poder ganar algo de lo que un periodista tiene para una entrevista, pequeños detalles que son parte de los secretos del oficio. También creo que hice muchas horas en silencio, estudiando, analizando, preparándome, que es algo fundamental, leyendo, intentando mejorar. Entonces, creo que para mí fue un gran beneficio y a su vez, tuve que tener conciencia de que eso era necesario. De pronto, el jugador de fútbol cree que con la experiencia vale y lo es todo, entonces, yo tuve la conciencia de prepararme y querer estar para cuando me corresponda poder hacerlo bien.

 

-¿Como fue la situación de cuando Mario Zanabria lo descubrió en un country y lo llevó a Boca?

-Yo estaba jugando en un country de fin de semana. Marito tenía casa ahí, me veía todos los fines de semana y trajo un equipo de Boca para medirse con nosotros y que los otros técnicos me vean. Me vieron y ya me fui a fichar con la aprobación de los entrenadores y la de Zanabria. A partir de ahí comencé a jugar en Boca.

 

-¿Cree que podría haber jugado en un equipo más importante de Europa?

-Sí, estuve a punto de jugar en el Real Madrid cuando (Jorge) Valdano y (Ángel) Cappa fueron para allá y justo (Juan) Esnáider, que jugaba en el Zaragoza en ese momento, se peleó con su entrenador y había cupo limitado de extranjero, entonces era más difícil acceder a esos clubes. Después, en 1996 con la ley de Bosman (exjugador belga), que hizo mucho por el fútbol, los extranjeros podían circular libremente y trabajar por todo el mundo, pero en ese momento había restricciones y eso me limitó un poco. Además, me mató mentalmente que Esnáider se haya peleado con su entrenador (Víctor) Fernández en el Zaragoza porque era propiedad del Real Madrid y tenía que volver al club madrileño.

 

-¿Le faltó algo por vivir en el fútbol?

-Jugar un Mundial. El de 1994 me hubiese gustado. Creo que ese Mundial me agarraba en el momento justo porque venía de casi dos muy buenos años en el Tenerife, había pasado una época en Italia adversa en la que por motivos diversos las cosas no se me dieron y me recuperé en el Tenerife llegando a un buen nivel. Diría que no tuvo la resonancia que tuvo esa primera etapa en Boca, pero tuve un año en el equipo español parejo y jugando muy bien, con un equipo que le gustaba conducir los partidos y tenía un estilo que me identificaba, por eso sacó lo mejor de mí. Ese Mundial lo tuve para jugar.

 

-En una nota dijo que su pasión de chico era el tenis. ¿Sigue siéndolo?

- Sí, porque es un deporte que yo jugaba de chico y el tema de ser individual también me permitía competir mano a mano. Si bien está bueno formar parte de un equipo en el fútbol, el deporte individual me permitía sacar todo de mí y que dependa todo de mí me daba un cierto poder y satisfacción. El tenis es más algo que depende tus posibilidades y eso estaba bueno en ese momento.

 

-¿Qué recuerda de su niñez?

-A mi abuelo, que fue un factor fundamental en mi gusto por el fútbol. Él fue el que me estimulaba a jugar y me regalaba pelotas. Me tenía paciencia para acompañarme a la calle a tomar el tren, me llevaba a todos lados. Un personaje central en mi infancia y después, obviamente, el fútbol, los partidos de baby, la competencia cuando sos chico, empezás a aprender a formar parte de un equipo de fútbol y todo eso.

 

-Tengo entendido que su abuelo lo llevaba al Monumental de chico.

-Mi abuelo era hincha de River e íbamos a ver muchos partidos, entre ellos Atlanta los sábados y River los domingos, hasta que empecé en Ferro. Cuando ingresé a los 8 años en el club de Caballito ya iba a ver a Ferro en su época de esplendor, campeón de Argentina, y ahí me hice hincha de Ferro.

 

-¿Dónde vivía?

-En Paternal, en pleno corazón de Paternal. Tenía dos opciones para ir a jugar, Argentinos Juniors o Ferro. Me decidí por Ferro porque mi abuelo me llevó ahí.

 

-¿Por algún motivo en especial?

-En Argentinos Juniors se decía en ese momento que había unos padres que estaban en el club y eran muy exigentes con los chicos, que se metían en algunas decisiones de los técnicos y debe ser por eso. No sé si fue una fábula de mi abuelo o fue cierto, pero en Ferro me agarraron y pasé la prueba.

 

-¿Cómo estaba conformada su familia?

-Mi mamá, mi papá, mi hermano, mi abuelo y mi abuela, que vivían con nosotros en la casa de atrás, en Paternal.

 

-¿A qué colegio fue?

-Al Claret, también en Paternal, a tres cuadras de casa. Hice el jardín, la primaria y la secundaria en ese colegio.

 

-¿Cómo es su relación con Yanina después de más 20 años de casados?

-Como todo matrimonio, tenemos nuestras rutinas y nuestros tiempos, pero después de tantos años uno hace ejercicios dentro del ansia para convivir con más armonía. Tenemos hijos en común, un proyecto de vida.

 

-¿Cómo es como padre?

-Pienso que muy bueno. Dedicado, responsable, trato de estar siempre encima. Los hijos van creciendo y se van independizando, entonces, lógicamente, el rol de padre va mutando. Para mí, lo fundamental es estar encima pero acompañarlos, no molestarlos, sino que sepan que estoy ahí.

 

-En una nota con Olé el 16 de mayo de 2012, Yanina dijo que antes de un Boca-River perdió un embarazo de cuatro meses, pero se lo dijo después del partido para no molestarlo. ¿Hubiese preferido que se lo contara antes o estuvo bien?

-Son temas muy sensibles y delicados. Antes de los partidos, trataba de ponerme en una especie de microclima porque creo que es un mecanismo de defensa para soportar la tensión y no perder la alegría, la conciencia que estás representando a un sector muy importante y que sos parte de una gran fiesta. Pero eso también conlleva a aislarte un poco de algunos problemas y ella cuidaba mucho ese asunto. Creo que en definitiva hizo bien porque no sé cómo me hubiese afectado.

 

-Si tuviera la posibilidad de vivir de nuevo su adolescencia, ¿elegiría la vida de futbolista otra vez?

-Sí, volvería a recorrer el camino, es ingrato en algunos lugares, da mucha gratitud en otros y, en definitiva, el fútbol es un sentimiento y cuando jugás al fútbol, ves una pelota o jugás en Primera y demás, formás parte de algo y querés llegar. Yo tenía el ideal de jugar en Primera por la gloria, no de irme al exterior y ganar plata como es ahora, como lo impone ahora la sociedad y que va transformando la cabeza del jugador.

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