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Fútbol • Entrevista

Oscar Córdoba, el arquero de la época de oro

Pasaron 15 años desde el debut del colombiano en el arco de Boca. Fue el 27 de agosto de 1997 en un empate 1-1 ante Independiente. “Era yo o Chilavert, pero yo era la opción más barata”, recordó sobre su llegada.

Florencia Seijas // Jueves 20 de septiembre de 2012 | 17:21

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Córdoba festeja tras cerrar la serie de penales ante Cruz Azul en la final de la Libertadores 2001.

Hace 15 años, Oscar Córdoba jugó su primer encuentro con la camiseta de Boca de la mano del entrenador Héctor Bambino Veira. Fue el 27 de agosto de 1997 contra Independiente, en la Supercopa Sudamericana. Pero lo que nadie imaginaba era que se iba a transformar en uno de los mejores arqueros de la historia del club.

 

No obstante, el oriundo de Cali admitió que fue contratado porque su pase era económico y no por su gran habilidad: Mi arribo no fue nada especial. En ese momento, si bien era el arquero del América de Cali, llegué escondido porque me dijeron ‘viaje y preséntese porque eres tú o Chilavert’, y yo era la opción mas barata”.

 

A pesar de haber conseguido tres torneos locales, dos Copas Libertadores y la Copa Intercontinental, el ex jugador de la Selección de Colombia no estuvo exento a las malas actuaciones. Luego de la partida de Veira en 1998, Carlos Bianchi, que se convertiría en el técnico más emblemático y ganador en la historia de la institución, se puso al mando y Boca salió campeón de forma invicta. Sin embargo, en las primeras cuatro fechas, el mejor arquero colombiano del siglo XXI según la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) recibió 10 goles y desde el periodismo se lo cuestionaba.

 

 

“No era muy seguidor de los medios radiales o televisivos porque el peor analista que podía haber era yo. No me mentía. Si el gol me lo comía, me lo comía”, aseguró el actual presidente de Atlético Bucaramanga, club que milita en la segunda división del país cafetero.

 

Pese a su fuerte personalidad y a que nunca le afectó lo que se decía sobre él, Córdoba reconoció que Bianchi fue fundamental durante esa etapa, cuando sus actuaciones no eran las esperadas. “Una de las primeras cosas que nos dijo era que respetaba el trabajo. Creo que en ese sentido me puedes criticar que no era buen arquero, pero al compromiso y a la responsabilidad nunca le fui esquivo”.

 

Además, recordó una anécdota muy particular con su entrenador, que demuestra la protección que le brindaba: “Después del partido contra Argentinos Juniors en el que ganamos 3-1, le dije a Carlos en un entrenamiento en la Bombonera que quería hablar con él. ‘Andate, andate que después te explico´, repetía todo el tiempo. Ya me veía tomando el avión a Bogotá al otro día. En el camerino me agarró y me dijo: ‘Mirá Oscar, en este momento toda la expectativa esta en torno a vos. Si nos encontramos en la mitad de la cancha y me decis 'buenos días profe', la gente va a ver que yo estoy levantando la mano y van a pensar que estamos peleando. No se tiene que ver ningún tipo de situación incómoda entre los dos’.

 

El 2000 fue el año soñado. Boca volvió a ganar la Copa Libertadores después de 22 años y, sin dudas, el vallecaucano fue la gran figura luego de atajar dos penales (a Asprilla y Roque Júnior) en la final contra el Palmeiras. “Creo que esa noche fue la que me metió para siempre en la historia”, sostuvo el elegido mejor arquero del certamen. Luego de la agónica victoria, y a pesar de que las encuestas no lo favorecían, Boca obtuvo la Copa Intercontinental en Japón tras vencer al Real Madrid 2-1.

 

Mucho se habló y se especuló sobre si su salida se debió a una pelea con Mauricio Macri, en ese entonces presidente. Sin embargo, sorprendido y extrañado, el nombrado segundo mejor guardameta del mundo, detrás del alemán Oliver Kahn, por la IFFHS en 2001, aclaró: “¿Yo peleado con Macri? No, al contrario. Siempre me dijo que tenía las puertas abiertas para volver. Lo único que le voy a reprochar siempre es que no me quiso ceder al Tottenham de Inglaterra porque, según él, el arquero de Boca se tenía que ir al Manchester, al Liverpool, al Arsenal, al Real Madrid o al Barcelona. Me tuve que ir a pelear un descenso a Italia por su decisión”.

 

Oscar Córdoba logró fusionar tres fenómenos muy comunes en la historia del arco de Boca: técnica, carisma y títulos. Se convirtió en ídolo sin necesidad de golpearse el pecho como Tarzán, sin revolcarse ni fingir lesiones después de una volada, sin declaraciones estridentes y, sobre todo, sin increpar a sus compañeros cuando le metían un gol.

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La definición por penales entre Palmeiras y Boca en la final de la Libertadores 2000.

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