Espectáculos • Cine

Una vuelta a los mágicos años 90

Este jueves llega a la cartelera comercial "El Potro, lo mejor del amor", que reúne a Florencia Peña, Fernán Mirás, Daniel Aráoz, Jimena Barón, y el debutante Rodrigo Romero para un recorrido por la historia del hombre que revolucionó el cuarteto cordobés: Rodrigo Bueno.

Ignacio Dunand @AndyDunand // Miércoles 03 de octubre de 2018 | 17:03

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En "El Potro" no faltan los grandes éxitos que coronaron a Bueno como un referente cuartetero.

2016 fue un año bisagra para el cine argentino con el estreno de “Gilda. No me arrepiento de este amor”. El éxito arrasador de la mítica santa popular elevó a Natalia Oreiro al centro de atención mediática y a Lorena Muñoz, quien  revivió la historia, a un lugar de privilegio entre la crítica y el público. Ahora, y en la misma línea de íconos populares de la movida tropical, Muñoz apuesta por el cuartetero Rodrigo Bueno para copar las salas de cine y, por qué no, instalar un nuevo formato de biopics cercanas a nuestra cultura.
La directora no elige una mirada benévola para retratar al cordobés. Ser cautelosa le permite explorar las facetas no tan populares, aquellas que lo posicionaron como una figura controvertida y que, luego de su muerte, cobraron notoriedad. En la primera escena nos muestra al “Potro” (Rodrigo Romero) en el Luna Park (donde brindó trece conciertos consecutivos, con entradas agotadas), y luego  rebobina a los inicios del cantante y a la relación con sus padres (Daniel Aráoz y Florencia Peña), base desde la cual construye el relato.
Lo interesante acá es el proceso de deformación del intérprete y el abordaje de los momentos más lúgubres de su carrera; como su adicción, sus múltiples intentos para reponerse, y la historia de amor e infidelidad con Patricia Pacheco, madre de su único hijo. Al igual que con Gilda, se humaniza a la figura mítica, se la baja del relato épico para tejer una versión menos edulcorada de los hechos. 
Para que esto funcione se necesita un buen elenco. En “El Potro. Lo mejor del amor” cada miembro se ensambla con eficacia a Rodrigo Romero, quien carga la mayor responsabilidad. El trabajo de gestual y de vocalización es notorio y resulta posible (y creíble) ver en él al popular cuartetero.
Rodrigo Bueno fue coronado por sus seguidores como el sucesor de “La Mona Jiménez” y, pese a su temprano deceso, vive en el recuerdo en playlists de fiestas y cumpleaños. En la película están los éxitos que lo llevaron a la fama, un relato no lineal (inicio/triunfo/apogeo) tan seductor como en Gilda y la nostalgia que, como en una máquina del tiempo, nos lleva de vuelta a los mágicos ’90.

El año 2016 fue bisagra para el cine argentino con el estreno de “Gilda, no me arrepiento de este amor”. El éxito arrasador del film -sobre la cantante devenida en mítica santa popular luego de su muerte- elevó a Natalia Oreiro al centro de la atención mediática y a la directora Lorena Muñoz a un lugar de privilegio entre la crítica y el público. Ahora, siguiendo esa línea de íconos populares de la movida tropical, Muñoz apuesta por el cuartetero Rodrigo Bueno para, por qué no, instalar un nuevo formato de biopics cercanas a nuestra cultura.

 

La directora no elige una mirada benévola para retratar al cordobés. Ser cautelosa le permite explorar sus facetas no tan populares, aquellas que lo posicionaron como una figura controvertida y que cobraron notoriedad luego de su muerte. En la primera escena muestra al Potro (Rodrigo Romero) en el Luna Park -donde brindó trece conciertos consecutivos con entradas agotadas- y luego rebobina a los inicios del cantante y a la relación con sus padres (Daniel Aráoz y Florencia Peña), base desde la cual construye el relato.

 

Cualquier similitud no es pura coincidencia: Rodrigo Romero en la piel del cuartetero

 

Lo interesante es el proceso de deformación del intérprete y el abordaje de los momentos más lúgubres de su vida, como sus adicciones y sus múltiples intentos por reponerse, además de la historia de amor e infidelidad con Patricia Pacheco, madre de su único hijo. Al igual que con "Gilda", Muñoz humaniza al protagonista bajándolo del relato épico y tejiendo una versión menos edulcorada de los hechos.

 

Para que esto funcione se necesita de un buen elenco. Cada miembro de “El Potro, lo mejor del amor” se ensambla con eficacia a Rodrigo Romero, quien carga la mayor responsabilidad. El trabajo gestual y de vocalización es notorio: resulta posible (y creíble) ver en él al popular cuartetero.

 

Rodrigo Bueno fue coronado por sus seguidores como el sucesor de "La Mona Jiménez" y, pese a su temprano deceso, vive en el recuerdo en playlists de fiestas y cumpleaños. En la película están los éxitos que lo llevaron a la fama, un relato no lineal (inicio - triunfo - apogeo) tan seductor como el de "Gilda" y la nostalgia que, como en una máquina del tiempo, lleva al espectador de vuelta a los mágicos años 90.

 

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