Espectáculos • Entrevista

El arte de reinventarse

Mónica Villa protagoniza "Isabel de Guevara. La carta silenciada", un unipersonal autogestionado que se presenta los sábados a las 20.30 en el Centro Cultural 25 Mayo. En esta nota, la actriz habla sobre su personaje, el feminismo, la inolvidable "Esperando la carroza" y su curiosa relación con China (el país, no Zorrilla).

Ignacio Dunand @AndyDunand // Martes 19 de junio de 2018 | 15:51

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"La actualidad nos ha dado nuevos motivos por los que luchar", afirma la actriz con respecto a las mujeres.

¿Cómo llegaste al guión de este unipersonal?
Buscando papeles, me avisaron acerca de la posibilidad de interpretar a Isabel de Guevara, en un monólogo de Alicia Muñoz. Desde siempre me sentí deslumbrada por la figura de Isabel ya que años atrás había leído sus cartas. Siempre tuve la fantasía de poder hacer un espectáculo con este material. Al final, se me dio la chance y es hermoso, aunque el texto requiere una concentración absoluta. Es difícil.
¿Qué cosas te inspira la figura de Isabel de Guevara?
Sin lugar a dudas fue una mujer con un carácter impresionante, admirable. Que en el 1500 una mujer hablase a favor de defender sus derechos es algo increíble, al principio no podes creerlo.
En tiempos de empoderamiento y lucha por ampliación de derechos de la mujer, ¿considerás esta obra como un reflejo feminista?
Personalmente, no uso la palabra feminismo. Creo que, actualmente, las mujeres estamos luchando por otros espacios. Feminismo era a principios del siglo XX cuando las mujeres reclamaban derechos esenciales, que se nos fueron dados. No obstante, creo que esta pieza y la figura de Isabel de Guevara son completamente contemporáneas y eternas.
¿Te sentís identificada con las feministas?
Yo soy de otra generación. Nací con el voto femenino, la jornada de 8 horas, ya estaba todo conseguido. La actualidad nos ha dado otras cosas por las que luchar como, por ejemplo, las escalas salariales de actores y actrices en un mismo rol protagonista. La diferencia es abismal y las actrices debemos hacernos oír. 
Al principio de esta entrevista, calificaste como difícil al guión, ¿qué dificultades te surgieron en la composición?
La mayor dificultad es, sin lugar a dudas, pasar de un estado emocional a otro y que resulte creíble: de la visión de los indios a la de Juan de Osorio, pasando por Pedro de Mendoza. Un desafío. En los ensayos, me tomaba mis tiempos (risa) para compenetrarme con el texto y  María Esther Fernández (directora de la puesta) me decía: ¡no! Tenés que hacerlo con más rápidez. 
Al principio creí que no iba a poder. Pero sí, se puede.
Isabel de Guevara. La carta silenciada es una historia con un notable peso dramático, ¿te sentís más cómoda en estos papeles o preferís la comedia?
Naturalmente tengo un don para la comedia. Así que cada vez que me llaman para un rol en drama me siento doblemente orgullosa. Puedo seguir siendo payasa pero también una actriz dramática.
¿Ser actriz fue tu primera opción?
Sí, siempre. Al principio no me apoyaban en mi casa porque tenían miedo, les generaba inseguridad. Mi papá decía que para una disciplina artística había que tener un gran talento, para ser un mediocre era mejor dedicarse a otra cosa. Era muy exigente.
Con el paso del tiempo, me vio actuar y le gusto mucho. Me acuerdo que me dijo: “naciste para ser actriz”.
¿Actriz se nace o se hace?
Las dos cosas.  Igual, si no tenés condiciones, quedas excluido. 
¿Sos crítica con tu trabajo?, ¿te gusta verte?
Soy muy autocrítica. Aprendo con las críticas, me nutren. Respeto la labor del crítico de teatro, cada uno tiene derecho a que no le guste una obra o una película. Entiendo que en la carrera del actor, hay papeles muy buenos y otros no tanto, somos personas.
Esperando la carroza fue la película que te elevó al reconocimiento, ¿te costó salir del encasillamiento popular?
Un montón. Después de haber sido Susana, me llamaban para hacer papeles de loca. Tuve que rechazarlos a todos. Me querían hacer quedar como una gritona y no les iba a dar la posibilidad. Además, quería preservarme y construir una carrera.
¿Te esperabas el éxito de la película?
Uno nunca puede planear un éxito. Ni Alejandro Doria se lo imaginó. Y la respuesta fue tan buena, que no puedo no sentirme orgullosa de haber formado parte de la película.
La película es una metáfora de la hipocresía que tenemos como sociedad, ¿cuán hipócrita ves a los argentinos hoy?
No sé si hipócritas. Veo mucho autoengaño y dificultad para convivir. Una grieta. Creo que habría que bajar un cambio y relajarse.
¿Ves viable una tercera parte?
Esperando la carroza murió con la segunda película.
En diversas entrevistas hablás de tu amor por el idioma chino, ¿cómo nació ese interés por su cultura?
Desde los 20 años me atrajo el idioma, debido a una beca que me había otorgado el gobierno chino para ir con la Opera de Pekín al país. Casualmente, corría 1976 y se desataba en Argentina la última dictadura militar, esto me obligó a dejar de estudiar el idioma por el nivel de persecución de la época.
Hace algunos años atrás, pasé delante de un cartel del Centro Universitario de Idiomas (CUI) que promocionaba el aprendizaje del idioma chino. Esta es mi revancha pensé. Las vueltas de la vida hicieron que el año pasado fuese a dar clases de teatro a China. A veces hay cosas marcadas por el destino.
Como actriz, ¿te sentiste más valorada en China?
 Allá me valoraron muchísimo como actriz. Acá tengo el cariño de la gente. La realidad es que en este momento tengo muy poco trabajo en Argentina: doy clases de actuación y trabajo en este proyecto autogestionado. Los últimos diez años fueron críticos para los actores argentinos ya que los canales privados dejaron de producir ficciones. No me están llamando en este momento, así que recurro a auto gestionarme mis trabajos. Cuesta hacerlo redituable pero tengo fe en que este estado será pasajero y Argentina saldrá adelante. 
Y como docente teatral en China, ¿habían visto Esperando la carroza tus alumnos?
La vieron, sí. 
¿La entendieron? Hay algunos chistes que son muy argentinos.
Te cuento. El presidente Macri envío una copia oficial de Esperando la carroza con una traducción oficial en chino. Les gustó mucho y la entendieron. La película se dio en el Consulado de Shangai. Me acuerdo que lo primero que me preguntaron fue acerca del mal trato a los ancianos en Argentina.
¿Hay algún personaje que te falte hacer y te gustaría interpretar?
Sí, hay muchos. No los voy a decir pero disfruto los papeles con matices. Donde la diferencia entre lo bueno y lo malo no está clara. Son lo más humanos.

Termina la función y llegan los aplausos, los abrazos y los elogios. "¡Qué bien estuviste! ¿Nos podemos sacar una foto?", escucha varias veces Mónica Villa. Cuando los espectadores abandonan la sala, agarra sus pertenencias y las apoya sobre una silla. Avisa que la está esperando su marido con la cena. "Él dice que no, pero la verdad es que es un buen cocinero", agrega con una sonrisa. La actriz es la protagonista absoluta de "Isabel de Guevara. La carta silenciada", un monólogo centrado en las vivencias de la mujer recordada por haber aceptado la oferta de la Corona para unirse a la colonización española de América.

 

-¿Cómo te llegó el guión de este unipersonal?

-Buscando papeles, me avisaron acerca de la posibilidad de interpretar a Isabel de Guevara en un monólogo de Alicia Muñoz. Desde siempre me sentí deslumbrada por la figura de Isabel, ya que años atrás había leído sus cartas. Siempre tuve la fantasía de poder hacer un espectáculo con este material. Al final, se me dio la chance y es hermoso, aunque el texto requiere de una concentración absoluta. Es difícil.

 

-¿Qué te inspira la figura de Isabel de Guevara?

-Sin lugar a dudas fue una mujer con un carácter impresionante, admirable. Que en el año 1500 hablase a favor de defender los derechos de las mujeres es algo verdaderamente increíble.

 

-En tiempos de empoderamiento y lucha por ampliar los derechos de la mujer, ¿considerás esta obra como un reflejo del feminismo?

-No uso la palabra feminismo. Creo que actualmente las mujeres estamos luchando por otros espacios. Feminismo era a principios del siglo XX, cuando las mujeres reclamaban derechos esenciales que se nos fueron dados. No obstante, creo que esta pieza y la figura de Isabel de Guevara son completamente contemporáneas y eternas.

 

 Villa en la piel de Isabel de Guevara

 

-¿Te sentís identificada con las feministas?
-Yo soy de otra generación. Nací con el voto femenino, la jornada de ocho horas, ya estaba todo conseguido. La actualidad nos ha dado otros motivos por los que luchar, como las escalas salariales de actores y actrices en un mismo rol protagónico. La diferencia es abismal y las actrices debemos hacernos oír.

 

-Al principio de esta entrevista calificaste el guión como "difícil". ¿Qué dificultades surgieron en la composición?

-La mayor dificultad es, sin lugar a dudas, pasar de un estado emocional a otro y que resulte creíble: de la visión de los indios a la de Juan de Osorio, pasando por Pedro de Mendoza. Un desafío. En los ensayos me tomaba mis tiempos para compenetrarme con el texto, y María Esther Fernández (directora de la puesta) me decía: "¡No!, tenés que hacerlo con más rapidez". Al principio creí que no iba a poder. Pero sí, se puede.

 

-"Isabel de Guevara. La carta silenciada" es una historia con un peso dramático notable. ¿Te sentís cómoda en este tipo de papeles o preferís la comedia?

-Naturalmente tengo un don para la comedia, así que cada vez que me llaman para un rol en drama me siento doblemente orgullosa. Puedo seguir siendo payasa, pero también una actriz dramática.

 

 La actriz interpretó a Susana en la inolvidable "Esperando la carroza"

 

-"Esperando la carroza" fue la película que te elevó al reconocimiento. ¿Costó salir del encasillamiento popular?

-Un montón. Después de haber sido Susana, me llamaban para hacer papeles de loca. Tuve que rechazarlos todos. Me querían hacer quedar como una gritona y no les iba a dar la posibilidad. Además, quería preservarme y construir una carrera.

 

-¿Te esperabas el éxito de la película?

-Uno nunca puede planear un éxito, ni Alejandro Doria se lo imaginaba. La respuesta fue tan buena que no puedo no sentirme orgullosa de haber formado parte de la película.

 

-En diversas entrevistas hablás de tu amor por el idioma chino. ¿Cómo nació ese interés?

 -Desde los 20 años me atrajo el idioma. En ese momento el Gobierno chino me dio una beca para ir con la Ópera de Pekín al país. Casualmente, corría 1976 y se desataba en Argentina la última dictadura militar, lo que me obligó a dejar de estudiar el idioma por el nivel de persecución de la época. Hace algunos años pasé por delante del cartel de un instituto que promocionaba el aprendizaje del chino. "Esta es mi revancha", pensé. Las vueltas de la vida hicieron que el año pasado fuese a dar clases de teatro a China. Hay cosas marcadas por el destino.

 

-¿Te sentiste más valorada en China?

-Allá me valoraron muchísimo como actriz. Acá tengo el cariño de la gente. La realidad es que en este momento tengo muy poco trabajo acá: doy clases de actuación y formo parte de este proyecto autogestionado. Los últimos diez años fueron críticos para los actores argentinos ya que los canales privados dejaron de producir ficciones. No me están llamando en este momento, así que recurro a autogestionar mis trabajos. Cuesta hacerlo redituable, pero tengo fe de que esto será pasajero y la Argentina saldrá adelante. 

 

-¿Tus alumnos chinos habían visto "Esperando la carroza"?

-La vieron, sí.

 

-¿La entendieron? Hay chistes que son muy argentinos.

-Te cuento: el presidente (Mauricio) Macri envió una copia oficial de "Esperando la carroza" traducida al chino. Les gustó mucho y la entendieron. La película se dio en el Consulado de Shangai. Recuerdo que lo primero que me preguntaron fue acerca del maltrato a los ancianos en la Argentina.

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