Espectáculos • ENTREVISTA

Un cine no convencional

El director y guionista Mariano Llinás habla sobre El Pampero, una de las productoras autogestionadas más importantes de la Argentina.

Rocío Wischñevsky @rochiwy // Jueves 06 de julio de 2017 | 17:54

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Llinás fundó El Pampero junto a Alejo Moguillansky, Agustín Mendilaharzu y Laura Citarella.

El Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) tiene a su cargo el fomento y la regulación de la actividad cinematográfica en todo el territorio argentino y el exterior. Para esto otorga créditos y subsidios a través de una evaluación previa de los proyectos. Sin embargo, hay quienes deciden no depender del dinero de ese ente y apuestan por la autogestión. Uno de los ejemplos más importantes es la productora El Pampero Cine.

 

El cine autogestionado es una tarea colectiva y, por lo tanto, la autoría técnica y artística de cada película es compartida. “Hay una posición que tiende a pensar que las cosas deben ser hechas de una cierta manera, y esa posición se llama profesionalismo. El profesionalismo y la industria gozan de tan buena prensa que a menudo son tomados como sinónimo del cine, afirma Mariano Llinás, director, guionista y uno de los fundadores de El Pampero junto a Alejo Moguillansky, Agustín Mendilaharzu y Laura Citarella. 

 

Ellos cuatro crean sus propios límites y disfrutan del proceso más que de la exposición final. Además, investigan nuevas formas de hacer cine tanto en lo que respecta a modelos de producción como narrativos ("Historias extraordinarias", una de las películas emblemáticas de la productora, dura más de cuatro horas). El principal beneficio de la autogestión está relacionado con “la libertad de no tener patrones y a la vez de no ser patrón de nadieEs la posibilidad de hacer y ver películas que en un cine hecho por productores nunca llegarían a existir”, explica el cineasta.

 

La financiación se da a través de medios alternativos, ya sea mediante el propio trabajo o con algún premio. Luego viene la búsqueda de salas, cuestión a resolver en el marco de la producción independiente. “Por nuestra parte, estamos trabajando en eso”, aclara Llinás. “A veces simplemente pueden hacerse películas con un grupo de personas entre las que los roles vayan mutando, e incluso puede prescindirse de algunos o de todos esos roles predeterminados”, agrega.

 

El esquema de semanas de rodaje es lo que vuelve cara una película. La obligación de tener a todo el mundo disponible durante un mes entero replica formas laborales que merecen una retribución acorde. Convierte a los que hacen la película en obreros”. A la hora de abaratar costos, Llinás especifica que hay que deshacerse de las formas que imitan los esquemas comerciales. “Si el esquema, en cambio, se acomoda a los tiempos de quienes lo llevan a cabo, la cuestión del dinero pasa a un segundo plano. Ahí aparecen palabras que parecen prohibidas a la hora de hablar de cómo hacer películas: el deseo, la alegría, las ganas de estar allí”.

 

Lo gratificante para este director es el proceso más que la proyección y la exposición de sus trabajos. Los Pampero disfrutan el momento de crear sin nadie que apure el final. “Un film tiene que sentirse cómodo proyectado en una pantalla e incómodo encerrado en una televisión, en una computadora o en un teléfono”, concluye Llinás.

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