Espectáculos • Entrevista

"El humor es resistencia"

Artista multifacética, dramaturga y docente, Mónica Cabrera presentó por última vez su nuevo unipersonal, "Protocolo Cabrera", el sábado a las 18 en el Teatro Porteño. "Sentí que necesitaba hacer reír para combatir la realidad", asegura.

Ignacio Dunand @AndyDunand // Domingo 28 de octubre de 2018 | 11:28

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Cabrera trabajó en los programas "Tratame bien", "Malparida" y "Esperanza mía". (Foto: gentileza Néstor Siera)

¿Creés en el humor como herramienta de deconstrucción?
Es un vehículo que puede llevarte a lugares inesperados. En el género podés hablar de cualquier cosa y se va a poder oír y encarar un tema desde un punto de vista opuesto al que el espectador tiene. Sería algo así como hablarles de la paz a los fabricantes de armas. Es más posible iniciar una conversación desde humor.
¿Con qué tipo de humor te sentís más identificada?
Yo tengo una visión muy trágica y dramática de todo. El humor que me representa me permite desprenderme de eso, ser más positiva. Si me vuelvo oscura, se torna enfermante. Me habilita a seguir viviendo, me atraviesa y me ayuda a encontrar salidas a mis problemas.
¿Te considerás una artista popular?
Lo popular es aquello a lo que podés acceder sin ninguna preparación previa. Es una invitación amable a que no quedes afuera. ¡Ojo! popular no es lo comercial. 
Yo me considero una actriz popular y creo que la televisión ayudo a que esto pase. Rodearte de grandes figuras en telenovelas exitosas te visibiliza entre un público que no me conocía del circuito independiente. Eso crea un vínculo afectivo entre el televidente y la actriz: la gente siente que te conoce. Hay un poquito de mística presente también.
¿Cómo se gestó Protocolo Cabrera?
Desde el Teatro Porteño me llamaron, interesados en saber si estaba produciendo material, cuando hacía “Los Tutores” en el circuito comercial, y no veía posible la idea ante la situación tan complicada que se vive en los teatros, desde vender una entrada a conseguir empleo, y tampoco tenía muchas ganas. No le veía demasiada perspectiva hasta que empecé a visualizar el malestar social en redes y en la calle. Sentí que necesitaba hacer reír para combatir eso, y así nació Protocolo Cabrera. La obra la escribí en un mes y aún sigo cambiándola: me fijo en las reacciones de la gente y trato de actualizarle los gags. Es mi primer unipersonal centrado en el humor político.
Abordar ejes políticos no siempre cae bien, ¿te sentiste invadida o criticada por tu trabajo?
¿Lo decís por la parodia a la Diputada Carrio? Jaja. Trato de no hacer una imitación, eso se lo dejo a los especialistas en el rubro. Por otra parte, no me sentí presionada a la hora de expresar mi humor político. No tengo ni trolls,
¿Actuar fue siempre una vocación?
No. Quería ser escritora y pintar. De alguna manera pude canalizarlo ya que escribo las obras, produzco la escenografía, me hago el vestuario. No he tenido que sacrificar demasiado. Pude meter en el teatro todas las cosas que hago bien.
Al teatro llegué por mis compañeros de escuela. Me propusieron dirigir una obra y me sentí cómoda con la tarea. Quería dirigir a mis compañeros y actuar. Después las cosas se dieron de manera natural. Es como ser basquetbolista: si sos negro, vivís en Harlem y medís dos metros, ¿qué más podés hacer? 
Protocolo Cabrera es un reflejo de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser, ¿cómo definirías a los argentinos?
Hay indios, nazis, fachos, ignorantes, gente pobre y gente con aviones privados. Es muy amplio definir a los argentinos. No creo que haya un espíritu nacional. Siento que ideológicamente la gente se ensambla y se arman modelos de países, pero que no hay un argentino.
En televisión te eligen siempre para el rol de la mucama, ¿no te sentís denigrada?
Sí, y de hecho he rechazado muchos papeles por eso. Lo más alto que conseguí es una empleada de una oficina, en Malparida. En cierta forma, creo que les resolví un problema: en la primera fila van las figuras que venden, en la segunda fila están los actores que saben actuar. Yo no tengo poder para salir del encasillamiento.  
¿Tenés algún papel soñado?
Me encantaría encarnar a una inspectora de policía. Media borracha, que tenga problemas con los hijos. Un poco como Helen Mirren en Prime Suspect, la serie británica de detectives. Me gustan los papeles desafiantes.
¿Quién es Mónica Cabrera?
Una señora que mantiene un espíritu infantil y se alegra con lo mismo que se alegraba cuando tenía 10 años. El miedo a la muerte me impulsa a hacer cosas nuevas.
¿Por qué miedo a la muerte?
No sé. No lo he podido resolver. Eso me hace estar más pendiente de los demás. En mi pelea con la melancolía, trato de hacer sentir bien a otros.
El humor es tu refugio contra la muerte..
Es un poco eso, sí. El humor habla todo el tiempo de la muerte, centralmente se nutre de eso. Ante eso, lo único que puedo hacer es reírme.

Chistes ácidos en casi toda la conversación que generan una atmósfera íntima. De ahí sale el nuevo show de Mónica Cabrera que, de forma amigable, presenta verdades duras y panoramas sombríos, edulcorados para el espectador.

 

-¿Creés en el humor como herramienta de deconstrucción?
-El humor es un vehículo que puede llevarte a lugares inesperados. A través de él podés hablar de cualquier cosa y se va a poder oír y encarar un tema desde un punto de vista opuesto al que el espectador tiene. Sería algo así como hablar de la paz a los fabricantes de armas. Es más posible iniciar una conversación desde humor.

 

-¿Con qué tipo de humor te sentís más identificada?
-Tengo una visión muy trágica y dramática de todo. El humor que me representa me permite desprenderme de eso, ser más positiva. Si me vuelvo oscura, se torna enfermante. El humor me habilita a seguir viviendo, me atraviesa y me ayuda a encontrar salidas a los problemas.

 

-¿Te considerás una artista popular?
-Lo popular es aquello a lo que podés acceder sin ninguna preparación previa. Es una invitación amable a no quedar afuera. Pero ojo, porque popular no es lo comercial. Yo me considero una actriz popular y creo que la televisión ayudó a que esto pase. Rodearte de grandes figuras en telenovelas exitosas te visibiliza entre un público que no te conocía del circuito independiente. Eso crea un vínculo afectivo entre el televidente y la actriz: la gente siente que te conoce. Hay un poquito de mística también.

 

-¿Cómo se gestó "Protocolo Cabrera"?

-Desde el Teatro Porteño me llamaron interesados en saber si estaba produciendo material. No le veía demasiada perspectiva hasta que empecé a visualizar el malestar social en redes y en la calle. Sentí que necesitaba hacer reír para combatir eso, y así nació "Protocolo Cabrera". La obra la escribí en un mes y aún sigo cambiándola: me fijo en las reacciones de la gente y trato de actualizar los gags. Es mi primer unipersonal centrado en el humor político.

 

-¿Actuar fue siempre una vocación?

-No, quería ser escritora y pintar. De alguna manera pude canalizar esas ganas ya que escribo las obras, produzco la escenografía, me hago el vestuario. No he tenido que sacrificar demasiado. Pude meter en el teatro todo lo que considero que hago bien. Al teatro llegué por mis compañeros de escuela. Me propusieron dirigir una obra y me sentí cómoda con la tarea. Quería dirigir a mis compañeros y actuar. Después todo se dio de manera natural. Es como ser basquetbolista: si sos negro, vivís en Harlem y medís dos metros, ¿qué más podés hacer? 

 

-"Protocolo Cabrera" es un reflejo de lo que somos y de lo que podemos llegar a ser. ¿Cómo definirías a los argentinos?
-Hay indios, nazis, fachos, ignorantes, gente pobre y gente con aviones privados. Es muy amplio y difícil definir a los argentinos. No creo que haya un espíritu nacional. Siento que ideológicamente la gente se ensambla y se arman modelos de países, pero que no hay un argentino.

 

-En televisión te eligen siempre para el rol de la mucama. ¿No te sentís denigrada?

-Sí, y de hecho he rechazado muchos papeles por eso. Lo más alto que conseguí fue hacer de empleada en una oficina en "Malparida". En cierta forma, creo que les resolví un problema: en la primera fila van las figuras que venden, en la segunda fila están los actores que saben actuar. Yo no tengo poder para salir del encasillamiento. Me encantaría encarnar a una inspectora de policía media borracha, que tenga problemas con los hijos. Un poco como Helen Mirren en "Prime Suspect", la serie británica de detectives. Me gustan los papeles desafiantes.

 

-¿Quién es Mónica Cabrera?
-Una señora que mantiene un espíritu infantil y se alegra con lo mismo que la alegraba cuando tenía 10 años. El miedo a la muerte me impulsa a hacer cosas nuevas.

 

-¿Por qué miedo a la muerte?

-No sé, no lo he podido resolver. Eso me hace estar más pendiente de los demás. Para dar mi pelea con la melancolía, trato de hacer sentir bien a otros.

 

-El humor es tu refugio contra la muerte...

-Es un poco eso, sí. El humor habla todo el tiempo de la muerte, centralmente se nutre de esa idea. Y ante eso, lo único que puedo hacer es reírme.

 

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